En el sur de Santa Fe existe un pueblo donde los flamencos tiñen de rosa el paisaje, una laguna ocupa miles de hectáreas y la historia todavía se conserva entre antiguos edificios y tradiciones rurales. Se trata de Melincué, un destino que combina naturaleza, gastronomía y propuestas para disfrutar al aire libre.
Ubicado a unos 120 kilómetros de Rosario y aproximadamente 330 kilómetros de CABA, este rincón santafesino tiene una población de pocos miles de habitantes y es cabecera del departamento General López.
Su principal atractivo es la laguna Melincué, un enorme espejo de agua cuya superficie cambia según las lluvias. En distintos períodos registró extensiones cercanas a las 11.000 hectáreas, una dimensión que la convierte en uno de los paisajes más particulares de la región.
Una laguna gigante donde se pueden ver flamencos
La laguna es mucho más que un lugar para contemplar el agua. Forma parte de un humedal reconocido internacionalmente como Sitio Ramsar, una categoría que destaca su importancia para la conservación de la biodiversidad.

Allí encuentran refugio numerosas especies de aves acuáticas, tanto residentes como migratorias. Entre las más llamativas aparecen los flamencos australes y los flamencos andinos, que llegan a la región en diferentes momentos del año.
También es posible observar garzas, patos y cisnes de cuello negro. Según información del Gobierno de Santa Fe, en el área se registraron más de 200 especies de aves, por lo que el avistaje se convirtió en una de las actividades más interesantes para los visitantes.
Los paseos por las costas permiten disfrutar de la amplitud del paisaje y descubrir cómo cambia el humedal con las estaciones.
Deportes acuáticos y las ruinas de un antiguo hotel
Melincué también atrae a quienes buscan actividades sobre el agua. El kayak, el windsurf, el kitesurf y la pesca forman parte de las propuestas vinculadas con la laguna.
Uno de los atractivos más curiosos son los restos de un antiguo hotel que quedó parcialmente cubierto por el agua durante las crecidas del espejo lacustre.
Las ruinas recuerdan una etapa en la que el turismo estaba estrechamente relacionado con la actividad del balneario. Actualmente, pueden conocerse mediante excursiones organizadas, sujetas a las condiciones del agua y a la disponibilidad de los prestadores.

Un pueblo con historia, bodegones y tradiciones
Mucho antes de convertirse en destino turístico, Melincué tuvo un papel importante en la historia regional. En 1777 se ordenó instalar un fortín en la zona, que formaba parte de los antiguos sistemas defensivos de la frontera colonial.
Décadas después, el ferrocarril impulsó otra etapa de desarrollo. En 1872 se fundó el pueblo y estación de San Urbano, nombre que todavía identifica a su estación ferroviaria.
Actualmente, el recorrido puede complementarse con espacios como El Viejo Fortín, el Museo Histórico y la iglesia local, que permiten acercarse al pasado de la comunidad.
La gastronomía también forma parte de la experiencia. Restaurantes y bodegones con propuestas tradicionales ofrecen una alternativa para hacer una pausa después de recorrer la laguna.
A lo largo del año, celebraciones como la Fiesta del Lagunero, la Fiesta del Asado a la Estaca y los carnavales suman encuentros vinculados con la identidad local.
Cómo llegar a Melincué desde Rosario y CABA
Melincué se encuentra a aproximadamente 120 kilómetros de Rosario, por lo que el viaje en auto demanda alrededor de una hora y media.
Desde la Ciudad de Buenos Aires, la distancia ronda los 330 a 340 kilómetros, con un tiempo estimado de cuatro horas, dependiendo del tránsito y del recorrido elegido. La localidad está ubicada cerca del cruce de las rutas provinciales 90 y 93, en el sur santafesino.





















































