Cuál es la verdadera historia de la Floralis Genérica, que costó entre 4 y 6 millones de dólares, fue donada por un legendario arquitecto argentino y acaba de recuperar sus pétalos gigantes dañados – GENTE Online
 

Cuál es la verdadera historia de la Floralis Genérica, que costó entre 4 y 6 millones de dólares, fue donada por un legendario arquitecto argentino y acaba de recuperar sus pétalos gigantes dañados

Floralis Genérica
Se inauguró en 2002, tiene 20 metros de altura, está realizada en acero inoxidable y aluminio y pesa 18 toneladas. Controlada por un sistema hidráulico y células fotoeléctricas, fue la primera escultura en movimiento de la Ciudad. ¿Cómo se organizó el puntilloso megaoperativo que le hizo recuperar su fisonomía, diezmada tras el cruento temporal de 2023?
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-¿Vio que la Floralis Genérica tiene como los movimientos de una mujer? -le comentaba pícaro su creador a GENTE, una mañana otoñal de 2002.

-¿Por qué lo dice, Catalano? (nos hacemos los desentendidos, para estirar la lengua del entrevistado).

-Eeeee... mejor déjelo ahí. Yo me entiendo (se hacía el misterioso: linda treta para sacar a relucir medio siglo de reportajes y cátedras y espantar segundas intenciones de curiosos cronistas).

El ida y vuelta entre el entrevistado (precisamente Eduardo Catalano; arquitecto) y Revista GENTE se daba cita el lunes 15 de abril de 2002, al día siguiente de que la Floralis Genérica extendiera al público su media docena de pétalos para convertirse en la primera escultura en movimiento de la Ciudad de Buenos Aires y a la vez dejara a todos boquiabiertos con su belleza e imponencia visual. A saber:

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La Floralis Genérica en estos días, ya restaurada. Su nombre es un homenaje a todas las flores de nuestro país.

La de una delicada mole de 23 metros de altura (abierta, con un diámetro de 32 y cerrada, de 16) y 18 toneladas (esqueleto de aluminio recubierto con chapas de acero inoxidable), erigida dentro de una fuente de 44 metros de diámetro y 15 centímetros de espesor, secundada por caminos y senderos perimetrales de tres mil metros cuadrados, y llamada a ganarse la eternidad urbana porteña. Incluso a fuerza de inconvenientes...

Como aquel devastador temporal que la azotó el 17 de diciembre de 2023 y, con ráfagas de viento que superaban los 100 kilómetros por hora, aplastó autos, bloqueó calles enteras, sacó árboles de raíz y, claro, hirió de muerte dos de los pétalos de la obra argentina póstuma de Catalano. Hecho que hoy, dos años después, al ser reconstruidos y reinstalados, nos regala la mejor excusa de recordar aquella entrevista a su creador, que el tiempo dejó plasmada en los archivos de GENTE y ahora, acompañada por imágenes del reciente proceso de recuperación actual, recordaremos:

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Creada y donada por el arquitecto argentino Eduardo Catalano, la Floralis Genérica fue inaugurada en 2002 y es reconocida por sus seis pétalos de acero inoxidable y aluminio: una estructura total que pesa 18 toneladas y alcanza más de 20 metros de altura. 

"Pícaro -decíamos en el arranque de aquella crónica- desde el par de zapatillas negras hasta el último mechón de cabello cano, pasando por sus ojos verdes; muy puntual, algo cascarrabias y nada petulante, el arquitecto Eduardo Catalano (1/12/1917; dos hermanos y dos hijos; porte inglés, humor estadounidense y sensibilidad argentina), por aquellos días rodeaba de la Plaza de las Naciones Unidas, en la Recoleta, como un padre la cuna de su bebé. Bebé, para el caso, digno de Gulliver.

El 17 de diciembre de 2023 un incontrolable temporal provocó el colapso de dos de sus pétalos. La Ciudad realizó entonces un análisis estructural de la obra. Para su resguardo, fueron trasladados al predio de Infractores de Tránsito, detrás de la Facultad de Derecho, cerca de la Plaza de las Naciones Unidas. En octubre de 2024 se abrió una licitación para realizar los trabajos de restauración. Para enero del 2025 los pétalos dañados fueron cargados con el apoyo de una grúa pluma de gran porte sobre camiones carretones y trasladados hasta la planta industrial ubicada en la ciudad de Baradero, para su reparación. Aunque aquel traslado fue posible por tierra, las dimensiones de los pétalos enteros ya restaurados imposibilitaban su retorno a la Ciudad por las vías terrestres disponibles. 

