La muerte de la princesa Irene de Grecia, ocurrida el pasado 15 de enero a los 83 años en el Palacio de la Zarzuela, no sólo cerró una vida marcada por la discreción y la lealtad absoluta a su hermana, la reina emérita Sofía, sino que también abrió un inesperado frente de tensión dentro de la familia real española.
A pocos días de su funeral, comenzaron a conocerse detalles de su herencia, una decisión tomada en vida que hoy genera lecturas incómodas y vuelve a exponer viejas internas palaciegas.
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Irene falleció tras un progresivo deterioro de su salud producto de una enfermedad cognitiva. Vivía junto a su querida hermana Sofía en Zarzuela, donde fue acompañada hasta el final.
El pasado 19 de enero, la familia la despidió primero en España y luego en Grecia, donde fue enterrada en la necrópolis real de Tatoi. Las imágenes del funeral mostraron una postal de unidad, con una reina Sofía visiblemente emocionada y arropada por sus nietos, entre ellos la princesa Leonor y la infanta Sofía. Sin embargo, detrás del recogimiento, otra historia comenzaba a tomar forma.

La herencia que reabre viejas tensiones en la Familia Real de España
Soltera y sin hijos, Irene de Grecia dejó perfectamente establecido el destino de su patrimonio. La sorpresa llegó al confirmarse que las hijas de Felipe VI y Letizia Ortiz quedaron excluidas del testamento, una decisión que no pasó inadvertida por su peso simbólico dentro de la Corona.

Según trascendió, lejos de responder a conflictos abiertos o enfrentamientos directos, la elección de Irene estuvo guiada por criterios afectivos y vínculos personales forjados a lo largo de los años.
En ese esquema, los grandes beneficiados fueron los hijos de la infanta Cristina, la hermana del rey y figura históricamente distanciada de la reina Letizia, lo que inevitablemente reaviva lecturas políticas y emocionales dentro del entramado familiar.
Los herederos elegidos por Irene de Grecia
La principal beneficiaria de la herencia fue Irene Urdangarin, quien no sólo comparte el nombre con la princesa, sino que además era su ahijada y mantenía con ella una relación especialmente cercana. Detrás de ella se ubican el resto de los hijos de la infanta Cristina, quienes también formaron parte del círculo íntimo de Irene en sus últimos años.

El gesto resultó aún más elocuente durante el funeral: tanto Irene Urdangarin como Victoria Federica tuvieron un rol destacado al portar los almohadones con las condecoraciones de la princesa, un detalle cargado de simbolismo que reflejó la cercanía emocional entre la tía-abuela y ese sector de la familia.

La exclusión de Leonor y Sofía —llamativa por su rol institucional como herederas al trono— vuelve a poner bajo la lupa las fracturas silenciosas dentro de la Casa Real. Aunque puertas afuera se mantenga la imagen de cohesión, la herencia de Irene de Grecia deja en evidencia que, incluso en la despedida, las decisiones personales pueden resonar como gestos políticos y profundizar viejas grietas que nunca terminaron de cerrarse.

Fotos: Fotonoticias
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