Así es el refugio creativo de Emanero: un viaje exclusivo al interior del estudio de grabación en el que nacen sus hits – GENTE Online
 

Así es el refugio creativo de Emanero: un viaje exclusivo al interior del estudio de grabación en el que nacen sus hits

GENTE recorre cada rincón del espacio íntimo de Palermo en el que se gesta y desarrolla la música del argentino: desde la pared con sus discos de platino y el misterio de los trajes negros de sus videoclips y conciertos, hasta la consola en la que grabó con Abel Pintos y La K'onga.
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"¡Hola mis amigos de GENTE! ¿Cómo están? Soy Emanero y los voy a invitar a conocer un poquitito de mi estudio y mi lugar de trabajo", anuncia el músico posando su ojos verdes en el lente. Luego, con un ademán de su mano, nos invita a adentrarnos.

Entrar al estudio de un artista es, de alguna manera, entrar a su cabeza. Y esta invitación exclusiva nos llega en un punto de inflexión absoluto para él. Federico Giannoni, el hombre de los trajes negros que viene de marcar a fuego la escena con hitazos como Bandido y Atorrante, ahora, con la adrenalina de haber lanzado su nuevo disco Todo por un beso hace tan solo días, nos regala un pase libre al lugar exacto en el que su trabajo termina convirtiéndose en las canciones que cantamos todos.

Sus trofeos musicales

El primer paso hacia el corazón de su búnker nos topa de frente con su propia historia reciente. Las paredes de la escalinata y del pasillo funcionan como una vitrina de premios y recuerdos que, lejos de cualquier divismo, él repasa con la sencillez de un laburante de la música.

"A mis cuadros no les presto mucha atención, pero me parece lindo que estén porque dicen 'agotado'. Es que a mí me sigue emocionando cada vez que me avisan que uno de mis shows está sold out", comparte el artista que este año brindará una gira internacional que recorrerá países de Latinoamérica y Europa.
Karina, J Mena, Ángela Torres, BM, Onda Sabanera, Mario Luis, Rusherking y Mario López acompañan a Emanero en los marcos del rellano de la escalera del estudio.

"Acá tengo mi primer disco de oro con Bandido", relata mientras señala esa placa fundacional que selló junto a FMK, Estani y Rusherking.

A pocos centímetros, el brillo se multiplica. "Y acá el segundo, que este es Platino y fue por Atorrante", detalla sobre la cumbia que lo reunió con Ulises Bueno, Migrantes y Los Palmeras.

De espaldas a uno de sus reconocimientos y casi sin pensarlo, nos revela un secreto poco conocido de la industria: "Cuando un disco llega a ser platino, doble platino y oro, ellos te avisan y vos, si querés, pagás y ellos te hacen el cuadro. No es que te lo dan solo por haber alcanzado el hito".

Luego, con el tono pausado que lo caracteriza, completa el inventario del impacto que generó en la industria: "Adicto y Bandido son de oro, y Sin Vergüenza es cuádruple platino: es el que más tiene".

El misterio de los trajes idénticos

Esa misma simpleza con la que asimila el éxito se traslada a su imagen. El misterio detrás de sus looks se resuelve unos pasos más adelante, cuando abre las puertas de un vestidor con prendas de colores y varios trajes negros. ¿Cuántos son? "Unos diez o quince... aunque en realidad es uno solo el que uso, pero se va poniendo viejo y vamos reponiéndolo comprando otro, y otro, y otro, y se van sumando", confiesa revelando un secreto inesperado.

Con un outfit en tonos arena y accesorios dorados, Emanero nos abrió las puertas de su guardarropas laboral.

Además, comparte que su vestimenta no la deja en manos de otras personas. "Yo elijo bastante lo que me pongo porque prefiero vestirme simple. No me gusta demasiada parafernalia... Con ropa arregladita estoy feliz", admite.

Eso sí, si algo le atrae, no tiene problema en aumentar el presupuesto: "Si me gusta algo, me lo compro, sea o no de marca. Incluso tengo cosas de Shein, aparte de ropa que compro cuando viajo, mucha que me han mandado...".

Un "pequeño" souvenir

Repleto de firmas y con un gran beso en el centro: así es el "espacio intervenido" de Todo por un beso.

"Este banner está acá hace muy poquito. Es de una acción que hicimos en la que le preguntamos a la gente qué haría por un beso de alguien. Y mucha se fue para lo familiar, para lo emotivo, para un hijo que se encuentra lejos, para un padre, para un abuelo que ya no está. Y yo me sumé a eso también, pero ahora blanqueé que la canción tiene más que ver con el amor", nos cuenta mientras mira las dedicatorias.

La joya analógica

A medida que avanzamos por los pasillos, la acústica del lugar empieza a hacerse notar, pero antes de meternos de lleno entre consolas y auriculares, una joya analógica nos frena en seco: un piano clásico.

"Es mío. Lo traje porque me mudé a un departamento en el que no entra. Así que hasta la próxima mudanza permanecerá acá, que es un lugar colmado de música", comparte. Ese mueble de madera encierra un valor afectivo innegable y es un cable a tierra en medio de tanto furor digital. Además, encima del teclado, la memoria emotiva hace de las suyas con un cuadro que atesora sus noches colmadas en el Movistar Arena del año pasado.

Delante de su piano de madera -"lo compré usado"- y de una singular lámpara con forma de micrófono.

"Éste es el estudio donde hago mis canciones"

... anuncia invitándonos a pasar a una sala inmensa con luces cálidas y verdes. A la izquierda, está su sillón verde (¡enorme!) y a la derecha se encuentran las consolas, el micrófono, las auriculares y todas las herramientas que necesita para sorprender al público.

"Ahora ven todo apagado porque recién llego, pero es mi lugar de creación", relata sentándose en la silla en la que trabaja cuando nadie lo ve.

"Llegué a este estudio hace menos de un año. Antes era de Estani. Yo solo traje mi compu, mis guitarras, mis parlantes, mis teclados y mis chiches... pero el resto ya estaba", nos cuenta quien pasa tres o cuatro días por semana entre sus paredes acústicas.
En sus manos, sus auriculares favoritos: negros, livianos y prácticos.

En ese mismo rincón, donde también descansan algunas guitarras, un pequeño teclado y dos tambores, se cocinaron feats que hoy suenan en todos lados. "Acá grabamos Adicto, con Antonio Ríos y La K'onga, y también Fama de diabla, con Pablo Tamagnini ", recuerda con orgullo. Y ojo, que no es un museo, sino una usina totalmente activa: "El último disco y todos los temas que saqué este año los hice acá. Borracho y loco, con Abel Pintos, también".

Obviamente, como en todo refugio creativo donde se pasan horas eternas de encierro, también hay margen para desenchufarse. No lo dice él, pero cuando descubrimos su heladerita y una consola blanca al pie de su enorme televisor, Emanero, sonriendo de costado, cuenta: "Me traje una Nintendo para jugar si tengo ganas; la tele también está para cuando necesito ver algún videoclip o alguna cosa".

"Por lo general acá sólo recibo músicos. Al estudio no vienen muchos amigos", asegura.

"Bueno, esto fue un poquitito de mi espacio", se despide sabiendo que el día de trabajo recién comienza. GENTE partirá y él prenderá la consola: una vez más, es hora de crear.

Fotos: Chris Beliera
Video: Ramiro Palais

Retoque digital: Darío Alvarellos
Agradecemos a Valeria Osacar
y Florencia Arévalo



 
 

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