Buenos Aires es una ciudad que guarda sus secretos entre sus edificios centenarios y sus cientos de cafés que funcionan como testigos del tiempo. No por nada los turistas quedan maravillados por estos pequeños retazos de historia. Pero entre todos los rincones históricos que pueblan las calles de la city, existe un lugar que se alza como el verdadero núcleo en el que se gestaron los asuntos nacionales más importantes, y visitarlo es posible: es El Café de Marco, una verdadera institución porteña con 224 años de historia.


Aquí el verdadero atractivo nunca fue lo que ofrecía el mozo en la mesa, sino lo que se tejía entre sus cuatro paredes: amistades, conquistas amorosas, peleas y, fundamentalmente, conspiraciones políticas. En este espacio, el chismoso se codeaba con celebridades del mundillo político e intelectual que germinaban en los tiempos coloniales.

Para hablar de sus primeros tiempos hay que viajar hasta el 4 de junio de 1801, cuando Telégrafo Mercantil anunció su fundación. La nota detallaba la apertura de "una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de villar, confitería, y botillería".

El nombre del establecimiento rendía homenaje a su nuevo dueño, Don Pedro José Marco. Pero la clave, una vez más, no estaba en los productos que se servían sino en su ubicación. La esquina estratégica era la de las calles Santísima Trinidad y San Carlos, actualmente Bolívar y Alsina. Es decir: a 100 metros del Cabildo y la Plaza de Mayo. Esto lo transformó, como dicen ahora, en un lugar de “rosca” en tiempos en donde la única forma de estrechar lazos, alianzas y traiciones era fundamentalmente con el face to face.
El café se distinguía de otros sitios de la época, ya que se le exigía pagar más impuestos que a los otros cuatro locales gastronómicos que existían en la ciudad, debido a que era el más concurrido.

El servicio no era austero, ya que ofrecía un hermoso salón para tertulias y un sótano diseñado para mantener fresca el agua durante el verano. Además, como un detalle de distinción, el Café de Marco alquilaba carruajes para los días de mal tiempo, una necesidad vital debido al mal estado de las calles de la zona.
Respecto a las bebidas, se ofrecían anís y buenos vinos españoles, sangría (vino tinto, agua y limón), azucarillos con agua o aguardiente, y jugos. Un dato curioso de la época es que, aunque hoy parezca imposible, el té brillaba por su ausencia en los cafés en el 1800, y se conseguía más bien en las boticas como una hierba medicinal. Los clientes preferían un buen café o un chocolate caliente, si el fresco del invierno se hacía sentir.
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La historia, dentro de cuatro paredes

Es imposible hablar del presente del café sin antes hacer un repaso por sucesos que hoy figuran en letras de molde. Y sí, estamos hablando de un espacio que se levantó antes de la Revolución de Mayo. Este local era el centro neurálgico del pensamiento independentista y se transformó en el búnker de Mariano Moreno y sus ideales revolucionarios.
La historia de grandes aconteceres políticos comenzó a desfilar entre sus mesas a partir de 1806, año de las Invasiones inglesas. Los vecinos, para seguir de cerca los movimientos de la tropa extranjera, que había instalado su cuartel en el teatro de la Ranchería, se subían a los techos del café.

De esta forma, resultó un espacio clave para que los patriotas se reunieran para digitar el plan para desterrar al Régimen Colonial y, finalmente, proclamar una Argentina libre.
La lista de figuras fundamentales de la historia argentina que se sentaron en sus sillas es larga: más allá de Mariano Moreno, también lo hicieron entre otros Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Bernardo de Monteagudo, Vicente López y Planes, Domingo French, Antonio Beruti y Martín de Álzaga.
Los problemas políticos que llevaron a cerrarlo
Para empezar, hay que situarse en los finales de 1808, cuando el café se convirtió en un foco de conspiración política porque Moreno y Álzaga eligieron ese lugar para impulsar la idea de reemplazar al virrey Liniers por una junta. Enfrente, en el Café de los Catalanes, se organizaban los seguidores de Saavedra, alimentando una rivalidad que marcaría la historia.
El 1º de enero de 1809, durante la Azonada de Álzaga, Saavedra sofocó el intento de destituir a Liniers y ordenó clausurar el Café de Marco. Su dueño, Pedro Marco, fue expulsado por ocho meses y perdió una fortuna. Sin embargo, a fines de ese año el café volvió a encenderse como centro de la causa revolucionaria.

En 1811, tras la caída de Moreno, el café volvió a ser escenario de tensión. Ese 11 de marzo nació allí la Sociedad Patriótica, convocada por French, Berutti y Dupuy para pedir la restitución del líder morenista. Saavedra ordenó arrestar a los presentes, aunque fueron liberados poco después, entre brindis y canciones patrióticas.
El local siguió activo durante décadas, incluso bajo el mando de Francisco Mansilla, que en 1836 organizó celebraciones que llegaron a los diarios. Pero la fiebre amarilla de 1871 marcó otro de sus finales: la clientela huyó hacia el norte y el cierre fue inevitable.
Cómo está hoy el Café de Marco
Hace poco más de diez años el café reabrió sus puertas. El resurgimiento tuvo su responsable: Marco Antonio Arslanian, un orfebre que, sin experiencia previa en gastronomía, decidió sacar el local del olvido y hacer que la historia se acerque al presente.

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Aunque se intentó reabrir en el sitio histórico original, el café temático se estableció en Teniente General Juan Domingo Perón 1259, frente al Palacio Cangallo, que es la sede de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones.
El concepto del local es el de un bar temático de "Masonería y Revolución de Mayo". Este tema alude a la historia oculta de la nación, ya que gran parte de los próceres argentinos, incluyendo presidentes, fueron masones.
Cuál es su menú y cuánto sale
Hoy, el local ofrece una propuesta de cocina porteña, que para las fechas patrias, se incorpora el tradicional locro, aunque en los tiempos del 1800 dicho plato no fuera común en las mesas porteñas.

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Una invitación a respirar historia con precios más que interesantes: un café con leche con dos medialunas y jugo de naranja tiene un valor de $5.800 pesos. Otra opción para el desayuno puede ser un café con leche con tostadas de pan de campo, dips de mermelada y queso crema y jugo de naranja por el mismo precio.
Platos principales

- Empanadas (sabores tradicionales): $3.500.
- Empanadas (langostinos y muzzarella / cordero y roquefort): $3.900.
- Provoleta al Oreganato: $10.500.
- Tortilla de Papas a la Española: $16.500.

- Milanesa de Ternera o Suprema (Napolitana / Fugazzeta / A Caballo): $23.000.
- Bife de Chorizo con guarnición: $27.000.
- Raviolones de Osobuco con crema de hongos: $18.500.
- Ensalada de Langostinos (hojas verdes, cebolla morada, tomate cherry, langostinos): $19.500.


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