El caso de Agostina Vega no para de revelar capas. Mientras la investigación judicial avanza sobre los vínculos entre el femicidio de la joven cordobesa y el entorno del bar Wachitas, una ex trabajadora sexual del lugar salió a dar su versión de los hechos y el relato que construyó en pocos minutos deja en claro que lo que allí ocurría tenía una estructura, una lógica y una cronología que va mucho más atrás que la noche en que Agostina desapareció.
La mujer, que se identificó solo como Carla, habló con el canal El Doce y describió su ingreso al lugar como parte de un circuito de conocidos. Dijo haber llegado sabiendo que se trataba de trabajo sexual y que fue Soledad Andreani –hoy detenida en la causa por encubrimiento y exnovia de Claudio Gabriel Barrelier– quien la incorporó y puso las reglas: un 50 y 50 sobre cada servicio, habitación propia en el primer piso con cama de dos plazas y un baño que describió como "mugre y más mugre".

"Eran todas menores. Se aprovechaba de la situación de la gente"
Según afirmó, las jóvenes que trabajaban en Wachitas en esa época tenían entre 17 años en adelante, y en su mayoría eran menores de edad. "Todas éramos menores en ese momento. No recuerdo si había alguna más chica que 17", declaró. La selección, según precisó, dependía de un criterio explícito de Andreani: "Tenías que ser linda, si eras fea no entrabas".
A eso se suma otra denuncia que, de confirmarse, configuraría un delito gravísimo: según Carla, en Wachitas se ponían drogas en las bebidas de los clientes sin su conocimiento. "Nosotras las chicas sí sabíamos que se les iba a poner droga en los vasos", declaró. Ella misma consumía estupefacientes en ese momento –cocaína, según describió, que Andreani también comercializaba en el lugar– esa fue, según su propio relato, una de las razones por las que terminó yéndose.

Los cuadernos: la prueba que podría estar todavía en el local
Uno de los elementos más relevantes del testimonio apunta directamente a los investigadores. Carla aseguró que Andreani llevaba un registro escrito de cada "salida" de cada chica, en cuadernos que, según ella, deberían seguir en el local. "Esos cuadernos deben estar ahí, en ese nido de ratas", dijo. Si el allanamiento del lugar los incluyó dentro de las pruebas secuestradas, su contenido podría ser determinante para establecer la escala de la explotación y la identidad de los clientes.
Sobre ese perfil de clientela, Carla fue precisa: no se trataba de cualquiera. "La mayoría de la gente era conocida de ella, gente de filo, de plata. No eran tipos secos ni pendejos, eran personas grandes y con plata", afirmó. Una caracterización que abre la pregunta obvia: ¿quiénes son esas personas y cuántas están siendo investigadas?
El circuito de las clausuras y las reaperturas
El testimonio también ilumina el modo en que el local conseguía operar pese a las intervenciones de las autoridades. Según Carla, el bar era clausurado y volvía a abrir con una regularidad que ella vivió de primera mano: "En estos lugares se paga y se vuelve a abrir. Cuando lo clausuraban nos íbamos y nos volvíamos a ver cuando volvían a abrir". Una frase corta que describe, en pocas palabras, un sistema de connivencia que la investigación judicial todavía no terminó de mapear.
"Me da bronca lo que está pasando y nadie hace nada. Es triste lo que está pasando", cerró Carla antes de terminar su testimonio.
La causa por el femicidio de Agostina Vega, que derivó en la detención de Soledad Andreani y de otros imputados vinculados al entorno de Wachitas, sigue su proceso. El principal sospechoso, Claudio Barrelier, al declarar solo dijo "soy inocente", se levantó y se fue.

El vehículo del descarte y el rol de la exnovia
El vínculo de Wachitas Bar con el femicidio de Agostina Vega no es casual. Soledad Andreani, quien se presentaba en redes sociales y de forma pública como la encargada de producción y regente del local nocturno, es la dueña del Ford Ka negro donde fueron trasladados los restos de la adolescente que fueron enterrados en la zona de Ampliación Ferreyra.
A través de un comunicado oficial difundido el 2 de junio pasado, la administración formal de bar-pool intentó despegarse de la polémica relacionada a Andreani. Lamentaron lo que consideraron "información inexacta" en redes sociales y aseguraron que el comercio carece de injerencia sobre las actividades privadas que sus empleados o colaboradores realicen fuera del horario laboral.
"El Bar 'Wachitas Bar' no tiene ningún tipo de participación ni vinculación con los hechos que actualmente son objeto de investigación por parte de las autoridades competentes", señalaron. Además, aclararon que "las personas señaladas en algunas publicaciones no son propietarias ni forman parte de la titularidad del establecimiento".
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