“¡Se lo come! -ríe-. ¡¡No puedo evitarlo!! Apenas llega el momento de pensar el en videoclip, el director ‘se come’ al músico… Supongo que cuando el músico crezca un poco más el director tendrá que bajar un cambio. Pero hoy el director gana la pelea”, admite a regañadientes ante GENTE, como si dentro de su más de metro setenta existiera una especie de disputa entre el Mariano Hueter (37) que hace una década viene sorprendiendo detrás de cámaras a fuerza de series (Yiya, Pensamiento lateral, Un león en el bosque, El mundo de Mateo, La mente del poder, etcétera etcétera) y el Mariano Hueter que se apresta a exponerse frente a los reflectores para “lanzarme formalmente, fuertemente y públicamente como músico”.
-La pregunta del millón es, ¿por qué tomar otro sendero sinuoso si existe un atajo que siempre lo lleva a buen puerto?
-La respuesta es una sola: porque en el arte me gusta tomar riesgos.
“CUANDO COMPONGO UNA CANCIÓN, SE ME VIENEN LAS IMÁGENES A LA CABEZA: ES UNA DEFORMACIÓN PROFESIONAL”

Admite que lo primero que se le cruzó en la vida, antes incluso de imaginarse como realizador audiovisual, fue “sin dudas la música. Cuando tenía apenas cinco años salió El amor después del amor, de Fito (Páez). También recuerdo haber escuchado su tema La rueda mágica, donde también participan Charly (García) y (Andrés) Calamaro. A partir de ahí se me abrió un universo musical que me explotó la cabeza. Apenas cumplí doce años, armé mi primer bandita de rock con amigos, y desde entonces la música siempre estuvo presente en mi vida”, recuerda Hueter.
-¿Hay algo de esta etapa musical que lo conecta con el Mariano adolescente?
-Todo, es lo que más me conecta. Primero porque hago rock, un género que explotó internamente en mi adolescencia. Y segundo porque encuentro un lugar donde ser yo, pero desde la parte más descontracturada e histriónica. Tengo todo un costado desprolijo, creativo y caótico, que se relaciona mucho con mi yo adolescente. Siento que siempre hay que mantener algo de niño y de adolescente en cualquier etapa de la vida en la que estés, porque te hace más libre.
-Cuando compone una canción, ¿piensa en imágenes o por primera vez se permite trabajar sin la obligación de visualizar todo?
-Ahí hay una deformación profesional, creo: siempre se me vienen imágenes a la cabeza. E incluso me pregunto que imágenes se le vendrán a los demás. En una canción digo “De lo que había pasado, no quedó nada claro, solo un eco sin voz...” Ese eco solo, que ya no tiene voz, que sintetiza una serie de situaciones que viví yo, tiene adosadas una serie de imágenes que se me venían a la mente mientras componía tal verso. Ahora, a diferencia de una película, yo no puedo controlar que imágenes le dispara el verso a quien me escucha., y eso me parece alucinante.
-Si la dirección terminó siendo su profesión durante tantos años, ¿por qué la música debió esperar hasta ahora para ocupar un lugar público?
-Tuve la suerte de lograr de muy chico reconocimiento como autor y director. A los 21 años estaba estrenando mi primera serie y ganando premios. Sentí que era una oportunidad que no debía dejar pasar, y me sumergí de lleno en la profesión durante una década, trabajando incansablemente para que mis proyectos audiovisuales se hicieran realidad, con todo lo que ello implica. Casi como si fuese un deportista que se entrena para ser cada día mejor. No había tiempo para otra cosa, pero sobre todo para otra cosa que signifique encararla al cien por ciento, como a mí me gusta.

-¿Siente que llegó a la música como un principiante o como alguien que ya venía entrenándose pero desde otra disciplina artística?
-No lo sé. Por un lado te puedo decir que tengo facilidad para la composición, para tocar instrumentos, incluso para el escenario y para comunicarme con el público. Eso me aporta muchas herramientas. Pero también soy de las personas que siempre se creen principiantes y siguen aprendiendo y buscando maestros. Porque en el fondo lo que me gusta es crecer, nutrirme, desafiarme. Si en algún momento creés que sabés todo, te perdés esa posibilidad de aprender. El 28 de agosto se viene mi primer show, y lejos de sentirlo una meta, para mí es como un inicio, como un punto de partida desde el cual aprender y crecer más y más.
-Durante bastante tiempo dirigió historias ajenas. ¿La música aparece como una necesidad de contar algo propio?
-Más o menos, porque la mayoría de mis series y películas son creaciones mías, cosas que yo tenía en la cabeza, oscuridades, frustraciones, sentimientos o desarrollos conceptuales. Incluso, en algunas donde me base en historias de otros siempre le volqué ese perfil. Me parece que con las canciones es igual: ahí estoy yo, están todos mis mambos, mi brillo, mis sombras. No le escapo a mostrar todo eso, sea en el arte que sea.

