Cada temporada tiene su planta protagonista, y este año la fresia se posiciona como una de las favoritas en jardines, balcones y arreglos florales. Su combinación de colores vibrantes y perfume delicado la convierte en una opción irresistible para quienes buscan sumar vida y aroma a los espacios. La fresia no solo es estética: también es resistente y relativamente fácil de cuidar si se respetan algunas claves básicas.
Originaria del sur de África, la fresia se adapta muy bien a climas templados como los de gran parte de Argentina. Florece con fuerza cuando recibe buena luz, pero sin sol extremo durante todo el día. Por eso, balcones luminosos o canteros con sol de mañana suelen ser el lugar ideal. La exposición adecuada es determinante para lograr flores abundantes y colores intensos.
Uno de los secretos para que la fresia florezca fuerte está en el suelo. Necesita un sustrato suelto, con buen drenaje y rico en materia orgánica. El exceso de agua es uno de los errores más comunes: los bulbos pueden pudrirse si la tierra permanece encharcada. Regar con moderación y asegurarse de que el agua drene correctamente es fundamental para evitar problemas.
Durante el crecimiento, conviene mantener la tierra ligeramente húmeda, pero nunca saturada. Una vez que la planta comienza a florecer, el riego puede ajustarse según la temperatura ambiente. En maceta, es clave que el recipiente tenga orificios de drenaje y una capa de piedras o perlita en la base para favorecer la circulación del agua.
Otro punto importante es la fertilización. Aplicar un abono equilibrado cada pocas semanas durante la etapa de crecimiento ayuda a fortalecer los tallos y mejorar la floración. Una planta bien nutrida desarrolla flores más grandes y duraderas.
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Además de su valor ornamental, la fresia destaca por su perfume suave y fresco, muy utilizado incluso en la industria de la perfumería. Tenerla en casa aporta un aroma natural sin necesidad de aerosoles o productos artificiales. Es una forma simple de aromatizar el ambiente con un toque floral auténtico.
Una vez que termina la floración, los tallos pueden cortarse y los bulbos dejarse descansar hasta la próxima temporada. En zonas de inviernos suaves, pueden permanecer en tierra; en regiones más frías, conviene resguardarlos. Esta capacidad de volver a florecer año tras año es otra de las razones por las que se convirtió en tendencia.
En definitiva, la fresia reúne todo lo que se busca en una planta de temporada: color, perfume y facilidad de cuidado. Con luz adecuada, riego controlado y un sustrato bien drenado, puede transformarse en la estrella del jardín o el balcón sin demasiadas complicaciones.
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