Germán Martitegui y Maru Botana se preparan para una nueva etapa frente a las cámaras con el estreno de MasterChef Junior (Telefe), una propuesta que los llevó a descubrir otra faceta de su trabajo como jurados. Acostumbrados a evaluar a los participantes de MasterChef Celebrity, ahora se encuentran con chicos que cocinan, se expresan con naturalidad y hasta reconocen sus propios errores.
En una entrevista cruzada, los cocineros intercambiaron preguntas en GENTE sobre sus experiencias en la cocina, los recuerdos que los acompañan desde la infancia y la relación que tienen con sus hijos. Entre risas y confesiones, también contaron qué les pasó durante las primeras grabaciones y por qué trabajar con los más pequeños puede resultar muy diferente de hacerlo con los adultos.
Germán Martitegui y Maru Botana hablaron sobre la experiencia de cocinar con chicos
La conversación comenzó con una pregunta de Maru a Martitegui: ¿qué es lo más importante que tiene que aprender un chico en la cocina? “A no cortarse, a no quemarse, a cuidarse y a disfrutar”, respondió el chef, quien quiso saber qué era lo más divertido de trabajar con los pequeños: “Que te volvés a sentir un chico. Me encanta jugar”, contestó la cocinera.

La charla avanzó hacia el costado más personal de Martitegui. Consultado sobre si era más exigente como chef o como papá, no dudó: “Como chef. Como papá me desarmo y soy otra persona. Claramente”. Su compañera quiso saber si esa sensibilidad también aparecía cuando veía cocinar a los chicos. “Me pasa con los chicos, sí. Me cuesta mucho corregirlos”, reconoció.
“Dan ganas de abrazarlos, ¿no? De decirles... Pero también los ayudamos un montón”, agregó Botana, en referencia al acompañamiento que requiere trabajar con participantes tan pequeños. Martitegui coincidió.
La diferencia entre corregir a un niño y a un adulto fue otro de los temas que surgieron durante la charla. Para el chef, resulta más difícil señalar los errores de los mayores porque suelen tener más problemas para admitirlos. “Creo que me cuesta más un adulto porque siento que les cuesta más reconocer sus errores. En cambio, los chicos ya saben que hicieron algo mal y terminan con esa carita. Eso de decirme '¿Qué puedo mejorar?', hace que sea más fácil hablarles”, explicó.
Los recuerdos de infancia que todavía los acompañan
La entrevista también tuvo lugar para la nostalgia. Cuando Botana le preguntó a Martitegui qué comida le recordaba a su infancia, ella eligió una preparación familiar: “Los ñoquis de mi abuela, que eran unos ñoquis de ricota maravillosos”.
La cocinera quiso saber si ahora repetía esa receta para sus hijos. “Bueno, por ahora se los hace mi mamá”, reconoció. Y aclaró que, cuando visita a la familia, es su madre quien prepara los ñoquis de su propia mamá. “¡Qué grande! Me encanta”, reaccionó ella.
Cuando le tocó responder la misma pregunta, Maru recordó una preparación que quedó asociada a sus años escolares: “A mi infancia me recuerda mucho la pastafrola que me hacía mi mamá para los picnics del colegio”. Y aunque siempre se ha inclinado más por lo dulce, aclaró que también recordaba otros platos, como el arrollado de carne con jamón y queso y el pastel de papas. Sin embargo, la pastafrola tenía un lugar especial en su memoria: “Me quedó grabado hasta el olorcito”.

