“Me acuerdo que le preguntaron: ‘¿Por qué trabaja con Valeria si no le gustan las supermodelos?’. Él respondió: ‘No me gustan las supermodelos, pero sí Valeria’. Giorgio Armani fue quien me hizo mi vestido de novia y también vistió a Alejandro (Gravier). Hace unos años fui con mis hijos a ver su desfile, porque quería que lo conocieran, y fue tan amoroso... Creo que fue el único hombre, desde que estoy con Ale, que me dio un beso en la boca. Siempre nos reímos de eso”. Con esas palabras, tiempo atrás Valeria Mazza recordaba cómo había sido trabajar con una leyenda como Giorgio Armani.

En el corazón de la capital lombarda, donde la moda no es solo una industria sino un lenguaje sagrado, el apellido Mazza-Gravier volvió a inscribirse en las crónicas de estilo internacionales. No fue a través de la icónica Valeria, cuyo catwalk como supermodelo definió una era, sino mediante Benicio Gravier, quien a sus 21 años sigue jugando por afuera del "hijo de" para convertirse en un protagonista con voz y paso propios.
El escenario fue el desfile de Emporio Armani, una cita que este año cargaba con una atmósfera de respeto y nostalgia tras la reciente partida del legendario Giorgio Armani, quien partió de este plano el 4 de septiembre de 2025 a los 91 años debido al deterioro que lo obligó a la inactividad tras sufrir una infección pulmonar.

Bajo la mirada atenta y visiblemente conmovida de Valeria Mazza, Alejandro Gravier y su hermana Taína, sentados en la codiciada front row, Benicio recorrió la pasarela con una templanza que evocaba los años dorados de la moda.
En su segundo desfile para Armani, Benicio lució un outfit de inspiración británica, un guiño estético al universo de Peaky Blinders: chaqueta gris con detalles en piel, camisa de denim y boina a juego, y un bolso de gamuza verde oliva, piezas centrales de una colección Otoño/Invierno 2026-2027 que apostó por la sastrería clásica y los tonos tierra.

En charla con GENTE, Benicio reflexiona sobre el equilibrio entre la herencia y la ambición personal, revelando la mentalidad de un joven que, mientras cursa la carrera de Negocios en la Universidad de San Andrés, en un perfecto mix entre la visión comercial del padre y las páginas de historia que escribió su madre ya proyecta su nombre en otras pasarelas de renombre.
El rito de pasaje en honor a Giorgio
La tensión previa a un desfile de esta magnitud suele ser abrumadora, pero para Gravier, el foco es una herramienta de precisión. El joven modelo describe la experiencia como un ejercicio de introspección técnica antes que de exposición mediática.

–¿Qué pasó por tu cabeza en el instante en que caminaste la pasarela de Armani con tu familia en primera fila?
–La verdad que en el momento en el que estaba ahí ya en la pasarela estaba un poco concentrado. Estaba enfocado en lo que tenía que hacer, no pensando mucho en quiénes estaban alrededor y demás. Obviamente que estar acompañado por mis papás y por mi hermana es algo que me pone muy contento y me alegra que estén ahí acompañando, pero en el momento de la pasarela estoy más concentrado en las indicaciones y sintiéndome seguro, confiado en lo que estoy haciendo y creyéndomela para poder hacerlo lo mejor posible.

–¿Qué sentiste teniendo en cuenta que tu mamá hizo desfiles icónicos con Giorgio Armani y que hoy sos vos quien ocupa ese lugar?
–Nunca tuve el privilegio de poder haber visto a mi mamá en su época –brilló con Linda Evangelista, Claudia Schiffer y Christy Turlington en la época dorada de los 90–. También es cierto que el año pasado desfiló y la vimos, pero poder continuar un poco ese legado y desfilar para Giorgio Armani y para Emporio Armani, que son desfiles que también mi mamá ha hecho en su época, es algo que me pone muy contento. A ella también la pone muy feliz ver que hago lo que me gusta y lo que me hace feliz. Es algo que compartimos juntos, que es muy lindo. Siempre lo hablo con ella y ella me ayuda en todo lo que yo necesite, me da tips y me hace sentir más confiado.

