“¡Le hablaste a Mauro!”: Pablo Ini, coach de Wanda Nara, revela cómo la preparó para el cine y los nervios de ella antes del beso con Agustín Bernasconi – Revista GENTE
 

“¡Le hablaste a Mauro!”: Pablo Ini, coach de Wanda Nara, revela cómo la preparó para el cine y los nervios de ella antes del beso con Agustín Bernasconi

En diálogo con GENTE, el también productor y director de casting de "¿Querés ser mi hijo?" cuenta desde adentro cómo fue el intenso proceso de transformación, las exigencias del rodaje en Uruguay y la entrega con la que la también empresaria se enfrentó a un terreno desconocido al ponerse en la piel de Lucía. Además, las anécdotas más inesperadas del detrás de escena y las posibilidades que se abren a partir de esta impactante experiencia.
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Wanda Nara llegó a ¿Querés ser mi hijo? con una imagen pública construida durante años frente a las cámaras: la conductora, la empresaria, la protagonista de titulares que trascienden la pantalla y que comanda por sí sola –sin managers, sin asesores– su propia narrativa. Pero para interpretar a Lucía, su personaje en la comedia romántica dirigida por Hernán Guerschuny, el desafío era justamente otro: dejar a Wanda Nara en un segundo plano y descubrir qué podía ofrecer como actriz.

Esa fue la tarea que asumió Pablo Ini, productor del film, director de casting y coach actoral que la acompañó durante una preparación intensiva de apenas dos semanas y luego permaneció a su lado a lo largo del rodaje en Uruguay. El trabajo incluyó ejercicios de respiración, concentración, mirada y escucha, pero también un objetivo central: encontrar una voz más genuina, lejos de la impostación propia de la conducción y la publicidad.

Pablo Ini la entrenó de 5 a 6 horas por día durante dos semanas antes de filmar, y al tercer día de ensayos decidieron que Wanda lo necesitaba en el set durante todo el rodaje.

En diálogo con GENTE, Ini reconstruye el detrás de escena de esa transformación, cuenta por qué Wanda le pidió que estuviera presente durante las escenas íntimas con Agustín Bernasconi y recuerda el momento en que, al verla enfrentarse a una situación de desamor frente a Jean Pierre Noher, no pudo evitar una asociación con su vida sentimental. “¡Le hablaste a Mauro!”, le dijo entonces, en una frase que terminó convirtiéndose en una de las anécdotas de la experiencia.

También habla de la disciplina de Wanda en el set y de ese magnetismo que, según él, la cámara registra de una manera especial: "Además de lo que se llama 'ángel', lo que tiene ella es que sabe cómo ser querible". ¿Algo que ayudó con el poco tiempo que hubo? "Lo bien que maneja la mirada", cuenta Ini.

“Si la conocés o la tratás un poco, la querés rápidamente. Es querible, ¡eso es! Y eso traspasa la pantalla".

-¿Le pediste a Wanda que se olvidara de quién es. ¿Cómo se le pide eso a alguien cuya imagen es una de las más expuestas del país?

-La confianza y la entrega son la base de todo. Wanda depositó ambas cosas en mí y la idea fue ir desarmando el personaje de Wanda de a poco, neutralizarla, llevarla a la neutralidad para, a partir de ahí, empezar a construir a Lucía. Yo no creo en la composición de personajes, creo que la actuación pasa por lo opuesto, por desandar y desarmar el personaje social y construir un “estar en escena” a partir de la imaginación… estar en circunstancias imaginarias. Uno termina siendo uno más que nunca, pero al estar bajo otras circunstancias (imaginarias y escritas en un guion) simplemente juega, y ese juego es actuar. Wanda se dispuso a jugar con total entrega, pasión, responsabilidad y amorosidad. Yo solo le exigí mucho en muy poco tiempo y la acompañé en el rodaje para lograr mucho en muy poco tiempo.

-¿Cuál fue el primer ejercicio concreto que hicieron para desarmar a “Wanda Nara”?

