Había terminado la nota, con sus fotos y su reportaje correspondientes. Llegaba la hora de los saludos y agradecimientos por el tiempo y el respeto que nos habían dispensado Robert Duvall y Luciana Barroso, cuando el equipo periodístico se aprestaba a partir hacia una ducha veloz, para cerrar la jornada cubriendo la Fiesta del Verano de GENTE.
Sin embargo, apenas mencionarle el tema a los entrevistados, un cruce fulminante de miradas sin palabras entre el reportero gráfico Fernando Arias y quien escribe bastó para la incursión. Al fin, que uno de los grandes actores del planeta del siglo XX y su mujer argentina se negaran no volvería menos valiente la aventura.
-Perdón, y sin compromiso de ningún tipo -improvisamos con escasas esperanzas, acaso como un reflejo para quedarnos tranquilos de intentarlo-, pero si tienen ganas de pasar una linda noche en un lugar de ensueño, con celebrities y personalidades rioplatenses, desfile, exquisiteces y lindo ambiente, nuestra revista hoy organiza su histórica Fiesta del Verano y...
-¿Una fiesta? -preguntó sorprendido Duvall-... ¿Nos están invitando?
-Más que invitarlos, sería un honor contar con ustedes.
-¡¿Qué te parece, amor?! -miró de repente a Luciana.
-GENTE suele hacer estas fiestas durante enero -sumó ella-, y la verdad es que son muy buenas.
-Vamos, entonces. Nadie tiene derecho a perderse una "fiesta muy buena" -el actor tomó las palabras de su chica, sonrío, nos agradeció, pidió los datos de horario y ubicación y extendió la mano saludándonos hasta "más tarde".
DURANTE EL DIA: "SOY EXTRANJERO POR FUERA, PERO POR DENTRO ME SIENTO DE LA ARGENTINA. ¡MIRÁ CÓMO PRONUNCIO 'FE-RRRRO-CA-RRRRIL'!"

“¡Guaaau!", argumentaba él con la más universal de las onomatopeyas apenas finaliza su sesión de tal chi. ¡Guaaaul -decía él, porque hacía veintiocho grados de temperatura en el ambiente y el océano planchado de La Mansa apenas acaricia las rocas. ¡Guaaau! -repetía él, porque pocas veces vio una caída de sol como aquella. Y ¡Guaaau! -sentenciaba él, en especial, porque a sus espaldas acompañaba cada movimiento la mujer que amaba... Él era nada menos que el legendario actor Robert Selden Duvall, de paso por el Este (había llegado como la gran figura del Tercer Festival de Cine, organizado por la intendencia de Maldonado, para presentar El apóstol), junto a su pareja, la argentina Luciana Pedraza. ¡Guaaau!, sí: tremenda pareja.
-Practico tai chi desde 1998 -le contaba durante el día el estadounidense a GENTE-. Me lo recomendó un muchacho que conocí… No recuerdo su nombre -pensó, se disculpó y continuó-. "Por su actividad profesional -supo aconsejarme-, la exposición y el estrés que representa, le sugiero acérquese a las artes marciales: karate, judo o el que sea. Se va a sentir como nuevo”. Entonces no dudé. Y aquí me ve.
-¿Cambió las clases de tango por las de tai chi?
-No, no -intervenía Luciana-. Es un complemento.
-El tango no se cambia por nada, pebete -de repente Duvall imitó a Gardel-. Digamos que mi intención es unir a Occidente y Oriente. El tango es porteño; el tai chi, de origen taoísta, chino... Miento (desandaba su ocurrencia): mi intención es sentirme bien de salud.
-... Y bien de juventud. Según nos informamos por ahí los ejercicios de tai chi, basados en la respiración abdminal, oxigenan la sangre y prolongan la vida.
-Es real -contestaba-. Por eso yo con 69 inviernos encima... Te la sintetizo: El amor, mi trabajo y el tai chi me mante joven, ¿no, querida?

