"Yo siento el olor a milanesa frita y es el olor de la casa de mi abuela", con estas palabras, y recién consagrado campeón de MasterChef Celebrity, Ian Lucas (27) no sólo festeja un logro profesional: también abraza, con emoción, el recorrido que lo trajo hasta acá.
Detrás de las sonrisas a cámara, de los platos cuidados, de sus intensas clases de gastronomía y del fervor del público, hay una historia profunda, marcada por el esfuerzo, la familia y una infancia atravesada por desafíos que lo obligaron a crecer antes de tiempo.
Criado entre Lanús y Banfield, en el sur del Conurbano bonaerense, su identidad se forjó entre la cocina familiar, calles de barrio y vínculos que hoy siguen siendo su sostén y orgullo.

Los platos que llevó a la final del reality culinario (fainá, milanesa y arroz con leche) resumen su historia: vivió sus primeros años en la casa de sus abuelos, quienes ocuparon un rol central en su crianza. Creció entre milanesas, olores y sabores de hogar y juegos. Hasta que se mudó con sus padres y comenzó un nuevo capítulo que vivió entre altas y bajas, siendo aún muy chico.
Desde la mismísima cocina de Masterchef y con el trofeo a tan sólo unos metros, el joven influencer abre su corazón con GENTE y repasa los momentos que lo marcaron a lo largo de su vida: la separación de sus padres cuando tenía apenas 12 años, el rol casi paternal que asumió con su hermano menor y la necesidad temprana de salir a trabajar para ayudar en su casa y cambiar la realidad de los suyos. “Me hizo madurar muy rápido”, reconoce.
Hoy, con millones de seguidores y una carrera consolidada como creador de contenido, Ian no pierde de vista de dónde viene. Ha conquistado a sus seguidores en Argentina y otros países, como México, país que considera su segundo hogar, pero siempre vuelve a casa, al barrio donde creció y que sigue considerando su lugar seguro.
Su paso por el famoso programa de Telefe era un objetivo claro que había manifestado, incluso años atrás, antes de recibir la propuesta. Y terminó siendo un viaje emocional que lo conectó con sus raíces y con ese chico que cocinaba con su abuela, y más tarde para su hermano.

Las raíces de Ian Lucas: la infancia en Lanús y el especial vínculo con sus abuelos
-Uno de tus platos que te dio el título se llamó Cavour 4211, una dirección, ¿a dónde nos lleva?
-Es la casa de Remedio de Escalada, Lanús, donde me crié con mis abuelos, con mi abuelo Beto, mi abuela Lidia y bueno, con mi mamá. Yo pasaba mucho tiempo con mi abuela, compartía mucho tiempo con ellos en mis primeros 6 años de vida. Estuve mucho tiempo ahí. Mi papá es artista y bueno, viajaba bastante. Estaba en una época laboral muy fuerte y yo estaba mucho tiempo con mi abuela. Me iba a buscar al jardín, me cocinaba... Yo le decía, "Maabu", porque a veces me equivocaba, aún era chiquito y a veces le decía, "Mamá", así que terminé diciéndole "Maabu". Yo siento el olor a milanesa frita así y es el olor de la casa de mi abuela.
-Contaste que tus primeras recetas las aprendiste con tu abuela.
-Sí. La verdad aprendí mucho, todo lo que sé de comida y de resolver, lo sé de ella. Después mamá me enseñó algunos tips. Cuando ya yo estaba más grande, ella se iba a trabajar y yo me quedaba con mi hermanito menor. Lo iba a buscar al jardín y le cocinaba a él. Ahí salió la famosa milanesa que preparé en el programa. Era lo que más sabía hacer dentro de lo que había para resolver (risas). Y bueno, había veces que no estaban tan ricas y yo le decía a mi hermano: "Comés igual", y él no quería, a veces no quería. Pero yo insistía: "Che, vas a comer igual".

