El caso Agostina Vega tiene un nombre que la Justicia todavía no logró ubicar: Marianela Palmero. Convivía con Claudio Gabriel Barrelier en la vivienda de barrio Cofico donde, según la hipótesis del fiscal Alejandro Garzón, fue asesinada la adolescente de 14 años. Fue ella quien le abrió la puerta a la policía durante el primer allanamiento. Y después, no hubo más noticias suyas. Su rastro se diluyó con una velocidad que desconcierta a los investigadores.
"Me llama la atención una mujer que se la tragó la tierra. No se la vio más ni la indagaron, y eso me parece raro", dijo Carla, extrabajadora sexual de Wachitas Bar, cuyo testimonio fue incorporado a la causa y sacudió la investigación en los últimos días.
Fue ella quien la mencionó por primera vez, hizo público su apodo de "La Gringa Ludmila" y explicó que solía frecuentar el pool junto a Soledad Andreani, la exnovia del principal sospechoso, imputada por encubrimiento agravado.
Cabe aclarar que, hasta el momento, Marianela Palmero no está imputada ni acusada formalmente en la causa y que, a raíz de los recientes testimonios, la justicia intensificó su búsqueda.
La trama de Wachitas y una revelación sobre la Gringa Ludmila
Mientras Wachitas Bar, el local nocturno manejado por Andreani, está bajo la lupa por presuntos esquemas irregulares de explotación sexual de menores, Carla fue tajante en su declaración: Marianela y Soledad Andreani eran "compinches".
Según contó, formaban parte del mismo círculo operativo. El testimonio también trazó el perfil de Barrelier dentro de ese entorno: "Es un poliamor esto, como siempre fue ahí adentro. Yo no sabía que tenía tantas mujeres este tipo", describió la testigo.

La relación entre Marianela y Barrelier no es reciente. Según reveló la periodista Soledad Larghi en el noticiero de América, allegados a la familia confirmaron que la relación comenzó cuando ella era menor de edad. De ese vínculo nació una hija que hoy tiene 11 años y que, al momento del crimen, se encontraba en la planta alta de la misma vivienda donde –según la fiscalía– mataron a Agostina Vega.
Esa tarde del domingo 24 de agosto, las cámaras de seguridad del barrio captaron a la adolescente ingresando al domicilio junto a Barrelier durante la madrugada. Marianela y la nena estaban adentro.
La propietaria que ya no existe y la tercera mujer sin identificar
Otro dato que complejiza la escena: la propietaria formal de la casa de Cofico era Ana Palmero, madre de Marianela. Pero Ana Palmero murió en 2024. Lo reveló también la periodista Larghi, descartando la hipótesis que apuntaba a que podía ser una de las mujeres registradas por las cámaras en la puerta de la vivienda.
Las imágenes analizadas por los investigadores muestran a tres mujeres saliendo del domicilio en las horas posteriores al crimen. Una sería Marianela. Otra, su hija de 11 años. La tercera permanece sin identificar. La fiscalía busca determinar si alguna de esas personas participó en tareas de limpieza o fue testigo de movimientos que hoy resultan determinantes.
Distintos testimonios incorporados a la causa la describen como alguien con un rol activo dentro de la red que rodeaba a Barrelier. No como una figura periférica, sino como una pieza que conocía los movimientos, los vínculos, la lógica del entramado.
Si mintió para ayudarlo –como sospechan los investigadores– o si actuó bajo la misma dinámica de control que el acusado habría ejercido sobre las mujeres de su entorno, es lo que la Justicia todavía no pudo establecer.


