Tras salir de Gran Hermano, Jenny Mavinga relata el calvario que vivió durante 5 años: "Sufrí violencia de todo tipo" – GENTE Online
 

Tras salir de Gran Hermano, Jenny Mavinga relata el calvario que vivió durante 5 años: "Sufrí violencia de todo tipo"

La reciente eliminada del reality abre su corazón en una íntima entrevista con GENTE y cuenta detalles de una infancia marcada por las pérdidas y el miedo.

Hay historias que no empiezan con sueños, sino con pérdidas. La de Jenny Mavinga está atravesada por una infancia que la obligó a crecer demasiado rápido en un entorno donde el miedo y la incertidumbre eran parte de lo cotidiano. La muerte de su madre, cuando apenas ella tenía 4 años, marcó un quiebre irreparable y la dejó expuesta a una realidad dura, lejos de cualquier contención emocional.

Con el paso del tiempo, ese dolor se profundizó en un contexto de violencia y maltrato. En una charla a corazón abierto con GENTE, la exparticipante de Gran Hermano recuerda esa etapa como una de las más oscuras de su vida: su tía, la hermana de su madre, la secuestró en una aldea en la que estuvo encerrada al menos cinco años y la hizo atravesar situaciones que la hicieron sentir desprotegida, vulnerada y en constante estado de alerta.

Aunque pasó mucho tiempo desde entonces, Jenny admite que no logró perdonar y que esos recuerdos siguen presentes como heridas abiertas que el tiempo no terminó de cerrar. Sin embargo, también fue ese pasado el que la empujó a buscar una salida, a reconstruirse lejos de ese entorno y a encontrar en Argentina un nuevo hogar donde empezar de nuevo.

Mavinga durante su producción con GENTE.

Ya instalada en el país, formó su propia familia y encontró en sus hijas un motor para seguir adelante. Pero el pasado nunca se fue del todo. Su historia volvió a tomar visibilidad tras su paso por Gran Hermano, donde decidió dar un paso al costado en medio de un clima de tensión. La decisión estuvo atravesada por el temor a que los conflictos dentro de la casa, especialmente las acusaciones en su contra sobre supuestos comportamientos violentos, pudieran afectar a sus hijas.

Hoy, su voz se alza con una mezcla de dolor y fortaleza. Jenny no sólo pone en palabras lo que vivió, sino que también deja en evidencia que, aunque logró construir una nueva vida, hay miedos que aún la acompañan y cicatrices que siguen formando parte de su historia.

-¿Por qué la palabra violencia tuvo tanto peso para que decidieras renunciar al programa?

-Para mí esa palabra significa revivir todo lo que me pasó en mi infancia, que fue horrible. Tuve una infancia muy fea. Entonces cuando me llamaron violenta, me hizo acordar a todo eso que viví. A mí me secuestraron cuando tenía 7 años, me maltrataron durante cinco años hasta que mi papá me rescató. Sufrí violencia de todo tipo, física, psicológica y emocional.

-En el programa contaste que perdiste a tu mamá cuando eras muy chica. ¿Cómo fue crecer sin ella?

-Lo más difícil de mi vida fue crecer sin mi mamá, no tener a quien llamar mamá. A mí me robaron esa oportunidad cuando tenía tan sólo 4 años. Es un vacío que me acompaña hasta el día de hoy que tengo 38. Y es algo algo que no voy a poder superar nunca, nunca. La muerte de mi mamá me cambió mi vida realmente y me cambió todo. Nunca sabré lo que se siente tener la compañía de una mamá, tener ese abrazo, o sentarme a contarle algo. Eso no lo pude vivir y me sigue doliendo hasta hoy en día.

-¿Recordás algo de tu mamá?

-Tengo solamente uno o dos recuerdos. Un día le dije que tenía piojos (risas) y y me dijo que ella los buscaba. Era de noche, me abrazó y comenzamos a hablar. Y después, el día de su funeral, es un momento que nunca podré olvidar. Yo siendo muy chiquita la miraba en ese cajón y pensaba que se iba a despertar en cualquier momento y le decía: "Hace mucho que estás dormida, tenés que despertar". Y toda la gente lloraba. Por la edad que tenía no podía dimensionar lo que estaba pasando.