-Entonces, ¿tu plato favorito siempre fue la milanesa?
-Siempre que iba a la casa de mi abuela, ella me preguntaba: "¿Qué querés comer?", y yo respondía: "Milanesa, milanesa, milanesa, milanesa". Íbamos variando milanesa con papa frita, milanesa con puré, me iba cambiando la guarnición, ¿viste? Porque siempre quería las milanesas (risas). Después, bueno, algo que recuerdo mucho eran los gustos de mi abuelo en la cocina. En la final hice una fainá con anchoas porque era algo que le encantaba a mi abuelo Beto, que falleció. Es la única persona que conozco que comía pizzas de anchoa (risas). Él pedía pizza de anchoa y yo empecé a comer picante por él también. Tenerlo presente en un momento tan importante para mí, fue especial. Ese plato me lleva al abuela, a esa casa, a esos momentos con él.
-A tu abuela Lidia se la vio muy emocionada, ¿qué significa ella para vos?
-Creo que se transmitió en la pantalla la relación que tenemos. La adoro, la amo. Es una de mis personas favoritas en el mundo. Como dije, mi segunda mamá. Siento que me malcrió mucho (risas). Por eso aprendí a hacer todo desde muy chico y la abuela a todo me decía que sí. Le llevaba la contra a mi mamá. A veces se peleaban entre ellas porque ella era la que me malcriaba, me daba todo lo que quería.

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Su madre, Eliana, fue un pilar cotidiano: trabajadora, sostén emocional y eje del hogar tras la separación, cuando él tenía apenas 12 años. Su padre, Gustavo Enrique de Mendonça, más conocido como “Gustavito”, no sólo es el papá del joven influencer, sino también el líder de la banda Los Tulipanes, un grupo con más de 30 años de trayectoria en la escena tropical argentina. Su carrera artística implicó durante años viajes y una intensa agenda laboral, aunque, como el propio Ian destaca, nunca dejó de estar presente.
La separación de sus padres, lejos de ser un quiebre definitivo, implicó una reorganización familiar que lo encontró a él en un lugar inesperado: el de asumir responsabilidades mucho mayores a su edad. Su vínculo con su hermano menor, Teo, se volvió prioridad.

Ian empezó a buscarlo en el jardín, cocinarle y acompañarlo en la rutina diaria, ocupando un rol casi paternal. Entre platos improvisados, cuidados y complicidad, construyó un lazo que hoy sigue intacto. “Mi primer jurado fue mi hermanito”, recuerda con emoción, al tiempo que reconoce que esa experiencia lo obligó a madurar antes de tiempo y terminó moldeando no sólo su carácter, sino también su forma de amar y de estar para su gente.
-A otro de los platos de la final le pusiste Baliña 1946, ¿qué significa este lugar?
-Es mi infancia. Es la casa a la que me mudé a Banfield con mi papá, mi mamá y mi hermano. La verdad tuve una infancia muy linda. En el medio, mis papás se separaron, que es muy normal ahora en esta época. En ese momento tenía 12 años. Fue un momento que a mí me marcó mucho. Si bien, siento que fue la mejor decisión para ellos, a mí y mi hermano que éramos muy chicos, nos marcó. Más a mí que tenía 12 años, Teo tenía cuatro, así que no entendía mucho. En ese momento tal vez mi mamá y mi papá no se querían ver tanto, porque se peleaban, y yo en la casa tomé otro rol.

