Bañar a un perro en casa parece una tarea sencilla, pero muchas veces termina en nervios, agua por todos lados y un animal intentando escapar. La realidad es que el estrés durante el baño no es inevitable: con algunos ajustes simples en la rutina, puede transformarse en una experiencia mucho más llevadera.
Lo primero que hay que entender es que muchos perros no temen al agua en sí, sino al entorno. El ruido de la ducha, el piso resbaladizo o la sensación de no tener apoyo firme pueden generar ansiedad. Por eso, crear un ambiente seguro es clave antes de empezar. Colocar una alfombra antideslizante en la bañera o ducha ayuda a que el perro se sienta estable y reduzca su tensión.
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También es importante preparar todo con anticipación: shampoo específico para perros, toalla, recipiente para enjuagar y, si es necesario, un secador en modo suave. Tener todo a mano evita interrupciones que puedan alterar al animal. Cuanto más fluido sea el proceso, menos tiempo estará expuesto a una situación que puede incomodarlo.
El tono de voz marca una gran diferencia. Hablarle de manera tranquila y evitar movimientos bruscos contribuye a que el perro asocie el baño con algo neutro o incluso positivo. Algunos especialistas recomiendan ofrecer pequeñas recompensas antes y después del baño para reforzar esa asociación. La paciencia es más efectiva que la fuerza.
En cuanto al agua, debe estar tibia, nunca caliente ni fría. Mojarlo de a poco, comenzando por las patas y subiendo gradualmente, suele resultar menos invasivo que empezar directamente por la cabeza. La zona del rostro requiere especial cuidado: conviene limpiarla con un paño húmedo en lugar de arrojar agua directamente. Respetar sus tiempos ayuda a disminuir la resistencia.
La frecuencia del baño también influye. No todos los perros necesitan lavarse seguido; hacerlo en exceso puede afectar la piel y generar mayor rechazo. Adaptar la rutina al tipo de pelo, nivel de actividad y recomendaciones veterinarias evita problemas cutáneos y hace que el momento no sea percibido como algo recurrente y negativo.
Por último, el secado es tan importante como el lavado. Retirar el exceso de agua con toalla antes de usar secador —si el perro lo tolera— reduce el tiempo de exposición al ruido. Algunos animales prefieren secarse al aire en un ambiente cálido y sin corrientes. Finalizar con caricias y calma refuerza la experiencia positiva.
Bañar a un perro en casa no tiene por qué ser un momento caótico. Con preparación, paciencia y pequeños ajustes, puede convertirse en una rutina más dentro del cuidado diario. La clave está en generar confianza y evitar que el baño se asocie con estrés o miedo.
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