En medio de un fuerte escándalo con cargadas críticas contra Flor Peña, la reconocida actriz accedió a darle un móvil al programa LAM (América TV), donde luego de detallar cómo vive este tenso momento, se quebró al aire. Dejando de lado el tono firme con el que suele plantarse y, frente a la pregunta sobre cómo lidia con las críticas constantes, no pudo evitar las lágrimas.

“Me acuerdo que le escribí a este periodista porque me criticaba porque no quería hablar… y me criticaba porque después intenté hacer chistes y me decía ‘No se le entiende. Está psicótica’. Y entonces yo le escribí y le dije ‘No tengo idea cómo manejar esto’. ‘No sé cómo se maneja algo así’. ‘No tengo idea cómo es. Lo estoy tratando de aprender’.” En su relato, esa vulnerabilidad encontró eco: “Y ahí bajó tres cambios. Me dijo ‘Perdóname’. Pero no era la época de hoy, entendés? Yo era la culpable de todo por haberme grabado…”.
La referencia no es casual. La emoción de hoy llega en medio de un nuevo foco de tensión: en las últimas horas, un recorte de una entrevista en Mil Vidas —donde Florencia Peña explica que elige vacacionar fuera del país para resguardarse del asedio que vive en destinos locales— se viralizó y encendió críticas. En el clip, usa un ejemplo concreto (“si me voy a Mendoza, tengo que bancarme que la gente me pida fotos, se sienta con derecho a tocarme, a abrazarme”) y describe la fama como “una mochila compleja”. Tras la ola de comentarios, salió a aclarar que no habló mal del público, que su planteo tiene que ver con ansiedad social y la necesidad de descansar sin exposición, y que el video está editado para sacar de contexto sus palabras: “Fue una jugada vil… recortan para que la gente odie”.
Y, ante la pregunta de Denise Dumas -panelista de LAM- sobre cómo pudo sostenerse, eligió un recuerdo que la sostiene: “Trabajé mucho conmigo y tengo una familia muy amorosa… Me acuerdo a mi papá llorando diciéndome ‘Flor, acá estamos’… ‘No hiciste nada malo, hija’.” Ese eje —la vulnerabilidad detrás del carácter— fue el corazón de su mensaje: “Detrás de esta mina llena de valentía, estoy yo con mis vulnerabilidades… A veces me cuesta bancar las cosas que dicen de mí”.
Ese cruce reabre una discusión que viene de lejos: el límite entre el cariño del público y la invasión del espacio personal de figuras que cargan décadas de exposición. En su descargo más amplio —y en sintonía con lo que hoy volvió a contar— Flor recordó que trabaja “desde los 14” y que a veces necesita ser anónima para recuperar aire. Reforzó, además, que no reniega de las fotos ni del saludo, pero que el recorte desfigura su idea original. En paralelo, medios y portales replicaron su desahogo con otro textual potente: “No me rompan más las pelotas… vean el video entero y después hablamos”
El recorrido reciente ayuda a dimensionar la capas de ese llanto. En 2021, Flor ya había enfrentado una embestida misógina por su visita a Olivos en plena pandemia: explicó que fue como trabajadora de la cultura, recibió respaldos públicos y planteó la doble vara con que se juzga a las mujeres. En abril de 2025, ante versiones sin sustento judicial que la mencionaron, se sentó en LAM y pidió frenar la reproducción de titulares falaces: “Esto hay que pararlo ya”, mientras se precisaba que no había causas en su contra.
A eso se suma el frente judicial por la filtración de su video íntimo (2012), que tuvo un fallo relevante en 2024: un juzgado civil condenó a dos editoriales por publicar imágenes del material sustraído y ordenó a los buscadores suprimir enlaces individualizados. En pantalla, Flor ya había descrito aquel hecho como un hackeo que la dejó “acusada y denigrada”, con el costo de denunciar links una y otra vez. La cronología no borra la herida: la violencia digital tiene cola larga y, cada vez que su nombre vuelve al centro de la tormenta, también vuelve ese daño.
En esa tensión —entre la vida pública ineludible y la necesidad privada de bajar la persiana— se lee su emoción de hoy. Flor Peña entiende que el escenario no se apaga: está en Mar del Plata con temporada teatral, expuesta y en diálogo con su audiencia; pero también reclama que el debate sobre figuras públicas y acceso al cuerpo incorpore matices y límites. Su llanto, más que un final, suena a pedido de contexto: uno que incluya los recortes, los recortes de los recortes… y también a la persona detrás del personaje.
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