La Policía intervino el domingo 12 en una obra en construcción de la ciudad de Colón, Entre Ríos, ubicada en la zona de avenida Quirós y Moreno, después de que trabajadores advirtieran manchas de sangre en el lugar y dieran aviso a las autoridades. Durante la inspección, el operativo derivó en la demolición parcial de una estructura y terminó con el hallazgo de un cuerpo sin vida oculto dentro del edificio. El caso rápidamente generó conmoción en la comunidad local.
La investigación se concentró desde el inicio en un detalle que llamó la atención de los peritos y de la fiscalía: el cadáver estaba escondido detrás de un muro construido de manera rudimentaria en un sector del inmueble donde, según los reportes, no debía haber una pared, porque no figuraba en los planos. Ese dato —una “pared fantasma” dentro de la obra— es uno de los ejes que la Justicia analiza para determinar cómo y cuándo se produjo el ocultamiento.
De acuerdo con lo informado, el cuerpo estaba en el subsuelo, debajo del hueco de una escalera, envuelto en frazadas y cubierto con cal. En la escena también se describieron señales compatibles con el paso de varios días, como olor nauseabundo y presencia de moscas, mientras se esperan resultados forenses clave para precisar la data de muerte y la causa.
Quién es “Nino” Acosta: el único detenido del caso
El nombre que quedó en el centro de la investigación es Nicolás Alexander “Nino” Acosta, señalado como principal sospechoso y detenido tras una búsqueda que incluyó testimonios, análisis de cámaras y un pedido de captura con alcance nacional e internacional. Tiene 32 años y es oriundo de la provincia de Buenos Aires.

Las crónicas sobre su perfil lo describen como albañil y vinculado a trabajos informales dentro de la obra donde apareció el cuerpo. Otra caracterización repetida en los reportes indica que estaba en situación de calle en Colón desde hacía meses, un dato que, en términos judiciales, no explica el hecho pero sí ayuda a entender el entramado de informalidad y circulación de personas en una construcción en marcha.
Hay un rasgo que, además, lo vuelve “identificable” en la narrativa policial: sus tatuajes. Según se difundió, Acosta tiene dos coronas detrás de las orejas, un demonio/diablo en el brazo derecho, la inscripción “Lorena Palma” en el izquierdo y letras en estilo gótico en otras zonas. Ese conjunto aparece citado como uno de los elementos que ayudaron a reconocerlo en imágenes y registros, en un expediente que avanzó rápido después del hallazgo.
Aunque aún no hay confirmación oficial absoluta, los trascendidos del caso apuntan a que la víctima sería un trabajador de la obra, un sereno, de nacionalidad paraguaya y de alrededor de 52 años, con quien la empresa habría perdido contacto hacía aproximadamente 15 días.
La principal hipótesis del caso
Hasta ahora, la línea principal que exponen los reportes judiciales es que el crimen habría ocurrido después de una presunta pelea. En ese marco, los investigadores intentan determinar cuál era la relación entre la víctima y Acosta, y si compartían tareas o convivencia dentro del universo de la obra. Lo que ya aparece como un dato relevante en los avances preliminares es que el cuerpo presentaría un fuerte golpe/traumatismo en el cráneo, un indicio compatible con una muerte violenta, aunque la confirmación definitiva depende de la autopsia.
En este punto entra a jugar la ciencia forense. El cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición, por lo que se dispuso un proceso de refrigeración antes de la autopsia para preservar evidencia y mejorar la precisión de los resultados. La autopsia, según lo informado, estaba prevista en la Morgue Judicial de Oro Verde, y su informe será clave para determinar causa de muerte, data y posibles signos de arrastre o manipulación del cuerpo.
Otro detalle que empuja a pensar en una escena con desplazamientos internos dentro de la obra es la presencia de rastros: además de la sangre que disparó la alerta inicial, se mencionaron rastros hemáticos en sectores del edificio que podrían resultar determinantes para reconstruir dónde ocurrió el ataque y cómo se ejecutó el ocultamiento. El expediente, en definitiva, parece moverse entre dos preguntas: qué pasó y cómo intentaron que no se supiera.


