Cada vez que Argentina e Inglaterra vuelven a cruzarse en una Copa del Mundo, el calendario activa inevitablemente la memoria. La "Mano de Dios", el Gol del Siglo, los penales de Francia 1998 y los duelos cargados de historia reaparecen como parte de una rivalidad que trasciende generaciones.
Este miércoles, desde las 16, la Selección Argentina de Lionel Scaloni enfrentará a Inglaterra en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta por una de las semifinales del Mundial 2026.
Mientras Lionel Messi buscará conducir a la Albiceleste hacia una nueva final, el partido también revive uno de los episodios más traumáticos para el fútbol inglés: la noche en la que David Beckham pasó, en cuestión de segundos, de ser una de las grandes figuras del país al hombre más señalado por toda una nación.
La noche que convirtió a David Beckham en el gran villano de Inglaterra
En Francia 1998, Beckham ya era una estrella en ascenso. Su talento en el Manchester United se combinaba con una enorme exposición mediática por su relación con Victoria Adams, integrante de las Spice Girls, algo que incluso despertaba cuestionamientos sobre su nivel de concentración por parte del entonces seleccionador Glenn Hoddle.

El Mundial no empezó como esperaba. Fue suplente en los dos primeros partidos y recién logró consolidarse como titular en el cierre de la fase de grupos, cuando marcó un memorable gol de tiro libre frente a Colombia para sellar la clasificación inglesa a los octavos de final.
Ese rendimiento alimentó la ilusión de todo un país. Sin embargo, el destino le tenía preparada la noche más dura de su carrera.
La patada a Simeone que cambió la vida de Beckham
El 30 de junio de 1998, Argentina e Inglaterra protagonizaron uno de los mejores partidos de aquella Copa del Mundo.

Batistuta abrió el marcador de penal, Shearer respondió desde los doce pasos y Michael Owen firmó un gol inolvidable para adelantar a los ingleses. Antes del descanso, una brillante jugada preparada terminó con Javier Zanetti marcando el 2-2.
Todo cambió apenas iniciado el complemento.
Tras recibir una infracción de Diego Simeone, Beckham quedó tendido sobre el césped. El argentino se acercó para apurarlo y el inglés reaccionó con una leve patada cuando todavía estaba en el piso.
El árbitro no dudó. Tarjeta roja.

Con más de cuarenta minutos por delante, Inglaterra tuvo que afrontar el resto del encuentro con un hombre menos. Resistió durante el tiempo reglamentario y el alargue, pero terminó cayendo en la definición por penales.
El hombre al que Inglaterra responsabilizó por toda una eliminación
La derrota desató una reacción pocas veces vista.
David Beckham fue señalado como el principal responsable de la eliminación. La prensa británica lo calificó de inmaduro e irresponsable, mientras que miles de hinchas quemaban camisetas y muñecos con su imagen.

En muchos estadios comenzó a ser silbado cada vez que tocaba la pelota y durante años convivió con insultos y cuestionamientos constantes. Es más, en aquel momento se fue a Nueva York para evitar pisar Gran Bretaña apenas su país quedó eliminado.
Para buena parte de Inglaterra, el joven mediocampista se había convertido en el símbolo de un fracaso que dolía todavía más por haber ocurrido frente a Argentina, apenas doce años después del inolvidable cruce de México 1986.
Tres años después llegó la revancha más esperada por David Beckham
La redención no fue inmediata. David Beckham convivió durante años con el peso de aquella expulsión hasta que encontró la oportunidad de cambiar la historia.
El 6 de octubre de 2001, Inglaterra necesitaba al menos un empate ante Grecia para clasificar directamente al Mundial de Corea-Japón 2002. Cuando el reloj marcaba el minuto 93 y parecía que todo estaba perdido, ejecutó un tiro libre perfecto que se clavó en el ángulo y selló la clasificación.
Aquel gol cambió definitivamente la percepción sobre su figura.
El futbolista que había sido convertido en el gran villano nacional recuperó el respeto de los hinchas y terminó transformándose en uno de los máximos ídolos de la historia de la selección inglesa.

Más de un cuarto de siglo después, mientras Argentina e Inglaterra vuelven a verse las caras en una Copa del Mundo, aquella expulsión sigue siendo una de las imágenes más recordadas de esta rivalidad. Un instante que destruyó la imagen de un héroe, pero que también dio origen a una de las historias de redención más emblemáticas que haya dejado el fútbol mundial.
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