Cuando Nicki Nicole subió al escenario del Teatro Colón para protagonizar un concierto sinfónico, no solo llevó su universo musical a uno de los teatros más emblemáticos del mundo: también lo vistió. Y lo vistió con un manifiesto estético preciso, elegante y profundamente conceptual. Para la ocasión, la artista escogió dos trajes a medida en tonos Noir y Off White diseñados por GOROF, una propuesta que reinterpreta los códigos de la sastrería clásica desde una sensibilidad moderna y poderosa.

La elección no fue casual. En un espectáculo concebido como un viaje emocional en capítulos —un recorrido por la exposición pública, la memoria, la infancia, las heridas, el vacío y la reconstrucción—, Nicki plasmó en su vestuario un lenguaje escénico que dialogó con la narrativa musical y con la potencia simbólica del Colón. Sus looks funcionaron como una extensión visual del relato: elegantes, estructurados, cargados de intención y con una teatralidad medida que acompañó el pulso sinfónico de la noche.

El equipo que la vistió trabajó sobre una base sólida: un traje de dos piezas en crepé, diseñado para ofrecer precisión estructural y fluidez escénica al mismo tiempo. El blazer, protagonista absoluto del conjunto, presenta una silueta oversize apenas entallada que equilibra volumen con definición. Sus hombros estructurados y las solapas de líneas arquitectónicas delinean la figura con autoridad, creando una imagen que encarna el gesto de poder que atraviesa esta etapa artística de Nicki.

La versión Noir incorporó solapas en seda, reforzando el contraste característico del smoking tradicional y evocando ese lenguaje clásico de las grandes noches formales. En la versión Off White, la mirada se desplaza hacia la pureza del tono y la nitidez de la silueta, una decisión que potencia la elegancia del conjunto sobre el escenario sinfónico.
Pero el detalle más singular está en los acentos joya: estrellas concebidas como piezas de orfebrería, bordadas a mano en cristales plateados y colocadas a modo de gemelos. Un toque minucioso y brillante que introduce destellos sutiles bajo las luces del teatro, acompañando cada movimiento y subrayando la dimensión escénica del look.

El pantalón wide leg completa la propuesta con un gesto que aporta verticalidad y movimiento continuo. De tiro bajo y con pinzas marcadas, cae con soltura y multiplica la sensación de presencia escénica mientras la artista se desplaza entre cuerdas, vientos y percusión.
Para la parte superior, la camisa jugó un rol clave. Realizada en crepé de seda a tono, define el costado más dramático del estilismo. Su cuello de puntas largas, desplegado con teatralidad, y los puños protagónicos que sobresalen bajo las mangas del blazer, componen una silueta donde cada capa aporta personalidad. La corbata, confeccionada en el mismo material, termina de sellar un frente elegante, minimalista y refinado.

La moda, en este caso, se integró a una puesta artística sin precedentes. Nicki se convirtió en la primera artista de su generación y del movimiento urbano argentino en presentar su propio concierto sinfónico en el Teatro Colón, acompañada por más de 70 instrumentistas, bajo la dirección de Nico Sorin, y con invitados como Milo J, Cazzu y Jorge Drexler.
El espectáculo fue diseñado como una obra conceptual dividida en capítulos, donde canciones como Colocao, Sheite, Wapo Traketero y Recuerdos adquirieron una dimensión inédita; mientras que piezas como Ya No – Entre Nosotros o Perdido revelaron capas nuevas en clave orquestal. En ese marco, el look no fue solo un detalle estético: fue parte del lenguaje narrativo de la noche.


