El caso de Noelia Castillo Ramos conmueve a España y vuelve a poner en el centro del debate la eutanasia. La joven, de 25 años y oriunda de Cataluña, llevaba más de un año y medio esperando acceder a la prestación de ayuda para morir. Finalmente, tras un fallo favorable del Parlamento catalán, se confirmó que recibiría la eutanasia este jueves.
En las horas previas, su historia volvió a tomar relevancia pública a partir de una entrevista televisiva en la que ella misma habló del proceso, de sus padecimientos y del profundo conflicto que su decisión generó dentro de su familia. Su padre, incluso, había intentado frenar la medida en los tribunales con el respaldo de la organización Abogados Cristianos.
Pero fue el testimonio de su madre el que terminó de exponer la dimensión humana detrás del caso.
“Han sido tres años de altibajos, he estado rezando, pensando si ella en el último momento dice: me arrepiento. Si ella no quiere vivir, yo ya no puedo más”, expresó, con la voz quebrada, en una de sus intervenciones públicas.

Una despedida atravesada por el amor y el conflicto
En otro video difundido por Abogados Cristianos, la mujer dejó en claro su postura en contra de la eutanasia, aunque también reafirmó su decisión de acompañar a su hija hasta el final.
“Soy la madre de Noelia Castillo. Mi hija es parapléjica, ella no es tetrapléjica. Mi hija es totalmente autónoma: se ducha sola, se peina, se maquilla, se viste sola”, comenzó aclarando, visiblemente molesta por versiones que circulaban sobre el estado de salud de la joven.
Con indignación, agregó: “Están diciendo unas barbaridades de ella, que me la estáis matando antes de tiempo. Me han llegado a dar el pésame. Dicen barbaridades, dicen mentiras”.
En su relato, también reconstruyó la vida de Noelia desde la infancia, marcada —según contó— por el acompañamiento familiar y distintas dificultades emocionales.
“Yo la he llevado al colegio por las mañanas; me he dedicado en cuerpo y alma a mis hijas. Por las tardes nos íbamos a la biblioteca a estudiar. Hizo gimnasia rítmica, natación, ganó un concurso de dibujo”, recordó.

El trasfondo de una decisión límite
La madre también habló de momentos complejos que atravesó la joven a lo largo de su vida. “Desde pequeña ha ido a psicólogos, a psiquiatras. Cuando fue más grande estuvo internada, también en un hospital de día. Yo he estado por ella todo lo que se ha podido y más. Su padre también”, aseguró.
Aun así, dejó entrever su desacuerdo con la decisión final de su hija: “Yo pienso que ella no lo ha dado todo, pero bueno, lo dejo ahí. Ese es mi pensamiento”.
El cierre de su testimonio resumió el tono de toda su intervención: una mezcla de dolor, fe y aceptación.
“Yo no quiero que ella desviva. Yo quiero que ella viva. Voy a estar con ella hasta el final y tengo fe que hasta el último momento ella diga stop”, dijo la mujer.
Mientras tanto, la historia de Noelia Castillo quedó instalada como uno de los casos más sensibles y debatidos en torno al derecho a morir dignamente. Una decisión personal, atravesada por lo legal, lo ético y, sobre todo, por los vínculos más profundos.