-¿Qué rol comenzaste a cumplir, porque aún eras chico?
-Mi papá nos dejó la casa a nosotros con mi mamá y mi hermano. Y si bien él siempre estuvo muy presente, en la casa tomé un rol que me hizo madurar muy rápido. Pasaba mucho tiempo solo con mi hermano y no estaba la posibilidad de tener una niñera, así que un poco tomé el rol de un papá. Mi abuela vivía en Lanús, entonces era difícil ir a Escalada seguido. Entonces yo iba a buscar a mi hermano al jardín, que me quedaba una cuadra y cuando volvíamos cocinaba para los dos. Recuerdo que hacía salchicha, puré, hasta que aprendí a hacer la famosa milanesa (risas).
-Tu hermano fue tu primer jurado.
-Totalmente. Mi primer jurado fue mi hermanito. Teo es todo para mí, es un orgullo enorme el que siento por él. Hoy en día lo veo con 19 años, mide 1,90 m, es un tipo enorme y me muero de amor.. Ya me cuida él a mí, pero para mí siempre va a ser mi bebé. El día que vino a cocinar conmigo al programa, me sentí consagrado. Recordé los videos de nosotros hace 10 años cocinando en casa, y estár ahora juntos en MasterChef, fue hermoso. Él está todo el tiempo. Me doy cuenta que habla de mí con orgullo. Le dice a los amigos: "Mi hermano está en MasterChef, mi hermano esto. Mi hermano lo otro".

De los días duros en familia a su mayor satisfacción personal
-Hace poco recordaste que cuando eras chico, tu mamá les dijo alguna vez que no tenía hambre, para dejarles comida. ¿Pasaron carencias económicas como familia?
-A ver... fuimos siempre una familia remadora. Gracias a Dios, nunca fuimos pobres, pero sí una familia de barrio. Mi mamá iba a trabajar y hay cosas que entendí de grande, que capaz de chico no me daba cuenta, como eso que decís. Por eso mi gran motor desde chico fue tener mi propia plata, para no pedirle nada a mi mamá ni a papá. No les quería pedir nada y a los 13 empecé a trabajar. Siempre que agarraba algo de dinero intentaba ayudar en casa, hacer alguna compra, pagar algún impuesto.
-¿Todo eso teniendo 13 años?
-Sí. Así empecé y eso me daba independencia y me hacía crecer rápido. Después a los 17 me fui a Italia a grabar una serie. Recuerdo que cumplí mis 18 años solo en un hotel, trabajando. Pero siempre fue así mi cabeza. Siempre tuve mucha disciplina y estuve enfocado en trabajar. Me motivaba ver que podía estar ayudando a mi familia también. Tuve momentos fuertes, que nos robaron, a mis abuelos dos veces los ataron, les pegaron para quitarles todo, y gracias a mi trabajo los pude sacar del barrio. A mi hermano me lo quisieron secuestrar en Banfield una vez y yo se lo saqué de las manos y me fui corriendo con él. Nos tocaron vivir cosas feas, pero por suerte a mis abuelos los pude mover a un barrio privado.
-¿Qué sentiste con ese logro?
-Te diría que fue un logro muy especial. Mi abuelo cuando falleció estaba en un barrio privado con seguridad, tranquilo. Sus últimos años de vida estaba bien y eso fue gracias a mi trabajo. Mi abuela, mi mamá y mi hermano lo mismo, pudieron estar mucho mejor. Muchas cosas lindas me ha dado mi carrera, y eso realmente me hizo sentir consagrado, porque les pude dar un apoyo económico. Y bueno, después que ya estaba eso cubierto que era mi gran objetivo, cambiar la realidad de mi gente, ahora era pensar cuáles eran mis objetivos personales... y en ese camino apareció la propuesta a MasterChef.

-En esa búsqueda de objetivos personales te fuiste a México, ¿cómo fue esa decisión?
-En México estuve 3 años viviendo. Allá vive uno de mis mejores amigos y formé una familia. Fui solo, en el sentido de que fui sin familia, sin nada, a un lugar nuevo. Es una cultura totalmente distinta. Y yo no paro de hablar de eso porque la gente siempre fue buena conmigo desde que llegué y no era conocido, hasta hoy en día que estamos llenando lugares de 30,000 personas. Siempre sentí el cariño de la gente que es súper cálida. Me hice muchos amigos, construí una familia ahí con Fede y con los chicos y estamos de gira hace más de 2 años y medio. Acá en Argentina hicimos un Vélez de 40.000 personas. Lo que se armó con ese grupo y la conexión que hay con la gente es tremenda.
-¿A eso te referías cuando decías que dejaste mucho para estar en MasterChef?
-Sí, por eso me quiebro cuando hablo de eso, porque la verdad es que yo estaba muy bien allá, en todo sentido. Cuando recibí la propuesta hablé con los chicos y me dijeron: "Amigo, si vas ganalo. No vayas a boludear. Mirá, nos estás dejando a nosotros acá. Andá y ganalo". Así que desde que llegué acá le decía a todos: "Yo voy a ganar". Por eso a los dos días ya tenía un libro, porque empecé rápido a estudiar. Practiqué muchísimo, miraba todo, escuchaba consejos, porque yo quería ganar, quería lograrlo.