-Lo primero que hicimos fue desarmar su voz de conductora, de publicidad, y llevarla a una voz más genuina, íntima, trabajar la respiración, la escucha, la mirada. Ella tiene ángel, eso no lo quise perder sino potenciarlo con la relajación de su instrumento.

“Dan ganas de quedarse mirándola, tiene ángel, es fresca, espontánea", asegura Ini sobre Wanda.

-¿En qué momento viste que podía actuar? ¿Qué viste en ella, en una charla, en un gesto, en una reacción, que te hizo pensar “esta mujer puede sostener un protagónico”?

-Yo veía MasterChef, vi que la cámara la quería, que tenía un “no sé qué” que hacía que yo me quedara mirándola. Me junté con ella hace 3 años y le dije si se animaba a hacer cine, la entrevisté, charlé, conocí una persona muy fresca, genuina, verdadera. Eso es lo principal a la hora de actuar, poder “ser”. Si ella ya podía “ser” y aparte podía dejarse guiar, iba a poder actuar.

–A la vez, como toda apuesta, podía ser un riesgo, me contabas antes...

–Exacto, y cuando empecé su preparación hablamos con Hernán (el director) que me esperaba un enorme desafío en tiempo récord: tenía dos semanas de coacheo y tres de rodaje. Al tercer día de empezar el entrenamiento (todos los días 5 a 6 horas) con Wanda decidimos que me necesitaba en el set con ella durante todo el proceso de rodaje. Yo pensaba ir de visita al rodaje en mi rol de productor, pero ahí mi realidad cambió: me mudé a Montevideo un mes y volví a trabajar 12 horas por día en un rodaje como no lo hacía desde mi época de actor (risas).

-¿Cómo influyó tu propia formación como actor para entender a Wanda y conectar con ella?

-Mi propia formación (realismo americano, porque yo vengo de la línea del Actors Studio, comencé mi formación ahí) está presente en todo mi sistema de creencias. Ser y estar sobre actuar. En el caso de Wanda, era todo un tema… Ella vive trabajando conectada con la conducción, con los avisos publicitarios, con acciones comerciales, etc. Primero teníamos que conectar, encontrar a la persona detrás del personaje. Yo iba a su casa, charlamos, me ocupé de conocerla, de descubrir la persona real que existía. Ella es genuina, es como una niña, está bastante cerca de sí misma, y eso ayudó mucho. No tenía herramientas.

Ini cuenta que se emocionó hasta las lágrimas al ver por el monitor las escenas románticas, cuando Wanda miraba a Bernasconi “con tanto amor”.

-¿Qué herramientas de tu recorrido le pasaste, y cuáles tuviste que inventar para ella?

-Las herramientas que usé fueron algunas clásicas y otras menos ortodoxas aplicadas a este caso particular. Obvio que trabajamos su respiración, su voz, su resonancia más de pecho… relajación y concentración sobre todo. Aprender a mirar y a escuchar. Ella igual tenía buena mirada, eso jugaba a favor. ¡Sabe mirar! Y sabe escuchar porque tiene curiosidad. Pero sobre todo tenía humildad. Sabía que no sabía. No hay nada más placentero para quien enseña que encontrarse con alguien curioso que quiere aprender y que se presta a eso con humildad.

-Se habla mucho de la Wanda empresaria y de la Wanda mediática, pero ¿cómo es la Wanda laburante, la que llega al set, estudia el texto y se somete a una dirección?

-A las 6AM se estaba alistando con su equipo para hacer peinado y maquillaje. Desayunaba y repasaba el texto y bajaba, casi siempre puntual. A veces metía un comercialito para sus redes antes de bajar al lobby del hotel para subirse a la van. Yo no podía creer su energía de despertarse a las 5 para meter una historia de IG para alguna marca antes de ir a filmar. Difícil.

–¿Cuál es su fuerte, eso que genera tanto magnetismo y que la cámara registra?

