Cuál es la historia de Parque Lezama, el espacio verde que Campanella recupera y hace lucir en su nueva película – GENTE Online
 

Cuál es la historia de Parque Lezama, el espacio verde que Campanella recupera y hace lucir en su nueva película

Cuál es la historia de Parque Lezama
De quinta aristocrática y escenario de una historia fundacional que no todos conocen, a ser el alma de San Telmo. Un recorrido por los secretos, las leyendas y el pasado del increíble lugar que Luis Brandoni y Eduardo Blanco inmortalizan en la gran pantalla, de la mano del director ganador del Oscar.
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Hay lugares que tienen alma, y el Parque Lezama es, sin dudas, uno de ellos. No es simplemente un pulmón verde en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, sino un museo a cielo abierto, un escenario de encuentros generacionales y, ahora, el protagonista absoluto de la nueva película de Juan José Campanella.

Luis Brandoni y Eduardo Blanco en una escena de la película, con el pabellón griego de fondo.

Con el estreno de Parque Lezama (ya en cines y desde el 6 de marzo en Netflix), el mundo entero está poniendo los ojos en las barrancas en las que Luis Brandoni y Eduardo Blanco le dan vida a una dupla tan inquebrantable como las vasijas que decoran el predio. Pero, ¿qué hace tan especial a este rincón de San Telmo?

Tiene un sorpresivo pasado de luces y sombras

La mística del Lezama empieza mucho antes de la llegada de los españoles. En tiempos en los que el mármol y los senderos europeos ni siquiera figuraban en los mapas, estas tierras eran territorio querandí, el hogar de los habitantes originarios que vivían en este balcón natural al río.

Según la tradición histórica (aunque aún debatida por los arqueólogos), acá mismo, en 1536, Pedro de Mendoza realizó la primera fundación de Buenos Aires. La imponente estatua del conquistador clavando su espada en la tierra recuerda ese momento fundacional.

La imponente figura de Pedro de Mendoza domina una de las esquinas del Lezama. Aunque los historiadores aún debaten el punto exacto de la primera fundación de Buenos Aires, este monumento se convirtió en el ancla visual que recuerda el primer capítulo de la historia porteña.

Hacia fines del siglo XVIII, el terreno se convirtió en sede de la Real Compañía de Filipinas, un centro logístico dedicado al tráfico de esclavos traídos desde África. Sí, antes de ser el jardín más lindo del sur de la Capital, el Lezama fue testigo de una de las etapas más dolorosas de la época colonial.

Su nombre se debe al pacto de una viuda enamorada

En 1857, el hacendado salteño José Gregorio Lezama compró la propiedad (entonces conocida como Quinta de los Ingleses). Apasionado de la botánica, la transformó en un edén privado con plantas exóticas de todo el mundo y senderos que terminaban en la barranca con vista al Río de la Plata.

Cuando Lezama murió en 1893, su viuda, Ángela de Álzaga, tomó una decisión que cambió el mapa de Buenos Aires. Vendió la quinta a la Municipalidad por un precio simbólico con una sola condición: que el lugar fuera un parque público y llevara para siempre el nombre de su marido. Gracias a ese acto de amor, en 1896 el paisajista francés Carlos Thays entró en escena y le dio su aspecto actual con el anfiteatro griego, rosaleda, pérgola y caminos sinuosos.

Los jarrones de piedra que custodian los caminos de ladrillo son parte de la herencia que dejó la familia Lezama y que Thays integró para que caminar por la barranca sea, todavía hoy, un viaje en el tiempo.

Colmado de curiosidades

Al espectador que está descubriendo este rincón de Buenos Aires a través de la lente de Campanella, le contamos que el Lezama no es solo un pulmón verde: es una colección de postales que parecen traídas de diferentes rincones del planeta. Perderse en sus senderos es tropezar con la historia del mundo.

A continuación, los íconos que convierten a este espacio en un lugar único:

La ex mansión de los Lezama. Dominando la parte alta del parque se encuentra la hermosa casa de color ladrillo en la que vivían los Lezama. Hoy es la sede del Museo Histórico Nacional. Detrás de sus puertas se encuentran los tesoros más sagrados de la patria, incluido el sable corvo de San Martín.
Un poco de San Petersburgo en San Telmo. Justo enfrente del parque, sobre la calle Brasil, se levanta la Iglesia Ortodoxa Rusa. Sus cinco cúpulas turquesas fueron traídas desde San Petersburgo y ensambladas a fines del siglo XIX. Desde entonces, brillan entre las palmeras atrapando miradas.
La loba romana. No muchos saben que en sus casi ocho hectáreas hay un regalo de la mismísima Italia: una réplica de la Loba Capitolina (Luperca) amamantando a Rómulo y Remo, donada por la ciudad de Roma.
El anfiteatro. Las gradas de piedra completan la sensación de estar en una "Roma del Sur" y sirven de escenario natural para festivales de rock y espectáculos barriales.
Hay un dinosaurio T-Rex. En el área de juegos para chicos, el imán convocante es el mangrullo que tiene un tobogán amarillo que sale justo del pecho del animal. 
Es una meca literaria. Esta foto de 1967 muestra a Ernesto Sábato en el Parque Lezama junto a la estatua de la diosa Ceres. Fue en ese mismo banco donde el escritor situó el encuentro inicial entre Martín y Alejandra, los protagonistas de su obra cumbre Sobre héroes y tumbas".

Hoy es un puente entre dos mundos

Basta caminar apenas media cuadra por la calle Defensa para salir del silencio de las estatuas y chocar de frente con el Boulevard Caseros. Allí el ritmo cambia por completo: restaurantes de autor, brunchs y una marea de gente joven le dan al barrio una vitalidad eléctrica que convive con las barrancas históricas de enfrente.

Y ésa es la verdadera magia del barrio actual: la mezcla generacional. De hecho, el punto exacto de ese encuentro es el mítico Bar Británico.

El Bar Británico, que se encuentra frente al Parque Lezama, abrió sus puertas en 1928 y fue el lugar elegido por Ernesto Sabato para escribir parte de su novela Sobre héroes y tumbas.

En sus mesas de madera, la escena es un cuadro vivo: jóvenes con sus computadoras y cafés de especialidad comparten el salón con los históricos vecinos que, diario en mano, se resisten a abandonar el ritual de tomarse el "cortadito" con calma.

Sí, podría decirse que Parque Lezama sigue siendo ese refugio donde el pasado no pisa al presente, sino que lo acompaña para seguir contando historias.

Fotos: Archivo Atlántida, Archivo General de la Nación, gentileza de Netflix y redes sociales



 
 

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