En pleno corazón de Ámsterdam, dos argentinas de 37 años convirtieron una mesa de medialunas en una marca que incluso llegó a enamorar a Máxima Zorreguieta, conocida por su devoción por los dulces. Cada alfajor que sale de Amsterdam Baking Company tiene, promedio, dos horas de fermentación y reposo, un dato que las fundadoras celebran como símbolo de paciencia y perfección, y que garantizó la esponjosidad que la royal saboreó junto a su gran pasión, el dulce de leche.

En diálogo con GENTE desde la "Venecia del Norte" –tal como se conoce a la capital del país en el que reina la argentina–, Marisol Capozzi y Nina Aranda, que se conocieron en los Países Bajos en 2019, cuentan desde la trastienda de la sorpresiva visita de la reina argentina que revolucionó el local ubicado en el barrio de Oost, al caso de éxito que protagonizan con un emprendimiento que lleva en lo más alto el orgullo por los orígenes albicelestes.
La visita puertas adentro: una reina sin comitiva y una frase que quedó para siempre
La llegada de Máxima ocurrió un mediodía laboral común, a las 13.07, cuando el local ya había despachado más de 120 piezas de pastelería. La reina ingresó sola, vestida de manera informal, pero con su característico allure y sin escoltas visibles, un detalle poco habitual para una figura que suele movilizarse con seguridad oficial. De hecho, es sabido que una de las cosas que más ama es andar "libre" y sin guardaespaldas cada vez que puede; no sólo cuando pasea en bici, también cuando visita su amada Buenos Aires.

Sucedió un día particularmente intenso para ellas, en pleno rodaje de contenido para redes, uno de esos días largos en los que la energía se reparte entre la cocina, el mostrador y la cámara. Apenas ingresó la royal criada en Recoleta, las chicas decidieron, sin más, estar a la altura de las circunstancias. Sabían que era importante la privacidad y discreción ("nos pidió que no filmáramos"), pero también que un hecho como ese, podía ser "un antes y un después".
De hecho, hubo una frase graciosa que lanzó Nina apenas entendió quién era la clienta de 1,78 metros que había copado el local con todo su magnetismo: “Ah, bueno, no vino nadie”. Al asomarse por la ventana de la cocina, Marisol entró en un estado de shock absoluto cuando tuvo que ver para creer.

Aunque la situación fue inesperada, Máxima no era una figura ajena al universo de Amsterdam Baking Company. El vínculo simbólico existía desde hacía tiempo: las pasteleras habían elaborado alfajores de maicena para la première de Máxima, la serie. Durante su visita, la monarca se mostró como una persona sumamente sencilla y cercana durante su permanencia. "Es divina, muy natural, y se interesó mucho por nuestra maquinaria y hornos", relatan las emprendedoras.
Cuando la royal pasó a la cocina, Nina y Marisol admitieron haber sentido nervios iniciales por detalles como "si una mesa se movía o si algo faltaba en el salón". Sin embargo, decidieron relajarse al ver que la soberana se mostraba genuinamente interesada en la historia del negocio.

Máxima consultó detalles técnicos sobre la producción y la historia del emprendimiento, un clásico de sus visitas a fábricas y negocios, donde pone el cuerpo y se la suele ver inmersa y compenetrada con lo que escucha. Un momento metadiscursivo se dio cuando las dueñas le mostraron una fotografía de ella que tienen exhibida junto a sus famosos alfajorcitos de maicena.

Nina y Marisol tienen una conexión especial con este producto, ya que utilizan la misma receta que la propia Máxima divulgó hace unos años para su cumpleaños número 49 y es de autoría de su madre, María del Carmen Cerruti Carricart. "Le dijimos que esas eran las galletitas de la Reina", recuerdan con simpatía sobre el diálogo. “Crecí con alfajores, ¡son mis galletas favoritas!”, replicó la soberana.
Para Máxima, entrar a Amsterdam Baking Company fue mucho más que una simple escala en su agenda privada. La soberana eligió degustar una selección variada que incluyó los grandes pilares de la gastronomía argentina: empanadas, alfajores y facturas. Nina Aranda y Marisol Capozzi prepararon un mix de productos para que la monarca pudiera recorrer los sabores más representativos de su carta. Esta elección no fue azarosa, ya que Máxima buscaba reencontrarse con esos aromas que le permiten recordar sus orígenes, a casi 12 mil kilómetros de distancia.

