Una despedida íntima y silenciosa: cómo fueron los últimos días de la reina Sofía junto a su hermana menor Irene – GENTE Online
 

Una despedida íntima y silenciosa: cómo fueron los últimos días de la reina Sofía junto a su hermana menor Irene

La muerte de Irene de Grecia en el mismo palacio donde vivía junto a su familiar cerró una de las historias de hermandad más sólidas de la realeza europea.
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Desde hace años, en los pasillos del Palacio de la Zarzuela se hablaba de ellas como un binomio inseparable. Pero en los últimos días, ese vínculo entre la reina emérita Sofía y su hermana menor, Irene de Grecia, adquirió una dimensión aún más íntima y conmovedora.

Según reconstruyeron distintos medios españoles especializados en la Casa Real, las jornadas previas a la muerte de Irene estuvieron marcadas por el silencio, la compañía constante y una decisión profundamente simbólica de la emérita: no separarse de su hermana hasta el final.

Con un deterioro cognitivo agravado y al lado de su hermana Sofía, así fueron los últimos días de Irene de Grecia

El deterioro cognitivo que Irene de Grecia arrastraba desde hacía años se había agravado de manera evidente en las últimas semanas. La princesa ya no reconocía a su entorno ni conservaba recuerdos, había perdido incluso funciones básicas y permanecía postrada en la cama.

De izquierda a derecha: Felipe VI, la princesa Leonor, Doña Sofía, la infanta Sofía, Letizia Ortiz y la princesa Irene de Grecia (su último verano en Mallorca con la Familia Real de España).

En ese sentido, desde hacía meses, la Casa Real había optado por preservar su intimidad y no exponerla públicamente: en el último año no participó de ningún encuentro familiar ni acto institucional. Los médicos, conscientes de la gravedad del cuadro, anticipaban un desenlace cercano.

Ante ese escenario, la reina emérita optó por aplazar toda su agenda oficial. No hubo compromisos, actos ni apariciones públicas. Su prioridad fue una sola: acompañar a Irene en sus últimos días, en la residencia que compartían dentro de la Zarzuela desde hacía décadas.

El gesto de la reina emérita Sofía para con su hermana Irene

Para Sofía, la situación resultó devastadora. Irene no fue sólo su hermana: fue su confidente, su sostén emocional y la persona que nunca se apartó de su lado, incluso en los momentos más difíciles de su matrimonio con Juan Carlos I.

Fue ese vínculo, forjado en décadas de convivencia y lealtad silenciosa, el que explicó la firme decisión de la emérita de no dejarla sola.

De acuerdo con testimonios dentro de la Corona, la reina emérita pidió que colocaran una cama junto a la de Irene para poder pasar las noches a su lado y acompañarla en todo momento.

Sobre el miedo más grande de Sofía en los últimos días de su hermana Irene, trascendió: "La sola idea de ausentarse le generaba una culpa imposible de sobrellevar".

Según remarcan la prensa especializada en la Familia Real de España, no lo hizo por una cuestión simbólica, sino por una necesidad profunda: Irene ya no recordaba nada, pero Sofía sí. Y "la sola idea de ausentarse le generaba una culpa imposible de sobrellevar", consciente de que su hermana jamás la abandonó y que dejó de lado sus propios deseos.

De hecho, trascendió que Felipe VI y las infantas Elena y Cristina intentaron convencerla de tomarse un respiro, de cambiar de aires para proteger su salud emocional. Sin embargo, la reina emérita se negó. Su prioridad fue clara: quedarse con Irene hasta el final y devolverle, aunque fuera en silencio, una parte de todo lo que había recibido de ella.

La abnegada vida de Irene de Grecia: una de las historias de hermandad más sólidas de la realeza europea

Irene de Grecia nunca formó una familia propia. No se casó ni tuvo hijos y eligió adoptar como suya la familia de su hermana. Vivió durante décadas en una habitación sencilla de la Zarzuela, compartiendo viajes, rutinas y una vida cotidiana marcada por la discreción. Su papel fue siempre el de un apoyo constante, sin protagonismos ni gestos grandilocuentes.

La muerte de Irene, ocurrida en la mañana del 15 de enero en el mismo palacio donde vivía junto a Sofía, cerró una de las historias de hermandad más sólidas y silenciosas de la realeza europea. Para la reina emérita, fue la despedida de mucho más que una hermana: fue el adiós a su compañera de vida, a esa presencia leal que nunca la soltó de la mano y a la que ella, esta vez, decidió no soltar hasta el último suspiro.

Sofía e Irene marcaron una de las historias de hermandad más sólidas y silenciosas de la realeza europea.


 
 

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