Los cactus se ganaron un lugar privilegiado en la decoración del hogar por su estética minimalista y su fama de “plantas fáciles”. Pero esa resistencia muchas veces lleva a descuidos. Aunque requieren menos atención que otras especies, el principal enemigo del cactus no es la sequía, sino el exceso de agua.
Originarios de zonas áridas, los cactus están preparados para almacenar agua en sus tejidos y sobrevivir largos períodos sin riego. Por eso, cuando se los riega con demasiada frecuencia, las raíces no alcanzan a absorber la humedad acumulada y comienzan a deteriorarse. La pudrición radicular es una de las causas más comunes de muerte en cactus de interior.
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El primer paso para que crezcan sanos es elegir el sustrato adecuado. Necesitan una tierra suelta, liviana y con excelente drenaje. Las mezclas específicas para cactus y suculentas son ideales porque permiten que el agua fluya rápidamente y no quede retenida. Además, la maceta debe tener orificios en la base: sin drenaje, el riesgo de pudrición aumenta considerablemente.
En cuanto al riego, menos es más. Durante los meses cálidos, puede bastar con regar cada 10 o 15 días, dependiendo de la temperatura y la exposición al sol. En invierno, la frecuencia debe reducirse aún más. Antes de volver a regar, conviene comprobar que la tierra esté completamente seca. Un método simple es introducir un palillo o el dedo unos centímetros en el sustrato para verificar la humedad.
La luz es otro factor clave. Los cactus necesitan buena luminosidad, preferentemente cerca de una ventana con sol directo algunas horas al día. Sin luz suficiente, pueden debilitarse, perder su forma compacta y volverse más vulnerables a enfermedades.
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Un signo de alerta frente al exceso de agua es el cambio de textura: si el cactus se vuelve blando, oscuro en la base o presenta manchas marrones, puede estar comenzando a pudrirse. En estos casos, actuar rápido es fundamental. A veces es posible salvarlo retirando la parte afectada y trasplantándolo a tierra seca, pero no siempre se recupera.
También es importante evitar pulverizarlos constantemente. A diferencia de otras plantas de interior, los cactus no necesitan humedad ambiental elevada, y rociarlos con agua puede generar hongos.
Cuidar un cactus no implica grandes esfuerzos, sino entender su naturaleza. Con riego moderado, buena luz y un sustrato adecuado, pueden crecer durante años y convertirse en un punto verde duradero dentro del hogar. Respetar su ritmo y evitar el exceso de agua es la clave para que se mantengan firmes, sanos y decorativos.
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