“Fue duro no tener a quien llamar mamá”, asegura Jenny sobre la dolorosa ausencia que atraviesa desde los 4 años.

-¿En qué sentís que te parecés a ella?

-Soy 100% mi mamá. Soy idéntica a ella. En 2010 fui en Congo a visitar a mi familia y cuando llegué fui a donde trabajaba mi mamá, que era vendedora en un mercado. Entonces una señora me vio y empezó a llorar, resulta que era la mejor amiga de mi madre. Me dijo: "Sos igual a ella". Y eso me llenó de alegría, de orgullo y me impactó mucho. Si el día de mañana me tocara nacer de nuevo, siempre voy a elegir nacer de ella. Aunque no tuve el tiempo para crecer a su lado, es una persona que siempre amaré y tendré presente.

-¿Sos hija única?

-No, somos varios hermanos. Tengo uno que está en África y otra que está acá en Argentina. Cada tanto hablamos.

El día que su tía la secuestró y la llevó a trabajar en una aldea oculta por años

-Después de la pérdida de tu mamá, ¿cómo siguió tu vida en Congo?

-Viví una pesadilla. Mi tía, la hermana de mi mamá, me fue a buscar engañada y me secuestró cuando yo tenía 7 años. Recuerdo que la vi y me puse contenta porque era mi familia, y me llevó diciéndome mentiras, que iba a conocer a mi abuela materna. Pero resulta que me llevó a una aldea y no me dejó ir más.

-¿Qué cosas viviste vos en esa aldea?

-Ahí viví mi infierno. Ella tenía un campo donde me ponía a trabajar a esa edad. Aún en mis piernas tengo cicatrices; cada cicatriz en mi pierna es un golpe. Yo no sabía como trabajar en la tierra, porque nací en la capital de mi país, no vivía en el campo y además era muy chica aún. Pero ella me daba un machete para cortar el pasto o lo que sea. Siempre me lastimaba, más los golpes que ella me daba. Yo tenía 7 años, pero ella me daba para cargar 30 kilos. Y si no podía llevar ese peso, terminaba maltratándome.

Hoy Jenny sonríe porque vive un gran momento, pero no siempre fue así.

-¿Cuánto tiempo estuviste en ese lugar?

-Unos cinco años aproximadamente. No tenía forma de comunicarme ni pedir auxilio, porque en esa época no existían los celulares, y menos en una aldea. Hasta que llegó un momento que realmente perdí la esperanza, y sólo pensaba que algún día iba a crecer y nadie más me iba a golpear, esa era la frase que me decía en la mente todo el tiempo.

-¿En qué sentido perdiste la esperanza?

-En un momento normalicé todo lo que ocurría, pensé que era su forma de educarme, que ella simplemente era así. Pero cuando fueron pasando los años dije: "No, esto está mal. Yo tengo a mi papá, yo tengo familia, ¿por qué estoy sufriendo? ¿Por qué dejo que me haga todo eso?". Entonces, ahí empecé a buscar la forma de escaparme de ella. Mientras tanto, trataba de demostrarle que yo era buena chica, que yo la quería mucho, más allá de todo lo que me decía y me hacía. De hecho le llegué a decir mamá, porque era la hermana de mi mamá, y me faltaba esa compañía. Nunca pensé que me podría hacer sufrir tanto.

-También te dejaba sin comer, ¿cierto?

-Si, llegué a pasar hasta tres días sin comer. El tercer día ya no podía ni caminar, me agarraba frío en el cuerpo, porque ella me tiraba agua, me golpeaba, era horrible. Sino, me daba comida con hormigas, en mal estado, como las sobras de otros. Una vez me hizo cocinar algo y no me salió bien, es un plato similar a la polenta. Ella me puso la olla caliente en la cabeza. Tuve que ir al colegio así, todos mis compañeros se burlaron de mí.

-¿Cómo lograste salir de ese lugar?