Del desánimo en un hotel a la conquista del paladar holandés
El camino de estas dos argentinas no siempre estuvo rodeado de éxitos. Ambas se conocieron trabajando en la apertura de un hotel pequeño en Ámsterdam. Nina se desempeñaba como pastelera y Marisol ocupaba el cargo de subchef. Aquel proyecto hotelero no prosperó y la falta de clientes generaba un ambiente desalentador. "Las cosas de pastelería no se vendían y terminaban en la cantina para el personal", lamentan sobre aquel inicio.
Pero la crisis se convirtió en oportunidad cuando consiguieron un cliente interesado en su banana bread. Empezaron cocinando brownies en su casa y dividiéndose todas las tareas manuales. El nombre "Amsterdam Baking Company" surgió porque inicialmente querían ser solo proveedoras de otros locales.

El giro definitivo hacia la pastelería argentina ocurrió durante los tiempos de la pandemia. Nina decidió postear una tanda de medialunas en un grupo de Facebook de argentinos en Holanda. La respuesta fue inmediata porque muchos compatriotas no podían viajar por las restricciones del COVID. Ahí entendieron que la demanda no era solo gastronómica, sino emocional.
Al año de cocinar en casa, se mudaron a una dark kitchen (espacio de cocina profesional diseñado exclusivamente para preparar comida a domicilio y para llevar), que era un gigante galpón industrial. "Ahí hicimos crecer la empresa por dos años haciendo envíos a todo el país. Y después nos fuimos al local que visitó Máxima", detallan al sintetizar su exitoso periplo al mando de los hornos. A los cuatro meses de abrir la primera tienda, relatan, recibieron la llave de la sede más céntrica de su proyecto.
El desafío de explicar que una medialuna no es un croissant y "que el alfajor no tiene equivalente"
La inserción en el mercado europeo requirió un intenso "laburo de hormiga" para educar al consumidor. "Explicar que la empanada no es española, que la medialuna no es un croissant y que el alfajor no tiene equivalente directo", señalan las pasteleras. Otra diferencia cultural que fue clave, plantean las chicas, es que los holandeses no tienen incorporado el concepto de la merienda en su rutina diaria.

Los locales en Ámsterdam cierran temprano, entre las cuatro y las seis de la tarde. Otra barrera fue la costumbre local de comprar facturas por unidad en lugar de por docena, código exclusivo de los argentinos. Eso sí: si hay un producto que las representa, dicen sin dudar, es el alfajor. Para ellas, tiene una complejidad técnica y simbólica que lo convierte en emblema. Es parte de su visión convertirse, poco a poco, en exportadoras de alfajores artesanales dentro de Europa.
Las socias se complementan perfectamente: Nina aporta la creatividad y Marisol gestiona el orden y las finanzas. "Yo soy la que hace las cosas aburridas como los pagos y fijarse si llegamos a fin de mes", admite Marisol.

Un pedacito de casa en el norte de Europa
Para las dueñas, su local funciona como una embajada emocional de Argentina. La decoración y la música están diseñadas para que el cliente se sienta en su país por un rato. Hablan en español con los visitantes durante casi toda la jornada laboral. "Una chica alemana se largó a llorar al ver los alfajores porque extrañaba su viaje a Argentina", relatan conmovidas. Claro que la visita de la Reina no les quitó el foco de su trabajo diario y constante.
Tras la partida de Máxima, las pasteleras se permitieron un breve momento de festejo. "Teníamos una botella de champagne para el contenido navideño y brindamos por su visita", cuentan. Al día siguiente, la rutina se retomó temprano para seguir cumpliendo con los pedidos como si nada hubiera pasado.

Aunque la viralidad les dio mucha visibilidad (tras la presencia de la reina, muchos clientes les piden "lo que comió Máxima"), ellas prefieren seguir avanzando con pasos discretos y certeros. Su mayor deseo es que cada persona que entre a sus locales se lleve un recuerdo sensorial de lo que significa estar en casa.
"Somos como la sucursal de Argentina en Países Bajos, entonces, si vos extrañás, o por la razón que sea que vengas, la idea es que tengas ese ratito de estar en casa", relatan las emprendedoras, conscientes del poder nostálgico y reconfortante de sus delicias, que en un sólo bocado evocan afectos y recuerdos imborrables.
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