En tiempos donde casi todos los recuerdos quedan perdidos en la nube del teléfono, Florencia Raggi conserva intacto el hábito de atesorar las fotografías impresas en los tomos de su archivo personal. Y este 27 de octubre -una fecha que marcó un antes y un después en su vida al convertirla en madre por primera vez junto a Nicolás Repetto-, la exmodelo decidió sacar a la luz una cuidada selección de quince retratos privados para homenajear a su hija mayor, Renata, en su nuevo aniversario natal.
"Te celebro cada día, pero hoy aún más, @renatarepetto. ¡¡¡Felices 28, negra hermosa del amor!!! La vida con vos es mucho, MUCHO mejor. Te admiro toda. Te amo", expresó conmovida en su cuenta de Instagram, dando pie a una galería nostálgica que no tardó en llenarse de mensajes de afecto de colegas y seguidores sorprendidos tanto por el paso del tiempo como por el calco genético entre ambas.
El minuto cero de su historia, la complicidad con su hermana Juana Repetto y sus desfiles de entrecasa
El recorrido arranca en el minuto cero de su historia: una jovencísima Florencia Raggi con el pelo corto y oscuro en la habitación del sanatorio, todavía con la pulsera identificatoria de internación en su muñeca -al igual que la recién nacida en su tobillo-, apoyando el rostro sobre la cabecita de la beba para sentir su perfume por primera vez.

Apenas uno desliza hacia la segunda imagen aparece una de las postales más genuinas y divertidas de toda la selección: un Nicolás Repetto en pleno puerperio de finales de los años noventa, recostado sin remera sobre las almohadas de la cama y en medio de un profundo bostezo de sueño, mientras sostiene sobre su pecho a una Renata de pocos meses en pañales, peladita y con aritos abridores que mira fijo a la cámara con los ojos enormes.

De esa misma etapa inicial sobresale otro tesoro familiar que enterneció a todos: una Juana Repetto preadolescente -con el pelo largo, pecas, un mechón rubio sobre la frente y aparatos en los dientes- sosteniendo con orgullo en su falda a su hermanita menor vestida con un jardinero de jean, además de una toma de la pequeña gateando sobre la alfombra con camperita azul y otra ya con rulos jugando a vestirse de grande dentro de un enorme tapado cuadrillé blanco y negro combinado con boina y collares étnicos de caracoles.



Veranos en el mar, el amor con su hermano Francisco y dos gotas de agua en el presente
A medida que avanza el carrete, las imágenes retratan el crecimiento de la joven -quien desde hace unos años desarrolla su camino en la música y el diseño en Madrid- rodeada por el afecto incondicional de su clan. Allí aparecen los abrazos y besos cómplices en la infancia con su hermano menor, Francisco Repetto, las tardes de juegos y piruetas en la cama junto a su mamá y las infaltables vacaciones familiares en las playas de Uruguay.


En esas postales veraniegas entre los médanos y el mar se la ve abrazada al cuello del conductor y junto a la actriz luciendo una remera verde flúo y brackets, mirando el horizonte en bata de baño blanca junto a su papá o posando de noche en una galería de madera con una clásica cámara digital compacta plateada de mediados de los años 2000 en la mano.



El paso hacia la preadolescencia y la juventud también tiene su propio capítulo dentro del álbum, justo en el momento en que las facciones de Renata empiezan a volverse idénticas a las de Florencia.
Esa metamorfosis queda retratada en una luminosa postal escolar donde madre e hija posan abrazadas mejilla con mejilla con la misma sonrisa calcada, en un primer plano invernal con campera violeta y cuello de polar donde asoma la mirada inconfundible de la exmodelo, y en una toma bien espontánea y rebelde en la que, ya con la melena larga, saca la lengua y arruga la nariz frente al flash.



El cierre de la publicación funciona como el broche perfecto del "antes y después": una luminosa selfie actual con un acantilado de aguas turquesas de fondo, donde Renata -con el pelo corto estilo bob, gafas de sol negras y un vestido halter estampado- sonríe a cámara mientras Florencia la mira embelesada de perfil, confirmando que, casi tres décadas después de aquel primer abrazo, la admiración y el parecido entre madre e hija están más intactos que nunca.






















