-Pasó mucho tiempo. Ya yo tenía 12 años. En ese momento, como te decía, yo ya había normalizado esa vida y perdido mis esperanzas. Sólo esperaba que cuando fuera adulta me casaran, porque allá es como los gitanos, y entonces al menos la persona que sería mi esposo no me iba a maltratar. Hasta que un día dije: "Hasta acá llegué". Y busqué a una señora que tenía un restaurante en el pueblo, le conté quién era mi papá, porque lo conocían y ella lo encontró y le dijo que yo estaba ahí.

Mavinga aseguró que aún no pudo perdonar a su tía, a quien responsabiliza por haberle “robado la niñez” y someterla a situaciones extremas.

-¿Recordás cómo fue ese momento que te reencontraste con tu papá?

-Fue como un sueño. No podía creer que era mi papá. De hecho cuando él me decía: "Subí al auto", yo lo miraba todo el tiempo y lo abrazaba. Le pedía el chófer de mi papá y a la señora que estaba al lado, que era la mujer de mi papá ese momento, que me pellizquen para saber que no era sueño, que era real. Recuerdo que el viaje duró como un día y medio para llegar hasta capital, donde vivíamos.

-¿Cómo siguió tu vida después de estar en cautiverio?

-Salí de ese lugar como un militar entrenado. Lo único que jamás quería en mi vida es que alguien me maltrate, y sólo pedía tener un techo, para mí no había mayor problema.

El deseo de Mavinga de volver algún día a Congo y lograr sanar

-¿Pudiste perdonar a tu tía?

-No la puedo perdonar. La intenté perdonar, pero no pude. Solamente le dije que la perdonaba si ella me decía por qué me dijo todo eso, porque me arruinó así la vida si yo era una niña, que la quería. Hice todo lo que me pedía para que se sintiera orgullosa, buscaba agradarle porque la sentía como mi mamá, pero ella me robó mi niñez, aunque yo no le hice nada malo.

-Sos una mujer muy fuerte y lograste levantarte después de todo eso que viviste. ¿Si la tuvieras ahora al frente qué le dirías?

-Le diría que solamente Dios sabe el futuro de una persona, que ojalá en su próxima vida, no agarre hijos de sus parientes para robarles su niñez, como si fueran sus hijos propios. Sólo eso le diría.

La mediática recordó el emotivo reencuentro con su padre, quien logró rescatarla tras años sin saber dónde estaba.

-Más allá de lo que sufriste, cuando te pregunto por Congo, ¿tenés también recuerdos lindos de ese lugar?

-Sí, tengo recuerdos lindos. No deja de ser el lugar donde nací, fui a la escuela y dejé amigos. Tuve muchas personas que también me ayudaron, que fueron buenos conmigo. Hoy en día soy peluquera gracias a la gente de mi barrio, porque cuando empecé a poner extensiones o haciendo trenzas, las hacía por nada, a cambio de un pan. Todos me dejaban hacerles el pelo. Algún día me gustaría volver y volver a recorrer mi barrio, donde crecí.

-¿Tus hijas ya conocen Congo?

-No, por ahora no las he podido llevar, pero espero cuando estén más grandes poder ir con ellas y mostrarles mi historia.

Su nueva vida en Argentina y el especial vínculo con sus hijas

La historia de Jenny con la Argentina comenzó, como tantas otras, atravesada por el amor. Fue una relación la que la llevó a cruzar fronteras y apostar por una vida completamente nueva. “Creí en el amor y vine por amor”, cuenta Mavinga recordando ese primer impulso que la trajo al país y que, con el tiempo, se transformó en una decisión de vida. De ese vínculo amoroso nacieron sus dos hijas, que hoy tienen 11 y 14 años.

Con el paso de los meses, su arraigo por esta tierra se volvió mucho más profundo. “Tengo 23 años acá y de verdad que yo me considero una argentina más”, asegura, dejando en claro que su identidad también se construyó en este territorio. Lejos de sentirse extranjera, encontró un lugar donde integrarse y proyectarse, más allá de cualquier dificultad inicial.

En ese camino, hubo un factor determinante: la forma en que fue recibida. “Yo amo a los argentinos”, dice sin dudar, y profundiza sobre lo que más la cautivó: “Son muy sociales, muy serviciales, como que no te van a dejar tirada en la calle”. Para Mavinga, esa actitud solidaria no es un detalle menor, sino una característica que define la esencia del país.