- Tan joven como yo, que sumo 27 -respondía Pedraza, inspirando la carcajada de ambos-. Igual, deberías cuidarte de insistir con ese asado jugoso, casi crudo, por el que perdés la cabeza.
-Bueno, de tu tierra lo único por lo que no perdí la cabeza es el mate -afirmaba Robert-. Los sitios, la comida... Hasta me enamoré de una morena de ojos castaños como vos -arriesgaba el modismo-. Soy extranjero por fuera, pero por dentro me siento de la Argentina. ¡Mirá cómo pronuncio "fe-rrrro-ca-rrril!.
-Tus ojos celestes me gustan más... -replica ella-. Lástima ese malhumor que suele atacarte.
-Bueno, yo siempre sostuve que sos sensata, compañera, inteligente, etcétera, y que tu único defecto era... yo -completaba galante, Duvall.
-Antes de que la escena siga avanzando hacia caminos indomables, preguntamos: ¿Llegó la hora de planear casarse, tener un hijo, adoptar...? Ya pasaron cuatro años de noviazgo desde que se cruzaron en una panadería de Buenos Aires ¡y ella no lo reconocío, Robert!
-Jajajá -se tentaba él.
-Tales posibilidades no están en los planes -apuntaba Luciana-. Vivimos perfecto así.
-Nuestros objetivos -se adelantaba el intérprete- son: los de mi mujer, terminar de escribir un guión que le encargué sobre los collas para un filme que quiero dirigir, ayudar a los chicos que pasan hambre en el norte argentino y manejar mi agenda, como siempre, de manera magistral.
-... Y para el señor -ahora añadía Pedraza-, ponerse a armar una película sobre tango.
-¿Juntos? ¿Nada juntos?
Los dos: Viajar medio año y disfrutar de nuestra estancia en Virginia, a 45 minutos de Washington DC; pero, en especial, seguir tan enamorados como hasta ahora. ¿Te parece poco, pibe? -cerraba aporteñándose el incomparable intérprete.
DURANTE LA NOCHE: "ESTA FIESTA DE GENTE NO TIENE NADA QUE ENVIDIARLES A OTRAS DEL MUNDO"

Lo dicho, luego de la entrevista y tras aceptar la invitación para asistir a la Fiesta de GENTE de la noche, Duvall y Pedraza se hicieron presentes en el Madison, el resort superexclusivo de La Barra, donde -sin excepción alguna- cada invitado (empresarios, celebridades, modelos y. demás), al descubrirlo, se formulaba la misma pregunta en tono entre imperativo e interrogativo: "¡¡¿Es él?!!".

Y sí, era nomás el inolvidable actor de Matar a un ruiseñor (1962), MASH (1970), El padrino (1971), El padrino II (1974), Apocalypse Now (1979; que le valió el premio BAFTA), Gracias y favores (1984, que le representó el Oscar), Días de trueno (1990), Stalin (1993; que le significó uno de sus cuatro Globo de Oro), Una acción civil e Impacto profundo (1998)... y así podríamos seguir un largo rato si es que pretendiésemos nombrar los 145 filmes en los que participó como actor, los 5 como director, los 14 como productor y los 4 como guionista, y las 67 nominaciones y los 61 premios que obtuvo.


Y allí estuvieron, en la gran Fiesta del Verano de GENTE, consumada el 21 de enero de 2000 desde las 21, entre 400 invitados, con la chacra Madison de La Barra, en Punta del Este, como escenario paradisíaco, como epílogo de un mes de trabajo que movilizó a cien personas -entre decoradores, DJs y sonidistas, mozos, custodios, modelos, publicistas, policías, public relations, fotógrafos y periodistas-, comprometidos a full con una causa esencial: homenajear y divertir a los personajes... Incluso a alguno que llegara de la Meca del Cine, como milagrosamente acababa de ocurrir con Robert Duvall y su mujer Luciana Pedraza.

Lo cierto fue que pocos se resistieron a la tentación de saludar a uno de las grandes de Séptimo arte, quien, entretando, elogiaba las bondades culinarias: "Exquisito el asado, exquisitas las piernas de ternera y los chorizos. Soy de buen comer, reconozco”, le comentaba al empresario Pacha Cantón al tiempo que le preguntaba precios de terrenos en Uruguay. “Es tremendo con la comida. No saben -confesaba Pedraza-. Mientras almuerza, piensa en la va a cenar. Un glotón. Eso sí, cuando le preguntás qué desea tomar, pide Coca light".

Pasada la medianoche, Robert Duvall y Luciana Pedraza agradecieron la hospitalidad a GENTE y a Pacho Cantón, explicaron que al día siguiente debían volar temprano hacia Vancouver, donde el actor filmaría El sexto día con Arnold Schwarzenegger, y emprendieron la retirada a pura sonrisa.
-¿... Y, qué les pareció la fiesta? -nos acercamos el periodista y el fotógrafo que por la tarde, luego de la producción de GENTE habíamos "osado" invitarlos.
Robert: Que nadie tenía derecho a perderse una "fiesta muy buena" -revivía la definición de su mujer.
Luciana: ¿No te dije? -agregó ella saludando cálida al equipo.
Robert: Nosotros vamos a fiestas en todas partes del mundo y, les aseguro de corazón que ésta de GENTE no tiene nada que envidiarles a aquellas -extendió la mano Duvall para despedirse "hasta la próxima".
Fotos: Archivo Grupo Atlántida ([email protected])
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Agradecemos a Fernando Arias