-Cuando termina una canción, ¿la juzga con el oído de un músico o con la mirada de un director acostumbrado a editar y corregir?
-Con la mirada de un usuario exigente. Eso sí lo traigo del mundo del cine y las series. Estoy acostumbrado a pensar en el público, en el otro, en lo que le puede pasar con mi arte. Y lo perfecciono hasta que siento que está a la altura de lo que se espera. Con el disco hice lo mismo, una producción de primer nivel que, si por mi fuese, seguiría ajustando y corrigiendo. Por suerte existe una figura como la del productor Yamil Salvador que aporta su visión, me organiza y hace que todo esto suceda como tiene que suceder.
“ME RESULTA MÁS INTIMIDANTE CANTAR QUE DIRIGIR. ES FUERTE, PERO A LA VEZ COMO UNA FUENTE DE PODER”

“A veces desde adentro de una canción podés gritar muchas cosas que nunca dijiste y jamás podrías resolver con una cámara -señala el bonaerense, separado, padre de dos hijos, cuando de comparar sus dos pasiones se trata-. Y no sabés lo placentero que resulta cuando ves que otros las ponen en su boca, las cantan. La música tiene una potencia viva que por sí solo lo filmado no llega a alcanzar. Esa mezcla de poesía con melodía, armonía y ritmo que se vuelve imparable. Pero como reconozco esto -añade-, también admito que me resulta más intimidante cantar que dirigir.Los directores/autores estamos detrás de todo. Decimos a través de otros. Ahora bien, el cantante -o en mi caso cantautor- es básicamente un payador que se para delante de otros para contar su verdad, su visión del mundo. Eso es fuerte e intimidante, pero al mismo tiempo s un poder, como un truco: si lo sabés hacer bien se vuelve mágico de verdad”, suspira.
-¿Qué aprendió como director que hoy le sirve como músico, y qué debió desaprender?
-Soy una persona muy ansiosa, alguien a quien la cabeza le funciona a mil, acostumbrado a empujar hacia adelante a todos para que las cosas se muevan. En especial cuando necesitar resolver cuarenta planos en un día, cumplir con un plan de rodaje, manejar equipos de muchísimas personas. Eso, que en cine es casi un don, en la música es un problema. Son otros tiempos, otra madurez de procesos, otra escucha. Te conecta con otra parte de tu creatividad, y eso me lleva a tener que desarmar malos hábitos todo el tiempo.
-Como director su trabajo consiste en ordenar el tiempo de una historia. ¿Qué diferencias encuentra entre el ritmo de una serie y el de una canción?
-Ninguna. Y eso es lo que más me gusta. Todo se trata de ritmo en el arte. De cadencia, de tiempos, de tensión, de silencios, de explosión. Siento que cuando aprendés a manejar los tiempos, incluso internamente, entendés cómo se mueve todo. Me cuesta explicarlo en palabras, pero es así.

-La acostumbrada tensión y el suspenso característico de sus ficciones, ¿también aparecen en sus canciones?
-Sin duda. Yo siempre pienso en términos estructurales. El clímax, los momentos en que te oprime el pecho, donde la canción respira y relaja... No es únicamente la historia que cuenta la canción, sino el cómo, lo que la hace única y logra que todo esto suceda como tiene que suceder.
“A LA MÚSICA LE DOY UNA IMPORTANCIA QUE MUCHOS DIRECTORES NO LE DAN”

Hueter no sólo admite que siempre admiró el proceso de los músicos con los que trabajó en sus producciones, sino que -asegura-, siempre suele explicarles que su labor bien consumada es clave para que la intención de sus escenas llegue adonde debe llegar. “La música mal hecha” -les recalca- directamente arruina el contenido. Así que imaginate su importancia. Es parte de la estética al igual que la cámara, la actuación, o el guion. Yo -ilustra- he modificado escenas por completo a partir de la música. Un ejemplo es el inicio de El grito de las mariposas. Se trata de la escena del brutal asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), un hecho histórico conocido mundialmente. La música no me convencía. Recién cuando encontré la indicada me di cuenta cómo había que editar las imágenes y contar esa secuencia..., que luego se convertiría en una de las más emblemáticas de la serie”.
-Ahora que está del otro lado, componiendo canciones, ¿escucha de manera diferente las bandas sonoras, los temas de apertura o la música incidental de las series?
-Siempre fue así. Hago música de chiquito, por lo que siempre las escuché de una forma distinta, dándoles un lugar y una importancia que se que muchos directores no le dan.
-¿Qué le resulta más difícil, encontrar la canción perfecta para una escena o escribir una propia?
-Sin dudas escribir una canción propia. Un tema para una escena es un elemento más dentro de una serie de elementos. La canción es el todo, es la película completa.