La conductora aprovechó el momento para anticipar una faceta diferente del chef en esta versión de MasterChef. "¿Te vamos a ver más tierno en esta edición?”, le tiró. “Sí, más tierno. Bueno, mírenme”, respondió él, entre risas.
Cómo viven la cocina con sus hijos
La relación entre la cocina y la familia fue otro de los ejes de la entrevista. Al hablar de sus siete hijos, Botana contó que ninguno heredó su pasión por cocinar, aunque sí tienen una mirada crítica sobre lo que prepara en casa. “Son muy buenos degustadores. Sí me dicen cuándo las cosas están bien y cuándo están mal: ‘Esto no te salió tan rico’ o, con las tortas, ‘Esta tiene más cremosa la parte de chocolate’. Son críticos, buenos críticos”, relató.
Cuando Martitegui le preguntó qué plato le pedían preparar juntos, la respuesta fue directa: “Pastas, normalmente”. La situación en la casa del chef es algo diferente. Consultado sobre si sus hijos ya cocinaban o le pedían ayuda, contó que todavía no se involucraban demasiado en las preparaciones.
“Mis hijos no cocinan mucho. Hasta que vi a estos chicos, tenía miedo de que se cortaran o se quemaran. Así que en mi casa hay mucho cuidado con eso. Mezclan o hacen ñoquis o falafels, pero no tocan un cuchillo. Ahora creo que va a cambiar en casa”, explicó.

Las primeras grabaciones: una sorpresa para los dos jurados
Al hablar específicamente de las primeras jornadas de grabación de MasterChef Junior, Botana reconoció que dudaba sobre cómo iba a funcionar el formato. “Tenía un poco de miedo de que fuera muy complicado, que el programa no fluyera. Que estuviéramos sorprendidos y, a la vez, asustados si se emocionaban o si nos decían algo. Esto que dice Germán del cuchillo. Yo decía: ‘¿Cómo van a cortar la cebolla?’”, recordó.
Sin embargo, esas preocupaciones desaparecieron cuando vio a los participantes en acción. “Se me fueron un montón de esos fantasmas porque, de repente, los vimos cortando una cebolla, ellos hacían las devoluciones y era como todo muy fácil. El programa corrió”, explicó.
Para la cocinera, uno de los aspectos más valiosos de la experiencia fue la espontaneidad de los chicos y la naturalidad con la que se desarrolló el rodaje. “No se pierde nada, es muy fresco. No tenés que cortar y decir: ‘Che, corten, vuelven a empezar’. Prácticamente no creo que haya una edición; creo que el programa se grabó y salió. Y eso para nosotros también es lindo porque nos hace sentir más naturales con los chicos, frescos, como si los conociéramos desde hace un montón”, sostuvo.

Martitegui también reconoció que esperaba tener que intervenir para tranquilizar a los participantes. Sin embargo, ocurrió lo contrario: fueron ellos quienes terminaron relajando a los jurados. "Pensé que íbamos a tener que relajar a los chicos o hacer que estuvieran mucho más tranquilos y, finalmente, creo que ellos nos relajaron a nosotros”, contó.
Después, enumeró las características que más lo sorprendieron durante las grabaciones: “En un momento dijimos: están súper contentos en la televisión, quieren hablar, quieren contar, quieren expresarse, quieren cocinar. Se ayudan entre ellos, son súper cómplices, son graciosos, piden crítica, son autocríticos. Son una sorpresa”.
Por qué es diferente corregir a un chico que a un adulto en MasterChef
La experiencia con los pequeños participantes también les permitió comparar sus devoluciones en MasterChef Junior con las que realizan habitualmente en MasterChef Celebrity. Para Botana, los chicos suelen facilitarles el trabajo porque reconocen rápidamente cuando algo no salió como esperaban. “Para mí es más fácil con los chicos porque enseguida, cuando son tan naturales, si algo no está bien te dicen: ‘Sí, sé que me salió mal, que me pasó esto, que me olvidé de cocinarlo en esta parte, me quedó más crudo, me quedó más seco’. Entonces ya te abren el camino”, explicó.
En cambio, consideró que los grandes suelen adoptar una postura más defensiva cuando reciben una crítica. “Un adulto quizás está más rígido y, cuando vos le decís algo, por ahí afloja, pero le cuesta. Por lo general, está más a la defensiva, defendiendo su plato: ‘Tengo que defender lo que hice’”, señaló. Martitegui resumió esa diferencia con una frase: “Un chico casi se autoacusa”. Botana agregó: “Sí, claro. Dice: ‘Perdón, lo hice mal’”.
El chef fue un paso más allá al comparar a los participantes de MasterChef Junior con los famosos que compiten en la edición clásica. “Y un Celebrity, que es más que un adulto, es más complicado, me parece...”.
Fotos y video: Rocío Bustos
Redes sociales: Bárbara Bustos
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