Con la llegada de la primavera, los días lindos y el ascenso térmico, los fines de semana invitan a descubrir nuevas aventuras. Ubicado en San Antonio de Areco, a poco más de una hora del Obelisco, un espacio gastronómico que funciona dentro de una antigua capilla del siglo XIX restaurada se convirtió en la verdadera sensación de la zona.
Santo Café es uno de esos lugares que sorprenden incluso antes de cruzar la puerta, creando un escenario único donde la historia y la gastronomía conviven de manera armónica. Es el paseo ideal para una escapada de fin de semana: cerca, accesible y, especialmente, llamativo.

La capilla, que durante décadas fue un punto de encuentro espiritual de este pueblo que de acuerdo al censo de 2022 tiene 27 mil habitantes, había permanecido cerrada hasta que un grupo de emprendedores locales decidió devolverle vida respetando su esencia.

Con vitrales originales, muros históricos y detalles arquitectónicos sirven como conexión con el innegable pasado, el lugar se fue transformado en un cálido café que invita a una experiencia distinta.
Desde su aire a la Toscana italiana, en un punto bonaerense donde las pulperías son las grandes atracciones, la torre de doce metros de la Capilla de San Lucas se lleva todas las miradas y sirve de marco para las fotos de los visitantes, quienes quedan encantados con el lugar.

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Los que estuvieron a cargo del proyecto fueron María Zalazar y Martina Gasparro, dos amigas que tomaron la iniciativa de juntarse para emprender un proyecto gastronómico que le dé otra propuesta a Areco. Al equipo se sumó Santiago, hermano de Martina, pieza clave en la inversión.
Cómo es el menú de Santo Café

Hay que decir que los visitantes llegan atraídos no sólo por la belleza del edificio, sino también por su propuesta gastronómica de estilo artesanal: cada plato tiene un vínculo con los productores locales.
La carta ofrece cafés de especialidad, tortas caseras, panes y opciones saladas gourmet, todo en un ambiente que invita a quedarse y dejar que el tiempo se detenga.

Así Areco, con el fuerte arraigo de la tradición gauchesca, sus museos, talleres de platería y pulperías centenarias, cuenta con otro espacio que no desentona con todo este mundo.
El acceso desde la Capital Federal es sencillo y directo por la Ruta Nacional 8, lo que convierte a este destino en una escapada ideal para quienes buscan naturaleza, cultura y gastronomía en un solo lugar: en términos concretos, son 117 kilómetros desde el Obelisco.
La historia de la capilla San Lucas
Su origen se remonta a una historia privada que permaneció oculta durante más de cuarenta años... El templo fue construido a fines de la década de 1970 por Leonardo Gaspar Cacho Méndez, un reconocido comerciante local, que decidió levantar una capilla dentro de su propiedad para uso familiar y devocional.

El predio en el que actualmente funciona el café fue, en aquel entonces, el jardín personal de Méndez. La capilla, concebida como un espacio íntimo, nunca estuvo abierta al público y formaba parte de la vida cotidiana del comerciante, cuya casa de repuestos ferreteros sigue siendo parte del legado que dejó.
Décadas más tarde, la propiedad fue adquirida por la hija de Méndez, quien impulsó su puesta en valor con el objetivo de preservar la memoria de su padre y, al mismo tiempo, integrarla a la identidad turística y cultural de Areco.
Para llevar adelante la transformación, convocó a una arquitecta que trabajó sobre la estructura original del patio y la capilla con un enfoque de conservación histórica al que le añadió elementos contemporáneos.
Hoy aquella historia, contada a quienes quieran conocerla, acompaña el ambiente de Santo Café con esa magia que permanece inalterable y a la que hoy todos tienen acceso. De la misma manera que a sus exquisiteces.




