El domingo 8 de noviembre, cuando el avión que lo trae desde Uruguay aterrice en el Aeroparque Jorge Newbery, la Argentina recibirá al primer Papa que la visita en 39 años. Hasta el miércoles 11, León XIV recorrerá Buenos Aires, Córdoba y Luján, y después seguirá viaje a Perú, donde su agenda se extiende hasta el 17 de noviembre.
Antes de los papamóviles y las misas multitudinarias hubo un chico de los suburbios de Chicago, un seminarista con cabeza de matemático y un misionero que pasó casi cuatro décadas ligado al Perú.

Un chico de Dolton con la cabeza puesta en los números y en el tenis: los pasatiempos de Robert
Robert Francis Prevost nació el 14 de septiembre de 1955 en Chicago y creció en Dolton, una localidad cercana. Era el menor de tres hermanos en una familia católica muy ligada a la vida parroquial: su padre, Louis Marius, era docente, y su madre, Mildred Agnes Martínez, bibliotecaria.
De adolescente pasó por el seminario menor agustino de Michigan, donde fue redactor jefe del anuario y presidió distintos clubes. Después se trasladó a Filadelfia y eligió una carrera que sorprende a la luz de su destino: Matemáticas, en la Universidad de Villanova –allí también estudió Filosofía–. Se graduó en 1977 y ese mismo año, con apenas 22 años ingresó en la Orden de San Agustín.
Después de ingresar a la orden agustiniana, continuó su formación religiosa en Chicago y Roma. Fue ordenado sacerdote en 1982 y obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico en 1984. Un año después defendió una tesis doctoral sobre el papel del prior local dentro de la Orden de San Agustín, un trabajo que luego sería publicado.

De aquellos años le quedaron los pasatiempos. Era "aficionado al tenis" y jugaba al bowling. Además, por supuesto que sigue siendo hincha de los Chicago White Sox, incluso desde Roma. La revelación de su faceta como tenista apareció en una entrevista publicada en septiembre de 2023 por el sitio de la Orden de San Agustín, cuando todavía era cardenal.
Allí, con una naturalidad que hoy adquiere otro significado, confesó que desde que había dejado Perú tuvo pocas oportunidades de jugar y que tenía muchas ganas de volver a la cancha. Su nuevo trabajo, reconocía entre risas, tampoco le dejaba demasiado tiempo libre.
Y cuando le preguntaron qué hacía en sus ratos libres, no habló de grandes ceremonias ni de asuntos de Estado: mencionó también la lectura, las caminatas largas, los viajes y, sobre todo, el placer de compartir tiempo con otras personas.

De Chulucanas a Chiclayo: las ciudades que lo hicieron peruano
A los 29 años, llegó al Perú como misionero. Su primer destino fue Chulucanas, en Piura. En 1988, con 33 años, se instaló en Trujillo para dirigir el seminario agustiniano, un cargo que ocupó durante una década.
En 2014 volvió como administrador apostólico de Chiclayo y luego fue obispo de esa diócesis del norte peruano. Se nacionalizó peruano en 2015. El 8 de mayo de 2025, en sus primeras palabras como Papa, habló en castellano y dedicó un saludo especial a la diócesis de Chiclayo, un gesto que puso a esa ciudad en el mapa del mundo.
En el Perú adoptó, además, otra pasión local. Según confirmó el fray Fidel Alvarado Sandoval, párroco de San Agustín de La Matanza, en Piura, se volvió hincha de Alianza Lima desde sus primeros años en el país.

También aparece una dimensión que sus allegados suelen destacar: la importancia de la comunidad. En la entrevista que concedió a la Orden de San Agustín, Prevost dijo que, como agustino, había recibido como uno de los mayores regalos de su vida la posibilidad de compartir con otros lo que les sucedía y permanecer abiertos a los demás. Para él, la amistad era uno de los grandes dones de la vida.
De Chicago a Perú: una geografía sentimental en el plato
Si hubiera que resumir la historia de León XIV a través de sus comidas, el mapa empezaría en Chicago y continuaría en el norte peruano.
En Chicago, un excompañero de seminario recordó que Prevost preparaba pizza de masa fina para sus compañeros y que, cada vez que volvía de Perú o de Roma, se juntaban a comer pizza con cerveza con sus antiguos compañeros agustinos. Su hermano mayor, Louis, contó que el Papa conserva la debilidad por el hot dog estilo Chicago, que en esa ciudad se arma con todos los toppings menos ketchup.

El obispo de Chiclayo, Edinson Farfán, recordó que en Perú a Prevost era le encantaba comer ceviche. En una entrevista, contó que cuando viajaban entre distintas localidades solían detenerse en Chiclayo para comer ese plato. Sus recuerdos tienen un valor particular: Farfán conoció de cerca al entonces obispo y compartió con él parte de su recorrido pastoral. El propio Papa había dicho en una entrevista que lo que más extrañaría de Perú al dejarlo sería la comida.
Otra anécdota gastronómica llegó gracias a Patricia Campos, rectora de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, en Chiclayo. Según relató a la televisión pública peruana, Prevost disfrutaba mucho del arroz con pato y del cabrito a la norteña. Recordó una ocasión en la que le anunciaron que le servirían una porción generosa de arroz con pato, uno de los clásicos de la cocina de Lambayeque. Al ver la olla, él preguntó: “¿Todo esto?”. Cuando ella regresó, apenas quedaban dos cucharadas.





















