-Creo que hay algunos puntos: da muy bien en cámara. Dan ganas de quedarse mirándola, tiene ángel, es fresca, espontánea, y es una persona que siempre tiene un trato con la gente que te regala una sonrisa y te mira con respeto y amabilidad (no hace distinciones entre un camarero y un directivo de Amazon), que habla de cierta nobleza o gratitud hacia los otros, que creo que eso se percibe. Si la conocés o la tratás un poco, la querés rápidamente. Es querible... ¡eso es! Jaja. Y eso traspasa la pantalla. Una mezcla de una nena con una ternura total, una madre italiana y una trabajadora incansable.

Bernasconi se sumó a los ensayos al cuarto día, en la casa de Wanda. Ya en Uruguay, el trío con Ini pasaba las escenas en el desayuno y en la cena, y comían room service en el cuarto para construir confianza.

-Como coach, ¿cuál fue el mayor desafío técnico? ¿Qué hábito de su vida pública (la mirada a cámara, la pose, el control de la imagen) le costó más soltar?

-Lograr su relajación, su respiración, pero sobre todo trabajar su voz. Si viste la película te vas a dar cuenta de que su voz no es su voz. Mejor dicho, encontramos su verdadera voz, le sacamos sus agudos y fuimos por los graves. Eso fue un desafío. Que pueda escuchar, fijar la mirada y que se pueda divertir jugando bajo circunstancias imaginarias que, una vez que habíamos preparado su instrumento, eso le fue más fácil porque a ella le gusta jugar.

-¿Hubo un día de rodaje, un ensayo o una escena en que Wanda te sorprendió, dijiste “ahí está” y ya no era ella?

-Cuando se empezó a soltar y vi que todo el trabajo duro y estricto que habíamos hecho se empezaba a incorporar, y empezó a soltarse y a agregar cositas o gestos que me sorprendían, me emocionaba porque era muy gratificante. Cuando hizo la escena de la borrachera, ahí directamente me emocioné porque era muy difícil, siempre es difícil actuar de borracho/a… A mí me costaba hacerlo como actor súper formado. Cuando filmamos esa escena en un plano corrido de tres minutos casi, y ella sostenía su “estar bajo los efectos del alcohol” hablándole al personaje de Agus (Javier), yo no lo podía creer, sinceramente. Y las escenas románticas de los dos cuando conectaban y ella lo miraba con tanto amor me hacían llorar al verlas por el monitor.

-Las escenas íntimas con Bernasconi fueron las más esperadas e incluso en la sala se escucharon alaridos cuando llegó esa parte. ¿Qué miedos te expresó Wanda antes de filmarlas y cómo los trabajaron?

-Yo no sé si me cargaba o me hablaba en serio, pero ella estaba re nerviosa con esas escenas… Había una coach de intimidad y las grabamos con un equipo reducido. Yo ese día no quería ir, de hecho, porque prefería que estuvieran con la coach de intimidad, y me acuerdo de que no me puse el despertador y me llamó ella y me dijo: “¿Dónde estás? ¿Cómo no estás acá?”. Y ahí toda la producción me empezó a llamar y me mandaron un auto a buscarme. Ella quería tener la tranquilidad de que yo estuviera controlando también esas escenas. Y yo ese día me lo pensaba tomar para dormir, jaja.

La repercusión mediática de Wanda no se detuvo en la filmación. Durante el rodaje hasta hubo días de encierro en el motorhome para decidir si responder o no a algún rumor. Ini cuenta que Bernasconi se preocupaba por la prensa amarillista, y Wanda lo calmaba: “No te calentés, mañana se olvidan”.

–¿Y cómo fueron finalmente esas escenas que atajaste?

