Aplaudía. León Gieco aplaudía lento, muy lento -recordamos cómo iniciaba aquella nota registrada durante la primavera del nuevo milenio.
-La Antártida, la Antártida... -repetía él, y su intransigente silencio posterior se perdía en el ruido del motor del Hércules C-130 que carreteaba, intentando frenar sobre la pista de asfalto cubierta por hielo y nieve -continuaba describiendo la cuenta regresiva de un momento sublime en la vida del legendario músico argentino.
"PARA VENIR HASTA ACÁ, EXIGIÓ UNA SOLA COSA A CAMBIO: NO COBRAR UN BESO"

"Trabajo con él hace dos décadas -apuntaba entonces, desde la misma cabina Pity Ynurrigarro (50, dueño de la productora Abraxas) al oído del periodista de GENTE, porque León, hipnotizado, aún no lograba emitir otras palabras-... Desde esa época él soñaba con cantar acá. Moría de de ganas. Costó, pero al fin lo conseguimos", apuntaba sin vanaglonarse por su gestión, que lo asoció a Presidencia de la Nación, para que el santafesino pudiera cerrar el ciclo Argentina en Vivo (16 recitales gratuitos, 350 mil espectadores).
"Como Pity no lo contará, yo me voy a encargar de que lo sepan -se sumaba, cercano, Alejandro Gómez, 31, director de la Secretaría de Cultura-. Nosotros le ofrecimos a Gieco cerrar en Ushuaia, y el señor Ynurrigarro nos tentó con una idea: ‘¿Y por qué no en la Antártida?’ Tras concertar el acuerdo, León exigió una sola cosa a cambio: no cobrar un peso", seguía sorprendiéndose Gómez, estirando la frase para que, claro, el mismísimo Raúl Alberto Gieco (48, casado, dos hijas, vecino porteño) lograra recuperarse de la emoción. Sin embargo, las palabras del santafesino llegarán al día siguiente, dentro de la Base Marambio, con una taza de té caliente entre sus manos.
"DESDE LA ÉPOCA DE DE USHUAIA A LA QUIACA ÉL SOÑABA CON CANTAR ACÁ"

-Fuerte. Estar en suelo antártico es fuerte -definía sensaciones el artista, precisamente en la jornada posterior-. Conozco cada provincia de mi patria, sus lugares emblemáticos. No obstante, me faltaba esto. Quise venir ya cuando empezamos a armar la colección De Ushuaia a La Quiaca, allá entre 1980 y 1982. Ocurre que durante aquellos tiempos la Antártida no era territorio argentino, sino territorio militar. Ahora, que se dio, por suerte es territorio argentino accesible. Lo que no me imaginaba era lo que vi y sigo viendo.
Por un lado, el paisaje, imponente, desde lo alto. “Algo indescriptible" que Gieco imaginaba "más plano y blanco, menos montañoso e impresionante". Recordamos que le llamaba la atención no lograr calcular el volumen de los glaciares, también su peculiar color celeste. Por el otro, la vida a 4.800 kilómetros de Buenos Aires: "Un mundo sin billetes, armas ni llaves”, definía.
Hablamos de diez edificaciones, entre las que sobresalía la más amplia, que servía de alojamiento e incluía las salas de juego (con ping-pong, metegol y DirecTV) y de conferencias; veinte dormitorios con dos camas marineras, teléfonos públicos de tarifa reducida) y un comedor de 40 metros a alto, 22 de ancho y 3,5 de alto.
El puntilloso último detalle tiene explicación: en su interior Gieco ofrecería sus dos presentaciones para 74 almas. ¿Dos? La que se transmitió via Argentina Televisora Color y -por primera vez desde la Antártida- a través de Internet (desde el sitio www.terra.com.ar) y otra íntima e inolvidable -pasada la medianoche y posterior a los locros, los vinos blanco y tinto y los postres caseros recién elaborados- que más abajo repasaremos fotográficamente.
"¡DESCUBRÍ LA SÉPTIMA MARAVILLA ARGENTINA QUE ME FALTABA...!"

-Fuerte -repetía al término de la velada Gieco camino al cuarto, al tiempo que le entregaba en guarda al coordinador de prensa Francisco Cerdán la camiseta número 10 del equipo local (los partidos de fútbol 5 aquí se armaban en el hangar, después de sacar los aviones al aire libre) que le acaban de obsequiar, y volvía a su look de remera negra.
-A la calidez del show (que se contraponía con los -46,2° bajo cero del exterior) se sumó luego un hecho hermoso -continuaba el caballero nacido en la comuna de Cañada Rosquín, departamento de San Martín-: que los familiares de quienes residían 12 meses en Marambio los llamaran por celular, y ellos me pasaban la comunicación. Qué linda experiencia, de punta a punta. Porque, porque...
-Anímese: ¿Por qué, Gieco?
-Porque además, ¡descubrí la séptima maravilla argentina que me faltaba!: el Glaciar Perito Moreno, las Cataratas del Iguazú, el Pucará de Tilcara, el Río Paraná, Mendoza, la Capital Federal y, ahora, el Continente Blanco” -explicaba mientras devolvía el equipo naranja atérmico, antes de ir a descansar, amanecer y volver a subir los peldaños del avión Hércules, ahora para volver a Buenos Aires.
-¿Sueño cumplido entonces, León? -le lanzamos la última pregunta.
-Sueño cumplido.
LAS POSTALES DE UN VIAJE HISTÓRICO: LEÓN GIECO EN LA ANTÁRTIDA ARGENTINA



































Fotos: Archivo Grupo Atlántida ([email protected])
Escaneo y arte: Gustavo Ramírez
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Agradecemos a Francisco Cerdán