La construcción de una identidad bajo el apellido Mazza
El peso de un legado tan vasto como el de Valeria Mazza podría ser, para muchos, una sombra difícil de sortear. Sin embargo, Benicio Gravier parece haber procesado esa influencia como un motor de superación personal en lugar de una imposición externa. En diálogo con este medio, el modelo subraya que la competencia más feroz es la que mantiene consigo mismo.
–Pudiste ver en YouTube esa época de Valeria con las supermodelos, ¿qué te genera ver esa era de gloria con los grandes diseñadores?
–Es impresionante lo que ella representa, pero yo intento centrarme mucho en lo que me toca hacer a mí hoy. Me enfoco más en las expectativas propias que me pongo y en los objetivos que intento cumplir a lo largo del camino.

–Se dice que el apellido abre puertas, ¿pero sentís que también marca presiones por las expectativas de los demás?
–Yo creo que las expectativas vienen más de uno mismo. Uno siempre puede pensar ciertas cosas sobre mí por todo lo que hizo mi mamá y todo lo que ha hecho a lo largo de su carrera, pero yo me centro mucho en lo que me toca hacer. Son solo objetivos propios que me pongo y me gustaría, ahora que ya debuté acá, poder seguir mejorando para llegar a cumplirlos.

El estratega detrás de la imagen: negocios y pasarelas
Benicio no confía únicamente en su genética o en el magnetismo de su apellido: sabe que tiene que esforzarse y que los privilegios en el camino personal no alcanzan. Su formación académica en la Universidad de San Andrés le brinda una visión analítica del mundo de la moda, entendiéndolo como un ecosistema donde la estética y el negocio convergen.
–¿Qué es lo que más te divierte de la moda y con qué estilos te sentís más identificado hoy?
–Lo que más me divierte es que cada trabajo que uno hace siempre es algo distinto. Te probás ropa diferente, de diversas marcas, diseñadores y estilos. Me gusta esa posibilidad de reinventarse en cada outfit que tenés y poder jugar con eso. No es monótono. En cuanto a la colección de Armani, me sentí muy cómodo con ese estilo clásico pero renovado, con el uso de las boinas y la sastrería, que es algo muy distintivo de la marca.

Al ser consultado sobre su futuro profesional fuera de las pasarelas, Gravier deja entrever que su paso por la universidad no es un plan B, sino el complemento necesario para una carrera integral. Si tuviera que idear un emprendimiento propio en el sector, su enfoque estaría marcado por lo que él mismo define como la búsqueda de lo que lo "emparenta y diferencia" de sus padres: la visión comercial de Alejandro y la sensibilidad artística de Valeria.

Horizonte internacional: el sueño de las grandes capitales
El desfile en Milán fue, sin dudas, un hito fashion para coleccionar. La colección, que destacó por el uso de materiales nobles como la piel, el jean azul y las texturas geométricas en sweatears minimalistas, reafirmó su proyección internacional. Pero Benicio no se detiene en los aplausos recibidos en Italia.

–¿Cuáles son tus próximos pasos después de este éxito en Milán?
–Tengo algunos objetivos a largo plazo y otros a futuro que me gustaría seguir cumpliendo. Me gustaría seguir en la Semana de la Moda de Milán y desfilar para otras marcas, pero sería un sueño poder debutar en la Semana de la Moda de París o de Nueva York. Mi idea es seguir mejorando y poder llegar a cumplir esos objetivos propios que me he trazado.
Mientras la industria se renueva, Benicio emerge con un estilo aristocrático, honrando el legado con trabajo, estudio y una luz propia que ilumina sus raíces.
Fotos: gentileza familia Mazza/Gravier y Fotonoticias.