El fenómeno digital de Ian Lucas: cómo llegó a tener más de 40 millones de seguidores
La historia profesional de Ian Lucas también empezó temprano y, como gran parte de su vida, está atravesada por las ganas de salir adelante. En plena adolescencia encontró en las redes sociales una vía de escape y, casi sin buscarlo, un camino, mientras atravesaba la separación de sus padres.
Sus primeros videos, cargados de humor, bromas y situaciones cotidianas, comenzaron a circular con fuerza entre el público más joven, que rápidamente se sintió identificado con su espontaneidad. Lo que empezó como un juego se transformó en una carrera: con el paso del tiempo, construyó una comunidad enorme en YouTube y expandió su presencia a otras plataformas, hasta convertirse en uno de los creadores digitales más convocantes de su generación de manera global.
Pero su ambición nunca se limitó a una sola pantalla. Con el mismo empuje con el que se abrió camino en las plataformas digitales, Ian fue dando pasos en otros territorios del entretenimiento: participó en televisión, incursionó en la actuación, exploró la música y llevó su contenido al escenario con shows en vivo que reunieron a miles de seguidores. Su llegada a MasterChef Celebrity no hizo más que amplificar ese recorrido: lo mostró desde otro lugar, más íntimo, y terminó de confirmar que detrás del fenómeno digital hay una historia mucho más profunda.

-¿Creés mucho en el poder de la manifestación?
-Muchísimo. Tengo un video que lo voy a subir dentro de poco, en el que estoy con un amigo cocinando en el año 2022 diciendo MasterChef, porque es un programa que siempre me gustó. Yo pensaba que siempre había hecho contenido familiar y este, justamente, era un programa familiar que a la gente le gusta, y que lo ve en el momento de la cena. Era una forma de entrar a la intimidad de los hogares argentinos. Compartís ese momento con la familia, porque es como que vos estuvieras sentado ahí en la mesa con ellos. Así que siempre manifesté que quería entrar.
-Se cumplió y lo ganaste, cosa no menor.
-Es impresionante. Veía el programa y decía: "Tengo que entrar a MasterChef Celebrity. Tengo que estar al nivel de que me llamen". Y estos últimos años, gracias a Dios, crecí muchísimo y cuando me llegó la propuesta dije: "¡Es una locura esto!". En mi cabeza ya había pasado. Pero siento que la ley de atracción no es sólo pensarlo, sino trabajar y dejar todo para que pase eso que tanto querés.
-¿Qué sentís al mirar atrás y ver todo el recorrido desde que creabas contenido con 13 años y ver ahora que ganaste el programa de tus sueños?
-Me emociona. Me acuerdo que con 13 años tenía matinés, hacía presencias en matiné por 2000 pesos (risas). Me iba a Mendoza en un micro, volvía, me iba a Rosario, volvía... me la rebuscaba siempre. Siempre me la rebusqué. Vendía entradas, anticipadas en Lomas, en mi barrio. Tenía likes en las fotos y usaba a esa gente que me seguía para vender entradas. Siempre como que trabajé mucho, en serio, pasé por muchas cosas que no estuvieron tan buenas, pero todo valió la pena.

