En una selecta parrilla de Caballito, la producción de GENTE encuentra su propio ritmo entre fotos y pedidos de saludos. Es un día de semana y, en las escuelas secundarias de los alrededores, llega la hora de salida. Algunos alumnos reconocen a Gastón Edul (30), se acercan y piden permiso para aprovechar los intervalos del shooting: quieren una selfie con ese hombre al que siguen en las pantallas. La escena resume un cambio que todavía lo sorprende. Muchos de los más chicos lo conocen por sus transmisiones con Davo y ni siquiera saben que es periodista deportivo.
Referente de la cobertura de la Selección argentina en TyC Sports, figura de OLGA y socio de Davoo Xeneize en Puerrul, Edul atraviesa un momento que define como uno de los mejores de su vida. Pero detrás de esa expansión también hubo cansancio, dudas y un llanto inesperado en una habitación de hotel, mientras intentaba combinar el Mundial con la preparación para La Velada del Año VI.
En esta entrevista exclusiva, reconstruye ese recorrido y abre la conversación hacia su intimidad: la familia que necesita cerca, el hermano mellizo al que considera su gurú, las dificultades de una primera cita y el viaje que quiere regalarse antes de ser padre.

El desafío del ring
—¿Cómo te sentís después del Mundial y de La Velada?
—La combinación de las dos cosas hizo que sea uno de los mejores años de mi vida y más entretenidos, no solamente el Mundial.
—Antes del viaje te preocupaba cómo ibas a combinar la cobertura con los entrenamientos. ¿Qué descubriste en ese proceso?
—Desde febrero hasta mayo, que fue cuando viajo al Mundial, fui viendo qué era entrenar alto rendimiento, porque yo pensé que era un pibe que entrenaba, pero me di cuenta de que no. Descubrí lo que es entrenar realmente en esos seis meses, que es priorizarlo, hacer doble turno, comer en función de poder estar mejor y dormir en función de eso. En mi caso, es insostenible a largo plazo. No se puede.
—Puntualmente, ¿qué cosas aprendiste a partir de este reto?
—Me di cuenta de lo importante que es dormir ocho horas todos los días y lo que es sentirme realmente bien. Y después, obviamente, aparecen otro tipo de dolores que una persona normal no tiene, pero la sabés llevar. Y otra cosa que me pasó es entender un poco a los deportistas del lado psicológico y las presiones que cargan.
—¿Esa presión se sintió antes de subir al ring? ¿Qué fue lo primero que se te vino a la mente en ese momento?
—Sí, me acuerdo de una frase puntual que me dijo mi entrenador justo antes de subir, que me transportó a un momento. Me dijo: "Acordate del hotel". Fue por algo que había pasado durante el Mundial, cuando ya me empezaba a cansar porque no dormía ocho horas y tenía que trabajar al mismo tiempo, y yo veía que el rival (Edu Aguirre) se estaba entrenando bien y todo el tiempo.
—O sea que estabas pendiente de cómo se preparaba tu contrincante.
—Por más que vos no quieras ver, te lo manda a todo el mundo...
—¿Y qué pasó en ese hotel?
—Faltaban 15 días para la pelea y cuando llego al gimnasio del hotel, estaba cerrado. Y yo, que no soy una persona que suele canalizar llorando o angustiándose, no me pasa con facilidad, llegué al cuarto del hotel y me puse a llorar como no lloraba hacía años. Ahí mi entrenador corrió las camas y los muebles contra las paredes, levantó la cama, y me dijo: "Vamos a hacer dos round acá, en el cuarto, cagándonos a trompadas, a ver si querés o no querés ganar". Y fue el entrenamiento que más me acuerdo de los seis meses. Entonces eso me quedó: que no hay excusa... Después, salí con bronca a pelear, que quizás, con el diario del lunes, él (por Aguirre) estuvo bien saliendo tranquilo. Yo salí enojado y él estuvo tranquilo, y hay que salir tranquilo. Pero bueno, fue la primera y confío en que va a haber una segunda. Fue una de las experiencias que más disfruté en mi vida. Pasan los días y digo: "Qué bueno que lo hice".

