Guido Icardi, el hermano de Mauro, quedó en el medio de un escándalo mediático. Horas después de sus entrevistas televisivas, el tatuador subió a sus historias una serie de fotos que funcionaron como epílogo del día y, a la vez, como una toma de posición frente al presente de su familia. En la primera imagen, tomada en un living luminoso, él aparece con remera roja deportiva y tatuajes a la vista, sentado en un sillón de cuero. A su alrededor, Wanda Nara y sus hijas, Francesca e Isabella, posan cerca suyo en clima de confianza doméstica. Sobre la mesa baja se adivina una ronda que alterna mate y vasos; al fondo, una biblioteca y detalles de diseño dan marco de calidez. Debajo, una leyenda breve y contundente: “Conociendo a mi familia” y un corazón rojo.

La segunda postal amplía la escena y la carga simbólica. En una toma más abierta, con la cocina-comedor de fondo y una mesa de mármol al frente con vasos apoyados, se ve a Guido en primer plano y, alrededor, a Wanda Nara, Maxi López, Martín Migueles y Nora Colosimo. La imagen, que también circuló en las cuentas de los protagonistas, cristaliza un presente familiar peculiar: el exmarido de Wanda y el actual compañero de la empresaria compartiendo la misma mesa, la madre de Wanda a su lado y el hermano de Mauro en el centro del cuadro. No es una foto más: es un mensaje. Y llega, además, apenas unas horas después de que Guido pronunciara una de las frases que sintetizan su mirada sobre su hermano y la interna mediática: “Wanda no lo cambió”, dijo al argumentar que la personalidad de Mauro “siempre fue así” y que la fama lo mostró tal cual es.

La secuencia de imágenes dialoga con lo que Guido contó durante el día sobre su historia familiar. En Intrusos habló de distancia y silencios, dijo que “nunca fuimos una familia unida” y que el vínculo con Mauro fue mínimo durante años; incluso reveló que lo invitó a su casamiento y que todavía no tuvo respuesta. Ese retrato de desencuentros sostenidos encuentra en la nueva foto un gesto de reparación: el encuentro con sus sobrinas en la casa de su madre y la convivencia amistosa con quienes hoy orbitan el universo íntimo de Wanda.
La frase “Conociendo a mi familia” con la que acompañó la primera postal tiene también una dimensión factual: en la entrevista Guido explicó que, por su vida entre Rosario y España, no había tenido la oportunidad de conocer a Francesca e Isabella, algo que cambió este miércoles con su visita a Buenos Aires. El propio posteo y su replicación en redes terminaron de confirmar la escena y el mensaje.
Durante la ronda mediática, Guido combinó críticas y defensas. Llamó a Mauro “un salame” por poner en riesgo un matrimonio “de diez años” en el origen del Wandagate, pero a la vez aseguró que no cree que su hermano sea violento con Wanda y que “nunca lo vio tan enamorado” como de ella. En paralelo, bajó el tono épico sobre la influencia de su excuñada: insistió en que Wanda “no lo cambió” y que el carácter de Mauro —“personalidad fuerte, necesidad de que todo sea a su modo”— ya estaba ahí. Las fotos nocturnas con Wanda, Maxi, Migueles y Nora funcionan entonces como respuesta visual a ese testimonio: lejos de tomar bandos, él se muestra integrado al entorno actual de su familia política y afectiva.
En un punto, la mesa compartida resume una década de trama pública: Maxi López, el ex de Wanda y padre de sus tres hijos mayores; Martín Migueles, el presente sentimental de la empresaria; Nora Colosimo, la madre que suele oficiar de puente; y Guido, el hermano que, tras años de silencio, decidió hablar y luego mostrar. La presencia de todos en el mismo plano, con el eco fresco de sus declaraciones en TV, resignifica esa leyenda inicial. Ya no es solo “conocer” a su familia: es reconocer un mapa real —y complejo— en el que conviven ex, actuales, abuelos y tíos alrededor de las nenas.



