Las plantas colgantes se convirtieron en una de las tendencias más populares en decoración. No solo porque aportan un toque verde y natural, sino porque son ideales para ganar espacio y darle personalidad a balcones, cocinas o livings. Ya sea en macetas suspendidas, estanterías o canastos de mimbre, hay especies que se adaptan a distintos ambientes y son muy fáciles de cuidar.
Entre las favoritas está el Potus, un clásico que resiste casi todo: crece rápido, soporta poca luz y solo necesita riego moderado. Su follaje verde intenso con manchas amarillas lo vuelve perfecto para interiores. Otra opción muy vistosa es la Cinta o malamadre, que se multiplica sola y tolera bien tanto el sol indirecto como los espacios más sombríos.
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Si buscás algo con más presencia, el Helecho Boston aporta volumen y un aire selvático encantador. Requiere humedad ambiental, por lo que conviene pulverizar sus hojas cada tanto. En cambio, la Hiedra inglesa es ideal para quienes prefieren un estilo más clásico: puede crecer colgando o trepando, y se adapta tanto al interior como al exterior.
Para quienes disfrutan de los toques exóticos, el Sedum morganianum, conocido como “cola de burro”, es una suculenta colgante muy resistente. Sus hojas carnosas almacenan agua, así que solo hay que regarla cuando el sustrato esté completamente seco.
Los cuidados básicos son simples pero fundamentales: colocarlas en un lugar con buena luz natural (sin sol directo), regarlas cuando la tierra esté seca al tacto y mantenerlas alejadas de corrientes de aire. Además, es importante revisar las hojas cada tanto y podar las partes secas para estimular un crecimiento sano.
Un último consejo: combiná varias especies en distintos niveles o colores de follaje para lograr un efecto visual más atractivo. Así, tus plantas colgantes no solo decorarán, sino que transformarán cualquier ambiente en un rincón verde lleno de estilo.
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