-¿Qué cosas?
-Me he encontrado con gente mala en el medio, gente que se quiso aprovechar de mí siendo más chico, pero de todo se aprende. Hoy en día tengo un equipo de trabajo súper hermoso que me cuida. Vamos para adelante con todo. A mí me encanta abarcar todo. A mí me gusta hacer música, actuar, estar en un reality, hacer videos de YouTube. No me gusta que me relacionen con una sola cosa y gracias a Dios tengo una contención de amigos y de equipo, que me dicen que si a lo que propongo. Así que estamos en un muy lindo momento.
-Se dice fácil, pero, tener más de 40 millones de seguidores te lleva a un nivel de exposición tremendo. ¿Lo llegaste a sufrir en algún momento?
-Realmente siento que más que nada fue ahora en el programa, porque tal vez antes, yo mostraba lo que quería mostrar en mis redes, pero de la puerta para adentro había días que no tenía momentos tan buenos y a mí no me gusta que mi público me vea triste. Siempre me gustó transmitirle algo lindo a mis seguidores y que si alguien la estaba pasando mal, se ría conmigo. Todo el tiempo estoy haciendo bromas. De hecho, mi crecimiento más grande en YouTube fue por las bromas. Me encanta estar todo el día bromeando.
-¿Y en la tele con qué te encontraste?
-Acá en MasterChef también tenía mis días tristes, mis días que conecté con la comida desde lo emocional, y me llevaba a lugares donde me tocaban cosas personales. Yo me bloqueo, no me gusta que me vean llorar... Digo: "No, llorar en la tele no va, no va". Y sí, acá tocaron un lado que no había mostrado nunca y fue lindo. Me ayudó mucho desde ese lado.
MasterChef Celebrity: el sueño, la obsesión y la consagración
Cuando Ian Lucas cruzó por primera vez las puertas de MasterChef Celebrity, lo hizo con una mezcla de entusiasmo, curiosidad y una convicción poco habitual: no venía a probar suerte, venía a ganar. Se presentó frente al imponente jurado como creador de contenido, cantante y actor, pero también como alguien dispuesto a correrse de su zona de confort y enfrentarse a un terreno completamente nuevo.
En un certamen que comenzó con 24 participantes -figuras de distintos ámbitos del espectáculo-, su nombre despertaba interés, sobre todo entre las nuevas generaciones que ya lo seguían en redes, mientras que para el público tradicional era un descubrimiento.

A medida que avanzaban las semanas, sorprendió por su disciplina, su capacidad de aprendizaje y una determinación que lo llevó a tomarse cada desafío con seriedad absoluta. Así, el joven que muchos conocían por sus videos comenzó a construir una nueva imagen frente a millones de televidentes: la de un competidor sólido, emocional y auténtico, capaz de transformar una oportunidad en una verdadera consagración.
- ¿Cuál fue el mayor aprendizaje que te quedó de tu paso por MasterChef Celebrity?
-Me hizo crecer 103 años de edad mental en 6 meses (risas). El otro día vi un video de cuando entré y parecía mucho más inocente de como me voy ahora. Me hizo crecer en muchos aspectos. Entré a un ambiente que era bastante más intenso, más fuerte, con otro tipo de exposición en la vida personal y sí, me hizo ver cosas desde otro lado. Dije, "Uh, tengo que estar más fuerte en esto". Me puse un escudo más fuerte ahora. Siento que esta temporada fue única. El grupo que se armó, que salíamos todos los fines de semana y realmente nos llevamos increíble entre todos.
-¿Qué se siente tener ahora este título de MasterChef Celebrity?
-Estoy cayendo de a poco de todo lo que pasó, no solo en la final, sino en el transcurso de estos seis meses que fueron increíbles. Puse al programa como prioridad en todo sentido, todo el tiempo y bueno, la verdad dio sus frutos. Estoy muy feliz, por eso me emocioné en el react cuando supe el resultado.

