Luciana Martínez se sentó este viernes frente a Georgina Barbarossa en el living de A la Barbarossa (Telefe) para romper el silencio después de las horas más difíciles de su vida pública. Lo que empezó como una entrevista para “dar su versión” se convirtió en una escena de alto voltaje emocional: con la voz quebrada y los ojos rojos, la ex Gran Hermano aseguró que “estaba muy angustiada y triste” y que “sintió miedo todo el tiempo” desde la noche del episodio que derivó en su detención. “No soy viuda negra”, remarcó, antes de narrar, paso a paso, cómo —según su relato— se desencadenaron los hechos.
La ex participante del reality reconstruyó que aquella salida comenzó en un bar de Palermo, siguió en otro boliche y terminó en el hotel del turista estadounidense que más tarde la denunciaría por hurto. Aclaró que nadie la obligó a ir —“nadie me llevó a la fuerza”—, pero dijo que apenas pisó la habitación se sintió incómoda: “Pidió más bebidas, brindamos y él mostró que tenía drogas; yo no consumo, era tusi y cocaína; él sí consumió”. Tras unos minutos, contó que se encerró en el baño; allí, el hombre entró, intentó avanzar, y al descubrir que ella es una mujer trans “cambió la actitud”, se puso “violento” y, siempre según su testimonio, la agarró de los brazos y del pelo. “Le grité a mi amigo que me quería ir”, recordó entre lágrimas.
El momento del quiebre al aire llegó cuando volvió a describir la escena de encierro: “Me cambié, pero no me dejaba ir… Sentí miedo todo el tiempo”. En el relato que ofreció en Telefe, aseguró que la situación escaló a una pelea con su acompañante, y que la única forma de desactivar la tensión fue pedirle a su amigo que se fuera para calmar al turista: “Si él se quedaba, la guerra iba a seguir”. Luego, insistió en que no hubo robo y que recién más tarde se enteró de que su representante se había llevado un bolso con pertenencias del denunciante.
El testimonio televisivo de Luciana se dio tras su excarcelación. Tanto ella como su mánager recuperaron la libertad esta semana y, en paralelo, la Justicia dispuso profundizar medidas sobre el denunciante —identificado como Bradley Cameron Varela— ante la hipótesis de un abuso, mientras el expediente por presunto hurto sigue en trámite. En ese sentido, la ex GH repitió que fue víctima de violencia y negó de plano haber drogado al turista.
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La conversación con Barbarossa también dejó frases que ayudan a comprender el desborde emocional. “Soy bastante dada y capaz eso tengo que mejorar”, deslizó al repasar la secuencia de esa noche y la barrera idiomática —“ni yo ni mi amigo hablamos inglés”— que, según dijo, dificultó entender el ritmo de los hechos. A la vez, admitió que estaba alcoholizada y que por eso le costó “reaccionar”. “Había algo que no me cerraba”, repitió como mantra, antes de volver a llorar.
El contexto judicial y mediático explica, en parte, por qué su llanto impactó. Días atrás, su abogado había contado que “los dos lloraron en la indagatoria” y que la primera noche detenida fue durísima. También circularon detalles del expediente: el ingreso al hotel, el registro de DNI, los objetos denunciados como faltantes y el cambio de carátula inicial, un rompecabezas que mantiene en vilo a los seguidores de la ex jugadora. Mientras tanto, la biografía de Luciana —bailarina, santacruceña, referente trans tras su paso por GH— volvió a asomar en el radar para contextualizar el caso y el peso de la exposición.
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