La sociedad con Davo
—Cuando comparás este presente con tus comienzos, ¿qué es lo que más te sorprende?
—Tengo 30 años y si comparo a cuando tenía 17, que me tomaba el colectivo para ir a estudiar, me veo años después haciendo algo muy diferente, como pelear ante 80 mil personas o que los más chicos no me reconozcan por ser periodista. La vida me fue llevando por lugares que yo no imaginé, yo no lo imaginé nunca.
—¿Cómo empezó tu vínculo con Davo?
—Yo ya era conocido porque trabajaba en los medios y él me escribía. Así empezamos a hablar.
—¿Qué te ponía?
—Me comentaba cosas de tuits míos, de fútbol, y empezamos a hablar. Yo ya sabía que él era un streamer emergente y siempre me pareció que tenía un carisma muy especial, pero nunca imaginé que se iba a convertir en el monstruo que es hoy, que para mí es el streamer más influyente.
—¿Cuándo sentiste que, además de compartir un stream, se estaban haciendo amigos?
—Él me trató diferente desde el primer minuto y eso me gustó, me hizo acordar al grupo de mis ocho amigos de toda la vida. Para ellos yo no soy Gastón Edul, soy Gastón... Y Davo nunca me respetó y siempre me trató como un amigo, un poco chicaneándome. Y así se fue construyendo nuestra amistad y el programa hasta lo que es hoy.

—¿En este Mundial, que ya estabas en tu prime con Davo en el stream, te pasaba capaz de estar trabajando en los estadios y que los chicos te reconocieran?
—Sí, me pasó el otro día también con los partidos de la Selección argentina (en el país). Eso me pasa mucho, pero lo que más risa me da y me divierte, y que antes no me pasaba, es que los jugadores me piden saludos para sus hijos. Ahí es donde yo veo realmente que llegamos a los nenes.
—¿Podés mencionar algunos jugadores de la Selección que te hayan pedido saludos para sus hijos?
—El otro día me crucé al hijo del Huevo Acuña y charlamos del stream. También con los hijos de jugadores de Belgrano, de Estudiantes, de Independiente.
La Selección, desde adentro
Para la producción con GENTE, Gastón lleva una camisa celeste abierta sobre una remera blanca: una combinación que remite a los colores de la Selección y a las camisetas de tantos jugadores que entrevistó a lo largo de su carrera.
—¿Es esa cercanía que tenés con los jugadores de la Selección el éxito de tus coberturas?
—A mí me fue bien y pude cubrir a la Selección porque estuve siete años cubriendo diferentes tipos de clubes. Por ejemplo, había entrevistado a Alexis Mac Allister y Nico González en Argentinos Juniors. Era el único periodista de medios nacionales que iba al predio de Defensa y Justicia y les pedía notas a Guido Rodríguez, Lisandro Martínez, Nahuel Molina. Claro, yo llego a la Selección y ellos me conocían, pero porque habían visto el camino que yo había hecho, y yo había visto el de ellos. Entonces, conocerlos de esa manera hizo que yo después pueda llegar a los referentes, y así como me tocaba entrevistar al capitán de cualquiera de esos equipos que hice, luego me tocó el capitán de la Selección, y era Messi. Pero se dio todo muy naturalmente. Por eso el camino es importante.
—Estuviste ahí y conocés al plantel: ¿qué les respondés a quienes insinúan que pasó algo fuera de lo deportivo en la final del Mundial?
—Si le preguntás a los jugadores, la mitad se ríe porque es una pavada muy grande y la otra mitad... bueno, alguno podrá enojarse porque toda esa gente festejó que este equipo le ganó con muchos huevos a Inglaterra, cuatro días después, no se puede perder un partido y decir: "¡Che, pasó algo!". Son los mismos jugadores. La verdad es que España jugó bárbaro y Argentina llegó muy cansada. Nosotros no toleramos la derrota. Entonces, cuando nos toca perder creemos que en realidad no perdimos, sino que pasó otra cosa. Y no, perdimos.
—En tu caso particular, por ejemplo, tus ocho amigos te preguntaron ¿pasó algo?
—Sí, me preguntaron y yo les decía: "Pero muchachos, ¿son boludos? Estoy yo acá, al lado de ellos, les estoy contando que no pasó nada". Hasta mi viejo en un momento me preguntó y le digo: "Papi, dale. Está tu hijo cubriendo el Mundial". Para mí hay algo de ego nuestro, de negar. Somos fantasiosos también, y así y todo estuvimos cerca, porque faltaban 10 minutos para ir a los penales y teníamos un jugador menos.
—Y podría haber pasado...
—Eso es lo que discuto con mis amigos y la gente: estábamos jugando pésimo y mereció ganar España, todo lo que quieran, pero teníamos un jugador menos y faltaban 10 minutos...
—¿Si ibamos a penales, ganábamos?
—No tengo dudas. Y eso se siente.
—¿Pudiste hablar de eso con algunos jugadores de la Selección? ¿Qué te decían?
—Sí, piensan lo mismo. Porque España empezó a entrar en una desesperación.... Aparte el Dibu estaba en una tarde espectacular. Era nuestra, si llegábamos a penales era nuestra... ¿Hubiese sido injusto? Sí, pero era nuestra.

