A unas semanas de haber sufrido un ACV, Daniela Ballester empieza a poner en palabras una experiencia que la enfrentó con sus miedos más profundos. La periodista atraviesa el proceso de recuperación con la sensibilidad a flor de piel y una certeza que se volvió central: su hijo es su mayor motor de vida.
En medio de la internación, hubo una escena que la marcó especialmente y así lo recuerda en una íntima y emocionante entrevista con GENTE. Felipe, de seis años, llegó a verla con un osito, un ramo de flores y un cartel hecho a mano que decía “Te amo”. Ese gesto simple se transformó en un sostén emocional en días atravesados por la incertidumbre.
Más allá del impacto físico del episodio, lo que más la movilizó fue el miedo a no estar. La sola idea de que su hijo pudiera crecer sin ella apareció con fuerza en los momentos más difíciles. “No me quiero ir de esta vida”, recuerda haber pensado, atravesada por una angustia desconocida hasta entonces.

En ese contexto, su rol como mamá tomó otra dimensión. Incluso desde la clínica, eligió explicarle a Felipe lo que ocurría con naturalidad, sin alarmarlo, y sostener la cercanía. Porque si algo tuvo claro desde el primer momento es que, pase lo que pase, su vínculo con él no se pone en pausa: se sostiene, incluso en los momentos más difíciles.
La familia: el motor que sostuvo a Daniela en los días de incertidumbre
-¿Quiénes fueron tu contención esos días?
-Mi familia, mis hermanos, mi prima, mis amigos. Esto también me hizo ver que lo más importante, lo más necesario, son esas cinco o diez personas que se cuentan con una mano, en tiempos de redes sociales donde tenés millones de amigos. Es cierto que esos millones me saludaron y me acompañaron y me hicieron saber que estaban presentes, pero hay un momento que cuando todo apremia, los que están cerca son mamá, papá, los hermanos, y algunos pocos más, porque la vida real no son las redes sociales.
-Tu nene es muy chiquito todavía. ¿Cómo fue ese encuentro con él después del episodio?
-Yo todo decido explicárselo con mucha naturalidad, siempre lo hice así. No le di demasiados detalles. Creo que le dije: "A mamá le duele la panza, voy a estar unos días en este lugar". Él vino con un osito, con un ramo de flores y con un cartelito que decía "Te amo". Por suerte ese día que me fue a ver, yo me sentía bien y se acostó en la camita, miramos dibujitos. No se me hubiera ocurrido no verlo, no mostrarle esa situación. Hay gente que pone distancia a esas cosas, yo no. Él es parte esencial de mi vida y lo que sea que nos pase, nos pasa juntos y por suerte yo entiendo que él lo lleva de la mejor manera.

-¿Cómo fue estar separada de él por unos días?
-Le mostré todo con una sonrisa... y le dije: "En unos días volvemos. Yo vuelvo a casa". Él estaba empezando la escuela, así que estaba con los planes y la mochilita preparada. Le había dejado todo preparado, como toda mamá, que hacemos todo. Ya volvimos a casa y estamos felices. No me hizo ninguna pregunta compleja, no se lo expliqué en detalle porque todavía es muy chiquito para ciertas cosas médicas, y para entender la gravedad también. Pero lo importante es que estamos juntos y que ya pasó.
-Hablaste del miedo que sentiste cuando pensabas en la simple idea de llegar a faltarle a tu hijo, ¿qué se te venía a la mente?
-Hubo unos días en la clínica que la verdad la pasé bastante mal, sobre todo cuando pensaba en él... porque la idea de dejar a un hijo solo es desgarradora. Me daba miedo pensar en no estar para él. Me pasó algo que no me había pasado nunca y que era la sensación de: "No me quiero ir de esta vida, no quiero estar acá" (se quiebra). Eso lo sentí muy fuerte y es una sensación muy difícil. Es las ganas de quedarme aferrada a lo que tengo hoy, a la vida que tengo, tan linda. La verdad que soy una afortunada, soy una privilegiada y en un momento pensé que todo eso estaba en riesgo y me dio terror. Por eso ahora estoy tan feliz.
-Vos mostrás poco a tu hijo, ¿cómo es tu rol de mamá que no vemos en la diaria?
-Ser mamá es una lucha diaria. Soy una mamá que intenta ser mejor todos los días. ¡Te juro! Intento ser mejor, intento cocinarle más sano, cocinarle mejor, porque no me resulta cocinar mucho (risas). Yo cuento noticias, hago entrevistas, pero trato de cocinarle mejor, trato de jugar con él. Además, tuve una lucha muy larga para ser mamá durante muchos años. Entonces, tampoco es que lo tuve a los 20. Hago el ejercicio de compartir las cosas que le gustan, de tirarme al piso con él, de llevarlo a andar en bicicleta, todas esas cosas, porque lo que quiero es ser mejor mamá, porque a mí me hace bien también. Es de lo que más disfruto.
Fotos: Diego García
Estilismo y pelo: Ernie BA
Maquillaje: Nahuel
Looks: Garofalo
Accesorios: Miguelinas Accesorios
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