-Muchos directores mantienen una relación obsesiva con el control. ¿La música lo obliga a ser más espontáneo?
-Va más allá de la espontaneidad versus el control... Cuando uno tiene muy claro lo que quiere puede usar la espontaneidad para las cosas que lo requieren y ceder el control de aquellas en las que no vale la pena enroscarse. En el fondo todo va de la mano con la seguridad de cada uno como artista. A veces la cuestión se relaciona directamente con el ego: las personas que quieren y creen controlarlo todo en verdad temen ceder un poco las riendas y descubrir que hay colegas que hacen las cosas mejor, jajajá.
-¿Lo sorprendió descubrir algo de usted mismo a través de la música que no había aparecido en años de trabajo audiovisual?
-¡Descubrí cosas que no habían aparecido en años de terapia directamente! Lo digo en broma, aunque sintiendo que con las canciones puedo esbozar pensamientos y sacar cosas que de otra forma no podría decir. Eso te hace conocerte mejor, redescubrirte de una forma que aquellos que no la atraviesan jamás podría entender.
“SIENTO QUE ESTOY EN EL CAPÍTULO 1 DE MI CARRERA MUSICAL… OJALÁ DURE VARIAS TEMPORADAS”

“Lo imagino como un capítulo paralelo”, responde Mariano Hueter cuando, promediando la entrevista, le preguntamos al multirrealizador si imagina a este proyecto musical como un capítulo paralelo a tu carrera audiovisual o como una segunda vida artística. “No creo que deje de hacer cine o series, siempre que haya un proyecto que en verdad me interese. Por lo menos así lo pensé siempre, sin planificar al detalle como sucedería”, admite espontáneo.
-Si su carrera musical fuera una serie, ¿en qué episodio siente que está hoy?
-En el Capítulo 1, en el momento del punto de giro: A pocos días de hacer el show de presentación de mi disco, de tocar en vivo y de ver que sucede con la gente. Es el típico momento que en una serie yo llamo “la prueba”. Ojalá que la historia dure varias temporadas.
-¿Qué le gustaría que ocurriera con estas canciones dentro de cinco años?
-Que se escuchen, que se conozcan, que tengan un lugar junto con mi proyecto profesional, que sean parte de la industria. No tengo pudor en decir que hago mis creaciones para que lleguen a los demás, ni vergüenza en intentar darlo todo para que funcione. Puede pasar lo que sea, pero te aseguro que yo voy a haber intentado todo para que en cinco años mi música haya crecido mucho.

-Si tuviera que elegir, ¿le interesa más que el público vea al director que hace música o al músico que alguna vez dirigió series?
-El “que alguna vez” me suena lapidario. No puedo saber como me verá el público. Lo que sí quiero es poder conectar con él. Algunas personas conectarán con mi arte a través de una serie o película, otros a través de mis canciones, de un recital en vivo. Pero no lo sé... hago muchas cosas, ni siquiera se reduce a cine o música. Lo único que manda en mi caso es que siempre me reconocerán por la pasión con la que encaro las cosas en las que creo.

-Después de tantos años construyendo mundos para otros, ¿esta nueva etapa tiene algo de riesgo, de aventura o incluso de reinvención personal?
-Sí, claro. Aunque obviamente mi carrera como director puede seguir creciendo, siento que no tengo que demostrarle nada a nadie. Pero el riesgo de exponerme con la música, ponerme a prueba en otro ámbito donde siento que me puedo defender bien, sin dudas me resulta interesante. “Y si vas a la derecha, y cambias hacia la izquierda, ¡adelante!”, canta Charly en Raros peinados nuevos, ¿no?

-“Es mejor que estarse quiero, es mejor que ser un ‘vi-gi-’”…
-... 'lante'" (ríe). Tal cual. Si mi faceta de director y de músico se encontraran como dos personajes en una serie, seguro desde la superficie parecerían distantes. Sin embargo, de a poco descubriríamos que son amantes, ¡y que se desean profundamente!
Fotos: Gentileza de M.H.