–Cuando llegué los noté risueños, como dos chicos que estaban entre tímidos y divertidos con ese juego que para ellos era como tirarse por una montaña rusa, porque eran las escenas de las que todo el mundo estaba hablando, lo que todos sabían que iba a suceder… Y bueno, llegaba el día, tocaba hacerlo, y lo hicieron con frescura, y creo que salió lindo. Wanda estaba nerviosa tanto con las escenas de intimidad como con las del beso. Yo pensaba: “¿Cómo puede ser? Tuvo novios, maridos, etc. ¿Le da miedo un beso?”. (Risas). Y ella me preguntaba: “¿Hay que ensayar el beso? ¿Cómo se hace el beso?”. Y yo respondía: "Se besan y punto. ¡Basta!". Yo ya no sabía si me hablaba en serio o en chiste cuando veía que me preguntaba tanto por el beso. En un momento me vi a mí haciendo movimientos extraños con los labios para mostrarle algo y después dije: “¡Noooo, basta, Pablo, que hagan lo que puedan!” (Risas).

-¿Cómo se construye complicidad entre dos actores desde lo práctico (ensayos previos, set cerrado, acuerdos) y desde lo emocional y qué rol tuvo Bernasconi en ese proceso?

-Agustín es un muy buen actor, tiene gracia, y es muy obsesivo con su trabajo y su carrera. Él colaboró conmigo en los ensayos con Wanda. Al cuarto día de ensayos en casa de Wanda lo sumamos a Agus para que empiecen a trabajar el vínculo. Ya en Uruguay éramos un trío, todo el tiempo trabajando para que ese vínculo personal creciera en confianza, y eso los ayudó a ambos. Agus fue muy generoso con su tiempo y disposición para el trabajo. Pasábamos las escenas en el desayuno, en la cena. Nos juntábamos a comer room service en el cuarto y generamos un vínculo entre ellos y entre los tres de mucha confianza, alegría, divertimento… ¡Juego! Eso habilitó mucho poder hacer esta peli, no solo esas escenas íntimas sino todas.

“Ella es genuina, es como una niña, está bastante cerca de sí misma, y eso ayudó mucho", contó el productor y coach.

-Durante la preparación y el rodaje, ¿hubo algún momento de quiebre, llanto o vulnerabilidad que no esperabas? ¿Algo de la historia personal de Wanda que se coló en el personaje?

-Había momentos en que se le iluminaban los ojos o se humedecían en el contexto de una escena y yo me preguntaba si estaba sucediendo algún tipo de asociación al menos inconsciente para que la emoción aparezca con tanta verdad, si estaban dando efecto las técnicas aprendidas o si le pasaba desde un lugar que ni siquiera ella lo sabía. Uno enseña herramientas, pero cuando finalmente las cosas te pasan como actor, una vez que te pasaron, no sabés bien cómo lo hiciste, uno aprende para desaprender y después, cuando sucede, parece magia. Lo que sí me acuerdo es que en una escena con Jean Pierre, cuando el personaje de Salvador la vuelve a buscar y ella lo destrata porque él la había dejado por otra y finalmente vuelve por ella, me acuerdo de que la escena salió de una y muy bien, los dos conectaron al toque y ella le contestó con una ironía feroz… Ahí me acuerdo de que le dije: “¡Salió increíble! ¡Le hablaste a Mauro!” (Risas). Siempre se cuela nuestra vida personal en la actuación, en modo consciente o inconsciente. La idea es que eso suceda para generar verdad. Pero no sucedió nada que no esperara. Ella es liviana en ese sentido. No carga valijas emocionales pesadas que puedan generar un brote con facilidad. Son pocos los temas que la hacen emocionar o quebrarse en serio.

-Wanda está acostumbrada a controlar su narrativa, y mientras filmaban su vida privada ocupaba todos los portales y programas. ¿Cómo influyó esa repercusión mediática en el rodaje?

-Había días en que nos encerrábamos en el motorhome a pensar si responder o no algún tema porque se hablaban cosas que eran falsas. Pero Wanda en ese sentido está tan curtida que todo le resbala. Era Agustín quien se preocupaba más. No quería que haya prensa amarillista sobre una peli que estábamos haciendo con tanto laburo serio, con profesionales serios y con mucho esfuerzo. Le daba bronca que la gente hable de cosas que no eran. Pero Wanda era muy canchera con el tema. Le decía: “No te calentés, mañana se olvidan. No pasa nada”. Siempre lo tranquilizaba, como quien sabe que el mundo mediático es así y no hay que darle entidad.