El liderazgo de Messi
—Después de tantos años cubriéndolo, ¿qué te sigue sorprendiendo de Messi?
—Lo observador que es. En general, a Leo siempre se lo relacionó más con ser un líder que muestra dentro del campo, y para mí es todo lo contrario. Sabe lo que dice, dónde y cuándo lo está diciendo, y por qué lo dice. Me sorprende esa inteligencia de Messi, que para mí no se destaca tanto. Y él sabe el significado de cada palabra que dice... En el último Mundial lo he visto hablar en una zona mixta con 100 periodistas y es Messi. Es la persona más conocida del mundo, no es solamente el mejor jugador del mundo.
—¿Creés que la despedida podría haber sido mejor?
—Sí, obviamente podría haber sido mejor, creo que todos coincidimos en eso. Ahí pecamos.

La familia, siempre cerca
Gastón se crio junto a sus hermanos, entre Parque Chacabuco y Caballito. "Y ahora estoy viviendo cerca de mi barrio de toda la vida, en una casa que me gusta mucho, donde estoy muy cómodo. Considero que mi comodidad es estar a cinco minutos de mi viejo, de mi vieja o de mis amigos", le dice a GENTE.
—¿Cuántas veces al día hablás con tu vieja o con tu viejo? ¿Y cuántas veces por semana los ves?
-Con mi vieja hablo todos los días. Todos... Y con mi viejo hablo día por medio, pero como vive cerca le digo: "Pá, tengo media hora, ¿café?"; "Listo, café". Y nos vamos a la esquina, que hay una cafetería, y hablamos de las pavadas más pavas que se nos ocurran o sin tanta importancia. Pero creo que eso hace importante el momento: esa cotidianidad.

Guido, su gurú
—¿A quién recurrís cuando tenés que tomar una decisión importante?
—Mi consejero en lo laboral es Esteban (Edul, su hermano mayor y de quien heredó la pasión por el periodismo deportivo). Toda propuesta que tengo, mi primer contacto es él, y lo escucho en todo. Pero mi persona preferida es Guido (su mellizo). Yo le digo que es mi "gurú" porque es muy sensorial. A veces me guío más por eso que por otra cosa.
—Quizás Guido sacó más eso de tu abuelo que siempre contás, que tenía la capacidad de ser médium y una sensibilidad espiritual muy fuerte.
—Sí. Siempre digo que para mí, el más parecido a mi abuelo materno (Gaetano Gali, un carpintero italiano y siciliano que llegó a la Argentina tras la Segunda Guerra Mundial) es Guido. Me hace acordar un poco a él. Es muy atento, y me hizo ser más observador a las energías, a la gente. Le veo algo muy especial para leer a la gente, leer las situaciones.
—¿Cuál es hoy en día el mejor plan que pueden hacer los dos?
—Salir a comer y charlar mucho. Viajar. Compartir momentos.

El mundo por conocer
—Siempre decís que te gustaría ir a Siria, que todavía no fuiste. Quizás es un viaje bueno para hacer con Guido, ¿no?
—Sí, lo hablamos todos los años.
—¿Y por qué no lo concretan?
—Y... porque no sabemos cuán peligroso es. Tampoco nos vamos a meter en algo complicado porque tenemos ganas. Sí me juramenté con Guido, así como fuimos a Sicilia, que queremos ir ahí a Yabrud, donde todo empezó para nosotros (en esa ciudad nacieron sus bisabuelos paternos). Pero más allá de eso, mi sueño con él, que lo cumplimos a cuentagotas pero lo mantenemos firme, es conocer todo el mundo.