"La proyecté durante un atardecer primaveral. Me encontraba en el jardín de invierno de mi casa, cuando descubrí que una flor comenzaba a cerrarse. Tomé la lapicera y dibujé. Así de fácil", mentía respecto de lo último. "Acertó -pronto regaría la duda del periodista-. En verdad consumarla significó un dolor de cabeza. Fueron dos años y medio de sueños y frustraciones. Noches de pesadillas y desvelos. No ha sido fácil, me corrijo", se corregía.

-Pregunta de Periodismo l. ¿Por qué lo hizo? -le consultábamos

-Cada ciudad del mundo posee su símbolo: la Torre Eiffel en París, la Esfinge de Giza en El Cairo, la Estatua de la Libertad en Nueva York. Sin embargo, ninguna de ellas cambia de expresión y todas carecen de esa voz que lleva el silencio poético de la ciudad. Mi objetivo es que la flor lleve el silencio de mi ciudad, porque son las flores las que convierten a la tierra negra en poesía.

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El megaoperativo para trasladar los pétalos ya reconstruidos se replicó de la misma manera para cada uno de ellos (en octubre y noviembre del año pasado). En la planta industrial de Baradero, la pieza recuperada fue izada con una grúa de gran porte y cargada sobre un camión carretón, diseñado para soportar su peso y sus dimensiones. Trasladado al puerto local, se embarcó para su transporte a través del Río Paraná, rumbo a Buenos Aires.

-En buen romance, le quiere soplar el puesto al Obelisco.

-(Risas) De ninguna manera. Deseo movilizar a los miles de compatriotas que pasen cerca. La escultura se cierra y se abre. Una metáfora. Me encantaría transformarla en un símbolo de la esperanza. Siempre hay esperanza.

También tras su esperanza (estudiar en un principio, crecer como profesional, después) en 1944 Catalano había cambiado de hemisferio. Previo paso por la Universidad de Carolina del Norte, adonde en 1951 lo llamaron para que enseñara, voló al famosísimo MIT (Massachusetts Institute of Technology) contratado como profesor de Arquitectura -obvio-, radicándose de manera definitiva en Cambridge.

Tal como consignaba la nota de GENTE, la flor computarizada abrió sus pétalos el sábado 13 de abril a las 14:25 sobre el costado de Avenida Presidente Figueroa Alcorta 2301, en medio de Canal 7 y la Facultad de Derecho. Asistieron, entre 500 invitados, el jefe del Gobierno Aníbal Ibarra, y la vice, Cecilla Felgueras. Para concretar su escultura, al creativo Catalano se le sumaron la fábrica de aviones Lockhead Martin Aircraft (cordobesa, confeccionó las piezas) e lezzi Hnos S.R.L. (bonaerense, cooordinó la obra y estuvo a cargo de ella). Todo industria nacional.

"No esperé a que la madre naturaleza me retirara: allá por el 77 renuncié solo y solito. Aunque recién ahora, a los 84 años, me siento capacitado para educar”, opinaba humilde. Lo curioso es que aquel viejo terreno norteamericano de 550 metros cuadrados comprado décadas atrás, y donde en esos tiempos residía Catalano, abundaba en etectos visuales capaces de impresionar el mismo David Copperield. Como muestra gratis, el hombre dibujaba un boceto en la libreta del redactor y le explicaba de qué manera se las arregló para construir su casa rompiendo el típico estilo conservador de las construcciones locales. Sus ideas parecían simples, igual que parecía simple el fútbol cuando lo jugaba Maradona.

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Luego de recorrer más de 150 kilómetros por el río Paraná y el Río de la Plata, cada pétalo -siempre por separado- arribó al Puerto de Buenos Aires. Allí, con la asistencia de una grúa, fue descargado y colocado sobre un nuevo camión carretón preparado para cubrir el tramo final del recorrido por tierra.

Adentro de “my home” -añadía- coleccionaba compactos de música clásica. “No olvide escuchar al pianista Daniel Barenboim, director de la Sinfonía de Chicago y marido de Jacqueline Du Pre, la mejor violonchelista que jamás conocí”, invitaba quien para la apertura de la Floralis Genérica había elegido los sonetos de Las cuatro estaciones (de Antonio Vivaldi), diseñando personalmente el programa y contratando sin intermediarios a la orquesta de cámara de Haydée Francia y a la solista Sigrid Fuchs. “Las muchachas talentosas le aportan su color especial a cualquier inauguración”, afirmaba Catalano.

-¿Es cierto que en cien por ciento de de los 4, 5 ó 6 millones de dólares que demandaron la obra y la organización salió de su bolsillo, o alguien soñó de más? -le consultó por aquellos tiempos GENTE.