“Ella sabía que no sabía. No hay nada más placentero para quien enseña que encontrarse con alguien curioso que quiere aprender y que se presta a eso con humildad", cuenta Pablo. En la foto de izquierda a derecha, Hernán Guerschuny (director del film), Bernasconi, Wanda, Jean Pierre Noher, Charo López y el productor.

-Fuiste también director de casting. ¿Dudaste en algún momento de tu propia apuesta? ¿Qué te decían en la producción o en el medio cuando propusiste a Wanda?

-La decisión de Wanda en el cine fue una decisión que tomé como productor cuando años atrás me propuse llevarla a la pantalla grande. Cuando apareció este proyecto de la mano de Cimarrón –una reconocida productora de cine y series–, que ya sabía de mis intenciones, y Zeppelin (que tenían los derechos y el guion para esta remake), el proyecto ya era con Wanda. En esta peli mi trabajo como director de casting tuvo más que ver con la selección de Agustín Bernasconi para el rol de Javier, para quien vi muchos actores e hicimos más de un mes de pruebas y callbacks, y bueno, obviamente con todo el resto del elenco.

-¿Qué creés que esta experiencia le cambió a ella como artista y a vos como productor?

-Ella abrió una puerta, un camino, una carrera como actriz que puede llegar lejos si la maneja bien y lo toma con responsabilidad. Pero sobre todo ella fue muy, pero muy feliz haciendo cine. Se levantaba contenta y se iba a dormir contenta y con ganas de más, no habíamos terminado de filmar y ya me preguntaba cuál iba a ser la próxima película que íbamos a hacer. El martes en la comida post avant me insistía sobre el tema, si ya tengo guiones nuevos, cuándo filmamos la parte dos, y así. Está muy entusiasmada. Yo vengo de la actuación, trabajé muchos años como actor. Luego vino la producción de casting, que hice en proyectos acá, en España, en UK, en Italia, etc. Luego eso desencadenó que me vaya involucrando más en la producción, desarrollando proyectos desde el inicio y armándolos en función de los talentos, y ahora con esta experiencia quizás adquirió mayor visibilidad algo que vengo haciendo desde siempre. Pero no sé si me cambió en algo, yo me siento igual que ayer… Siempre buscando qué quiero hacer. Me gusta producir, me gusta actuar, dirigir, enseñar… Pero dejo que la vida me sorprenda. Nunca creo que hay un camino ni una zanahoria que perseguir, soy bastante lúdico en la forma en la que voy encarando los proyectos que hago… Imaginate que en la pandemia vendía alcohol en gel.

“Una mezcla de una nena con una ternura total, una madre italiana y una trabajadora incansable". Así definió Pablo a su hoy ya amiga.

-¿Cuál sería el gran desafío de ella y el tuyo próximo como productor?

-Estamos pensando y buscando proyectos para la secuela de ¿Querés ser mi hijo?, que en definitiva Amazon decidirá si la quieren hacer o no. Una peli más coral sería un gran desafío para ella, en la que tenga que trabajar con otros actores y actrices, pero que el protagonismo esté más repartido. Y para mí… no sé cuál es el próximo desafío. Soy parte de la producción de la película La niña de los ojos de cristal, de Dario Argento, en Italia, que es la remake de su película original El pájaro de la pluma de cristal. En principio, si logro coordinar fechas con Ester Expósito para este film, estaríamos comenzando el rodaje en Roma en marzo-abril del 2027 con un elenco internacional. Pero mi mayor desafío en realidad siempre es seguir conociendo el mundo. Amo viajar más que nada. Soy apasionado cuando trabajo, pero también me gusta disfrutar otras cosas en la vida y no vivir pendiente de objetivos o desafíos, tengo una filosofía de vida bastante hedonista. Así que creo que mi próximo desafío es siempre el mismo: acumular experiencias que me hagan feliz.

Fotos: gentileza P.I.


 
 

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