-¿Cuál sentís que fue el desafío más grande en estos meses?
-Me costó mucho trabajo todo, haber llegado hasta ahí... me pasaron muchas cosas personales en el medio. Es un ambiente nuevo para mí, porque estaba en mi zona de confort, tranquilo, estaba muy bien, la verdad, con un público muy sano que cuido muchísimo. Y de golpe llegué a un ambiente totalmente nuevo, que era todo medio carnicería (risas). Se vive todo mucho más intenso, y yo sabía que estaba teniendo una exposición muy fuerte porque era el programa más visto, en el canal más visto. Así que me fui acostumbrando a algunas cosas, sabiendo llevar todos esos cambios y por suerte el resultado fue el mejor. Siento que el mayor desafío era conquistar al público más grande, al público que mira televisión.
-En el reality te acompañó un famoso librito donde anotabas todo. ¿Cómo hacías para tomar clases además de las grabaciones?
-Sí, es que imaginate, yo miraba MasterChef desde que era chico y llegar a estar cocinando acá era un desafío personal para mí, así que desde el principio supe que tenía que tomármeo muy en serio. Una vez que entré, dije: "Ahora hay que meterle con todo y demostrar por qué estoy acá, por qué me gané este puesto". Mi algoritmo de redes cambió completamente (risas). Eran todos videos de cocina, emplatados de Pinterest. Me mandaba videos con mi mejor amiga, con La Joaqui, me decía: "Amigo mío, si hacés esto, la rompés". Y de noche tomaba clases, llegaba del programa a veces muy cansado, pero cuando estaba con delantal negro o en aprietos practicaba uno, dos platos, tres emplatados. Las semanas de las finales que estábamos ahí cerquita, ya estaba más cerca del objetivo y dije: "Tengo que practicar y dejar todo". Había días que no daba más y descansaba, pero lo dejé todo en el programa.
-¿Es cierto que durante un mes viajaste todas las semanas entre Argentina y México para poder grabar?
-Sí, hay cosas que tal vez no me hizo falta contarlas, pero lo contó Grego en el streaming, habló del sacrificio que hacía. Y es que, hubo un mes y medio que sí teníamos shows todos los fines de semana en México donde yo ya estaba anunciado, así que me tocaba viajar. Terminaba de grabar toda la semana, me iba a Ezeiza, viajaba el viernes, llegaba el sábado, el domingo hacía el show, y me volvía lunes a la mañana, llegaba directo para el canal. Así fueron unos cinco fines de semana.
-Llegaste a la televisión, a MasterChef Celebrity, ¿ahora con que soñás?
-A partir de ahora no sé qué pueda llegar a venir, pero ojalá que pueda seguir trabajando en la televisión, me encantaría. Siento que conecté mucho con el público. Hacer videos para YouTube ya para mí no es un trabajo, es un hobby. Yo estoy acostumbrado a grabarme siempre. Siempre grabé mi vida con mi familia y a la gente le gusta. Entonces, eso lo voy a seguir haciendo. Ni loco lo dejo, porque hay una comunidad muy grande ahí que tal vez no mira tele y conecto mucho con ellos.

-¿Volverás a México?
-Puede ser que vaya a México... ya mi mejor amigo me anda reclamando. Tengo que volver sí o sí porque tenemos shows muy grandes allá. Bueno, el año pasado hicimos Vélez acá y hay un objetivo más grande en Argentina. Puede venir algo más grande todavía. Decían que no lo llenábamos y se llenó al toque, así que hay algo ahí dando vueltas también en cuanto a shows y música.
-¿Qué sentiste cuando supiste que finalmente eras el ganador?
-Desde el momento que llegué a la final, en ese momento sentí que gané y tener a mi familia ahí en frente, tener a toda la gente que quería. Fue un momento hermoso. Grabamos dos finales, así que después cuando me fui dije: "Che, no sé si gané" (risas). Y cuando nos avisan que íbamos a hacer el react en vivo de Telefe, dije, "Sí, obvio, lo hacemos". Y bueno, me enteré en vivo, me quebré, como ya viero. Fue muy emocionante.
Fotos: Rocío Bustos.
Video: Ramiro Palais.
Arte de tapa: Roshi Solano.

