A días de la aparición de Esmeralda Pereyra López, la investigación dio un giro tan inesperado como inquietante. La Justicia de Córdoba comenzó a poner el foco en su entorno familiar, algo que antes parecía impensado, tras detectar inconsistencias, movimientos sospechosos y elementos que, para los investigadores, descartan que se haya tratado de un simple extravío.
El punto de inflexión fue el lugar donde la nena de 2 años fue encontrada: un sector que ya había sido rastrillado al menos tres veces sin resultados antes de que a ella la encontraran. Esa situación encendió las alarmas y reforzó una hipótesis cada vez más firme: Esmeralda no habría llegado sola hasta allí.

Mensajes borrados y celulares bajo análisis
La fiscal de instrucción Silvana Pen encabezó una nueva etapa de la causa, centrada en el análisis tecnológico. En ese marco, se secuestraron celulares de familiares directos y otras personas del entorno. Según trascendió, la desclasificación de esos dispositivos reveló un dato clave: la existencia de mensajes borrados en las horas previas y posteriores a la desaparición.
Ahora, los investigadores trabajan “cuadro por cuadro” con cámaras de seguridad y analizaban si esos mensajes eliminados tenían relación directa con lo ocurrido o si respondían a otras situaciones.
Otro elemento que generó sospechas fue que, entre el momento de la desaparición —alrededor de las 14:30— y la denuncia policial, cerca de las 16, alguien en la vivienda habría descartado plantas de marihuana antes de la llegada de las autoridades.
Según lo trascendido estas serían los movimientos que los investigadores analizan para saber si sus familiares o allegados tuvieron algún tipo de rol en su desaparición.
Las pruebas que dan cuenta de que la niña no estuvo sola durante su desaparición
A la par del análisis digital, dos evidencias físicas reforzaron la teoría de una posible intervención de terceros. Por un lado, el detalle del “body” que llevaba puesto Esmeralda: según relató su madre, la prenda estaba colocada al revés al momento del hallazgo, algo que los investigadores consideran improbable para una niña de esa edad.

Por otro, el estado de sus pies. A pesar de haber desaparecido descalza en una zona de monte tupido, con espinas y piedras, no presentaba heridas ni signos de haber caminado por ese terreno. Tampoco mostraba síntomas de deshidratación ni de haber pasado la noche a la intemperie.
Estos indicios llevaron a los especialistas a descartar que la nena haya deambulado sola durante esas casi 20 horas. Con estos elementos, cobró fuerza una hipótesis central: Esmeralda habría sido trasladada y luego dejada en el lugar donde finalmente fue encontrada.
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