Mavinga destacada el cariño por el país que la recibió, donde construyó una nueva vida hace más de dos décadas.

-¿Cómo ha sido criar a tus hijas en otro país y con otra cultura?

-Ha sido lo mejor que me pudo pasar. Hay mujeres que son mamá por accidente y hay mujer que nacieron para ser mamá, yo soy de esas últimas. Siempre tuve el sueño de ser mamá. Mis hijas son mi vida, son mi todo. Cuando me separé, ellas fueron el motor para no decaer, me dieron fuerzas para seguir adelante con dos nenas chiquitas. En un momento pensé que no podía seguir porque no tenía a nadie, pero gracias a la fuerza que me dieron ellas pude levantarme.

-Como contaste, no pudiste crecer con tu mamá, ¿qué miedo te acompaña ahora cumpliendo tu ese rol?

-Soy una mamá muy sobreprotectora. Es algo más fuerte que yo, creo que tiene que ver con todo esto que viví. A veces mis hijas me dicen: "Mamá, tengo que tomar el micro", y yo les digo que no, que yo las llevo. Hasta hace poco no quería que tuvieran celular tampoco. O cuando se juntan con amigos para ir a dormir, pijamada, me cuesta. Soy muy perseguida, muy desconfiada, las cuido mucho.

-Es lógico, por todo lo que viviste.

-Sí. Y esa misma desconfianza la tengo con quienes se acercan a mí. Cuando conocí a Damián, mi esposo, él me dijo: "Dejate querer".

-¿Y qué encontraste en él que te hizo confiar de nuevo?

-Cuando nos conocimos yo tenía el autoestima muy por el piso. Lo primero que yo le pregunté era si yo era tan fea, y me dijo que por qué decía eso, que si estaba loca. Después me dijo que hiciera lo que me hiciera sentir bien, que fuera yo misma. Y desde ese primer momento siempre me dice: "Quiero que saques eso que tenés ahí adentro, esa Mavinga que está escondida, dejala salir. Quiero que seas vos misma". Me repite: "Quiero que conmigo no tengas miedos de mostrarme lo que sos". Entonces fue la primera persona con la que pude ser realmente yo. Él me acepta con todo mi mis errores, con todas mis virtudes. Sabe que soy una terca, pero me acepta igual y no me critica.

Su renuncia de "Gran Hermano" y la mirada puesta en su futuro

-Cuando renunciaste de Gran Hermano, contaste que lo hacías por tus hijas, por miedo a que las críticas hacía vos le afectarán a ellas.

-Sí. Me daba miedo que en el colegio les digan algo, que le hagan bullying por mi culpa, o que se le acerquen a decir cosas sobre mí. No quería que mis hijas pasaran un mal momento. Porque que me digan o hagan cosas a mí, eso puedo aceptar cualquier cosa, porque viví cosas mucho peores, pero por mis hijas soy capaz de abandonar cualquier cosa, para cuidarlas.

Sus hijas, hoy de 11 y 14 años, son su principal motor y el motivo por el que decidió abandonar Gran Hermano: "Quería protegerlas".

-Ahora que ya saliste y estás con ellas, ¿qué te dijeron?

-Me dijeron que solo vieron algunas partes del programa, que nadie les dijo nada malo, ni nada raro. Estaban contentas por mi participación y me preguntaron por qué me había ido, y cuando supieron el motivo, me respondieron: "Mamá, acá no pasó nada". Pero bueno, al no saber lo que estaba pasando afuera, me jugo en contra la mente.

-¿Cómo sigue tu vida después de Gran Hermano?

-Tengo una peluquería en La Plata que se llama Afroersis. Poco a poco voy agarrando el ritmo para volver a mi local, donde ofrecemos todo tipo de servicios de extensiones, trenzas, pelucas, todo.

-¿Y el mundo de los medios te está gustando?

-Si, mucho. La verdad me gustaría hacer streaming o panelista de chimentos, me encantaría también trabajar como modelo.

Fotos: Ramiro Palais.
Maquillaje: Nahuel.
Pelo: Ernie BA.
Looks: @houseofwyn.oficia
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