Si hubo algo que definió el costado más íntimo de Isabel II, además de su rol institucional, fue su amor incondicional por sus perros de raza corgi. A lo largo de su vida, la monarca británica estuvo siempre acompañada por estos canes de patas cortas y carácter dócil, que se convirtieron en una marca registrada de su imagen pública. Al momento de su muerte, eran cuatro los que seguían a su lado: Muick, Sandy, Candy y Lissie.
Por eso, tras su fallecimiento, una de las grandes incógnitas fue qué sucedería con ellos. La respuesta llegó rápidamente: Sarah Ferguson, exesposa del príncipe Andrés, se ofreció para hacerse cargo de las mascotas. Sin embargo, en las últimas horas salió a la luz una versión que cambia por completo la lectura de esa decisión.
Según reveló el Daily Mail, el interés de la exduquesa de York no habría sido únicamente afectivo. Detrás de su acercamiento, aseguran, existía un plan tan inesperado como polémico: utilizar a los corgis de la reina con fines comerciales.

La descabellada idea que generó rechazo en la opinión pública
De acuerdo a lo publicado por el medio británico, Ferguson habría evaluado distintas formas de capitalizar la popularidad de los perros. Entre ellas, la posibilidad de llevarlos a la televisión e incluso criar nuevas camadas.
Pero lo que más sorprendió fue otra alternativa que, según el informe, también estuvo sobre la mesa: la clonación de los animales para luego comercializarlos.
La lógica detrás de este supuesto proyecto era clara: existen coleccionistas y fanáticos de la realeza dispuestos a pagar cifras elevadas por tener un ejemplar idéntico a los que acompañaban a Isabel II. No se trataría de simples descendientes, sino de copias genéticas exactas, algo que solo podría lograrse mediante este controvertido procedimiento.

La clonación de los perros de Isabel II: un plan difícil —y polémico— de concretar
El principal obstáculo para llevar adelante esta idea es legal. La clonación de mascotas está prohibida en el Reino Unido y gran parte de Europa, aunque sí es posible en Estados Unidos, donde incluso algunas celebridades han recurrido a esta práctica.
De hecho, según trascendió, Ferguson habría explorado contactos con laboratorios norteamericanos para avanzar en esa dirección.
El experto en realeza Richard Fitzwilliams, citado en el informe, calificó la idea como “grotesca y completamente extraña”, aunque deslizó que no le resulta del todo sorprendente, teniendo en cuenta los antecedentes de la exduquesa.

La filtración de este supuesto plan llega en un momento complejo para la imagen pública de Sarah Ferguson, cuyo nombre volvió a aparecer vinculado a distintas controversias y a viejas relaciones que generaron cuestionamientos, como el caso Epstein.
Mientras tanto, el destino de los corgis —aquellos fieles compañeros que nunca se separaban de Isabel II— vuelve a estar en el centro de la escena. Y lo que parecía una historia de continuidad y cuidado, ahora se tiñe de polémica e intriga.