-Es cierto, aunque en lo personal prefiero evitar hablar de cantidades. No me arrepiento un segundo.

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De madrugada, una vez que las condiciones de tránsito lo permitieron, el convoy avanzó desde la zona portuaria hacia la Plaza de las Naciones Unidas, en Recoleta, donde se encuentra la estructura de la Floralis. Dadas las dimensiones de la pieza, así como las condiciones urbanas del recorrido, se definió una operación logística de alta precisión, coordinada entre diversos organismos técnicos e institucionales. El plan contempló intervenciones puntuales en distintos sectores del trayecto desde el puerto: cortes temporales de cartelería, giros de semáforos y señalética vial, podas de ramas, elevaciones de cables y la construcción de un camino doble de madera que facilitó las maniobras y el acceso.

-Pregunta de Periodismo Il. ¿Y si en lugar de la Floralis Genérica levantaba y donaba un par de barrios para los numerosísimos sin techo del país?

-Admito que podría haber tomado ese camino, que podría haber comprado un barco e ir a navegar por el Mediterráneo y que podría haber entregado mi dinero a la investigación del cáncer, etcétera. Pero mejor no. Nunca se sabe cómo manejan los fondos las autoridades. Existe un porcentaje destinado a partidas de gastos generales que resulta imposible de controlar, un toque de corrupción inmanejable. Mire si a los cinco meses me encuentro algún colaborador del proyecto vacacionando con su mujer en Londres, ¡y financiado por mí! Al comandar yo los detalles enormes y los detalles chicos no encuentro dinero sucio dando vueltas.

Finalizados ambos traslados, se replicaron las tareas que concluyeron con el montaje de cada pétalo restaurado. La imagen superior muestra el primero cómo se colocó el primero reparado, en octubre de 2025.

-Dinero sucio, no, pero, ¿y si algún que otro vándalo intenta lastimar a la flor atacándola, pintándola con aerosoles o 'regándola', y no precisamente con agua?

-Apague el grabador -nos solicitaba.

-Okay.

-... No lo apagó, amigo.

-¡Uy, perdón! Pensé que sí.

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Imágenes del trabajo de restitución del segundo pétalo, en la primera quincena de noviembre. 

(Entonces don Catalano enumeraba las previsiones secretas que tomó, y exigía, casi obligándonos a apoyar nuestra mano derecha sobre una Biblia, que guardemos silencio. Luego agregaba que no dejó punto librado al azar, y nos pedía que le saquemos la pausa al grabador).

-... Hasta calculé la altura de las pasarelas para que los chicos pudieran disfrutar la escultura sin necesidad de reclamar una silla. Los chicos, y las damas de escaso centimetraje. Trato de despojarme del típico machismo norteamericano.

Floralis Genérica
"La Ciudad celebra la recuperación de uno de los íconos que más nos representa en todo el mundo, una obra que restauramos con técnicas propias de la industria aeroespacial y que ahora vuelve a brillar como nunca antes", sostuvieron día atrás el jefe de Gobierno, Jorge Macri, e Ignacio Baistrocchi, ministro de Espacio Pùblico e Higiene Urbana, durante la reinauguración de la Florelis Genérica, en medio del festival gastronómico y musical en el que se presentó la restauración de la Floralis Genérica.

-Nombró las palabras "mujer", "muchachas", "dama". ¿Usted está casado? -le preguntamos en la cuenta regresiva de aquella entrevista.

-Divorciado.

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A los 84 años y tras dos y medio ideándola, Eduardo Catalano (nacido el 19 de diciembre de 1917 en Buenos Aires y radicado desde 1951 en los Estados Unidos) ya había diseñado, por ejemplo, la embajada norteamericana en nuestro país y en Johannesburgo y la Escuela de Música del Lincoln Center de Nueva York, y escrito La constante, un lúcido libro en su materia. “Ahora me di un gran gusto con la flor de la Plaza de las Naciones Unidas”, a la vez disfrutaba la inauguración de su escultura ecológica que ofrendó "por amor a mi tierra y a su gente". Ocho años después (un 28 de enero de 2010), a los 92, fallecería
en Boston, Massachusetts.

-¿Y no será que en realidad lo suyo con la Floralis Genérica se trata de un homenaje, de un piropo a la belleza femenina nacional?

-Quizá. ¿Acaso la Ciudad de Buenos Aires no es mujer?

Fotos: Diego García y gentileza del GCBA
Agradecemos a Candela Petech y a Inés Barbitta (buenosaires.gob.ar)



 
 

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