Hay pocas celebridades capaces de alterar por completo el pulso de una Semana de la Moda con apenas bajarse de un auto. Rihanna es una de ellas. Su llegada genera corridas de fotógrafos, transforma un look en contenido viral y consigue que una presentación gane repercusión internacional incluso antes de que comience el desfile.
Eso volvió a ocurrir en París cuando la cantante apareció en el desfile de Matières Fécales, una de las firmas de estética más provocadora del Fashion Week. Vestida especialmente por la marca, la ícono global consiguió exactamente aquello que cualquier maison busca al sentar una estrella de su dimensión en primera fila: fotografías, conversación y exposición global inmediata.
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Pero esta vez ocurrió algo diferente. Beka Gvishiani, periodista georgiano conocido por su proyecto Style Not Com, puso sobre la mesa la otra cara del fenómeno: según señaló públicamente, más de 500 personas habrían esperado alrededor de una hora por la llegada de Rihanna.
Rihanna y una costumbre que las grandes casas de moda celebran y padecen por igual
La demora, según los testimonios recopilados, está lejos de ser una excepción. Periodistas especializados en moda aseguran que los retrasos de Rihanna son prácticamente una constante cuando participa de grandes eventos de la industria.

La ecuación resulta tan incómoda como irresistible. Para las marcas, tenerla significa una repercusión difícil de conseguir con cualquier otra invitada. Para fotógrafos, periodistas, equipos de producción y el resto de los asistentes, en cambio, puede significar alterar durante horas una agenda ya extremadamente ajustada.
Entre los antecedentes mencionados aparecen esperas de alrededor de una hora en Dior y una demora todavía mayor en un desfile de Off-White. Eva Chen también recordó que, durante una presentación de Azzedine Alaïa en Nueva York en 2024, la llegada de Rihanna habría retrasado el comienzo unos 40 minutos.

Una frase atribuida entonces a integrantes de relaciones públicas de la firma sintetizó el fenómeno: “Sabemos que siempre llega tarde, lo que no sabemos es cuánto”.
Y hay otro escenario en el que esa dinámica se vuelve particularmente visible: la Met Gala. Rihanna suele ubicarse entre las últimas estrellas en pisar la alfombra, convirtiendo su llegada en uno de los momentos más esperados de la noche.
El día que Rihanna habría hecho esperar siete horas a sus invitados
Pero ninguno de esos episodios se compara con lo ocurrido durante un evento de Fenty, su propia marca de maquillaje, en India.
Según el relato difundido, la convocatoria para invitados e influencers comenzó a las 19.30 de un viernes, mientras que Rihanna habría aparecido finalmente en la alfombra a las 3 de la madrugada del sábado: unas siete horas y media después.

La espera llegó a generar situaciones insólitas. Las influencers Parul Gulati y Smriti Khanna, ante la imposibilidad de conseguir en ese momento una fotografía real junto a la cantante, publicaron imágenes creadas con inteligencia artificial en las que aparecían junto a ella.
La situación abrió nuevamente el debate sobre cuánto puede demorarse una celebridad antes de que aquello que en moda suele definirse como fashionably late deje de formar parte del espectáculo.
El amor-odio de las maisons con Rihanna
Llegar tarde a un desfile no nació con Rihanna. Hacerse esperar forma parte desde hace décadas del imaginario de estatus y exclusividad asociado con la industria de la moda. Incluso algunas de las grandes supermodelos construyeron alrededor de la impuntualidad una parte de su leyenda.
Sin embargo, el caso de Rihanna lleva esa lógica al extremo por una razón fundamental: su llegada puede ser más mediática que el propio evento al que fue invitada.

La polémica generó distintas posiciones entre profesionales de la industria. Mientras algunos cuestionaron abiertamente la falta de consideración hacia quienes esperan, otros plantearon una solución mucho más sencilla: comenzar el desfile aunque la estrella todavía no haya llegado.
Deshiv Puri recordó que eso fue precisamente lo que ocurrió cuando Cardi B se demoró para una presentación de Rahul Mishra: el show comenzó sin ella.
Con Rihanna, sin embargo, aparece el gran dilema. Las maisons saben que convocarla puede implicar modificar horarios, generar esperas y poner a prueba la paciencia de cientos de personas. Pero también saben que cuando finalmente aparece, todas las cámaras giran hacia ella y el desfile cruza inmediatamente las fronteras de la moda.
Quizás allí esté la explicación de esta particular relación de amor y padecimiento. Rihanna puede llegar última, pero cuando llega, para buena parte del mundo el verdadero show recién empieza.
Fotos: Fotonoticias



















