El amor y la paternidad
—Hablaste de tu deseo de tener dos hijos. ¿Qué lugar ocupa hoy ese proyecto?
—Está en foja cero (risas). Es que para eso primero tengo que encontrar a la persona con la que yo quiera compartir. Hay cosas que para mí se saben internamente, no es que yo digo: "Quiero ser padre". Para mí, voy a ser padre de la manera que sea porque es uno de los objetivos que tengo en mi vida. Hoy me sigue movilizando mucho mi trabajo y me sigo levantando todavía diciendo: "¿A ver en qué puedo progresar?". Y eso me encanta, pero no creo que sea así toda mi vida.
—¿Cómo conviven tus ganas de estar en pareja con tu ritmo de trabajo y tus viajes?
—Se complica. Quise internarlo hace un año y medio, dos, cuando encontré una persona después de muchos años que no era del ambiente y dije: "Bueno, me dan ganas de compartir". Pero creo que mi día a día o mi trabajo, mis viajes, lo que sea, hizo como que nos desconectemos, o que ella no pueda llevar eso adelante.
—¿Compartir la profesión podría facilitar ese vínculo?
—Total, porque a veces la ventaja que tiene de salir con alguien que trabaja en lo mismo que vos es que no tenés que explicarle nada porque entiende, pero al mismo tiempo también estás muy expuesto. Cuando encuentre a la persona con la que quiero compartir, si bien es inevitable que se exponga un poco a la persona y es normal porque va a pasar, quiero cuidarla.
—¿En qué sentido?
—En que no haya tanto ruido. Una cosa es que haya ruido en algo que yo me divierto y no pasa nada. Otra cosa es que haya ruido en algo que yo no quiero que haya ruido.
—Digamos que no te gustaría mediatizar tu relación.
—No, para nada. Pero para ser claro: a mí no me escandaliza la mediatización, porque si no, eso sería hacerme el boludo con quién soy y cómo estoy trabajando. No estoy de acuerdo con la persona que es conocida y acepta la mitad del contrato, es decir, todo lo bueno que te trae ser alguien reconocido, sea de lo económico, laboral, cariño o ventaja que vos tengas. Agarrás todo o no agarrás nada. Yo en eso estoy de acuerdo, y sé que va a pasar. No me escandaliza que salga nada mío. Ahora, si puedo llevarlo un poco más despacio para que todo se asiente bien, para que podamos tener un proyecto, bueno, me gustaría llevarlo de esa manera. Después, puede pasar como no, no lo sé.
—Decís esto de llevarlo despacio, ¿cómo hacés para que eso pase? Por ejemplo, si salís con una chica, ¿cómo te cuidás para que no llegue a la prensa?
—Lo que me pasó en estos últimos cuatro años es que si yo decido conocer a alguien, tener una primera cita, no la hago más en un restaurante, y no porque a mí me incomode, sino porque puedo incomodar a la otra persona. Si me sacan una foto, pobre piba: ella no me conoce bien y yo no la conozco, no sé en qué anda ella, capaz se mete en un lío, no sé, no tengo la menor idea. Entonces, decidí que si quiero conocer a alguien, que lo hago, obviamente, pues estoy soltero, lo hago en mi casa o en la casa de alguien.
—También es complicado invitar a alguien a tu casa.
—Sí, pero creo que se sobreentiende un poco porque yo lo aclaro: "Che, mirá, la verdad es que no es lo ideal, pero bueno, es la única manera que tengo, y podemos cenar bien igual y no pasa nada". Pero a ver, yo saldría: a mí me divierte ser quién soy, no lo sufro para nada. Por eso, digo, soy respetuoso, soy empático, y trato de entender a la gente que es conocida y que dice que la fama lo abruma. Pero yo creo que el 90% de las cosas que te pasan con la fama son buenas, y después hay un 10% que obviamente no sé si decir que es malo, pero tenés que acostumbrarte. Yo llevo mi vida con naturalidad, disfruto, y sigo creciendo. Antes mi vida era el fútbol en un 100%, después fue un 50%, y hoy veo que el fútbol en mi trabajo día a día, increíblemente es un 20%.

Un futuro fuera de cámara
—Y el punto de partida: siempre hablás de la importancia que para vos tiene divertirte.
—Absolutamente. Obvio que el trabajo es trabajo, no tiene por qué siempre ser divertido, pero si encima encontrás cosas que te vayan motivando, está bueno. De lo que sí soy consciente es que esto tiene vaivenes, no siempre vas a seguir creciendo, hay momentos en que los que voy a tener menos. Estoy preparado psicológicamente para el día en que quizás no me vaya tan bien, para decir: "Bueno, esto lo hice bien, estoy tranquilo con esto, puedo seguir sin tanto". Pero bueno, ahora es todo crecimiento. Como proyecto, también tengo ser conductor de un programa más general y que no sea de fútbol. Seguir viajando. Para eso en los últimos dos años hice mi equipo de trabajo.
—¿Cuántos son ahora?
—Somos siete, y tengo reuniones con ellos todos los días. Tenemos diferentes emprendimientos. Algunos fuera de los medios, como el de tener una cafetería. También tengo proyectos inmobiliarios. Es decir, me divierte la inversión y ser inteligente con las decisiones que tomo para mi vida y para mi futuro. Hoy me toca dar la cara y poner mi cuerpo, pero no quiero eso toda mi vida. Quiero en un momento decir: "Bueno, puedo ser un empresario de medios y con otras cosas en las que invertí, y no tanto dar la cara, sino elegir gente que pueda hacerlo y llevar mi marca". Igual eso lo dejo para más adelante. Hoy me siento con ganas y me siento joven como para seguir estando delante de cámara un par de años más...

Agradecemos a La Tribuna Parrilla
Fotos: Chris Beliera
Diseño de tapa: Darío Alvarellos
Arte: Roshi Solano
Maquilló y peinó: Nahuel Puentes
Video: Candela Casares
Edición de video: Ramiro Palais
Redes sociales: Luna Figliuolo
Producción integral: María Eugenia Belich






















































