Los grandes secretos de arquitectura de la Basílica de Luján: piedra entrerriana, vitrales franceses y hornos de ladrillos – GENTE Online
 

Los grandes secretos de arquitectura de la Basílica de Luján: piedra entrerriana, vitrales franceses y hornos de ladrillos

Revista GENTE recorrió el emblemático santuario junto a una guía especializada para descubrir los detalles constructivos, los materiales y las curiosidades que convierten al templo en una de las mayores obras neogóticas de la Argentina.
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Con sus 106 metros de altura, las torres de la Basílica de Luján dominan el paisaje de la ciudad desde hace más de un siglo. Sin embargo, detrás de su imponente silueta existe una historia de ingeniería, logística y trabajo artesanal que pocos conocen. Desde la piedra que reviste sus muros hasta los hornos donde se fabricaban los ladrillos, cada detalle fue pensado para levantar uno de los templos más emblemáticos del país.

Durante una recorrida exclusiva, Revista GENTE conoció junto a Romina Ramírez, guía del santuario, algunos de los secretos constructivos que esconde este edificio, considerado una de las expresiones más importantes del estilo neogótico en la Argentina.

"El estilo arquitectónico es el neogótico. Se trata de un estilo bastante particular para la época en la que se construye el santuario", explica Ramírez a inicios del recorrido.

La Basílica de Nuestra Señora de Luján es una de las obras arquitectónicas más importantes del país.

La especialista señala que el edificio combina técnicas tradicionales con materiales nacionales y europeos. "Vamos a encontrar elementos bastante característicos. Este edificio es de mampostería de ladrillo y hormigón revestido en piedra en todo el exterior del templo", agrega.

Así es la imponente Galería A Giorno de la Basílica de Luján que regala una vista privilegiada a la ciudad.

Uno de los datos que más sorprende es el origen de dichos materiales. Aunque muchos imaginan que la mayor parte de la construcción llegó desde Europa, la realidad fue diferente.

"La piedra fue traída de una cantera de Colón, Entre Ríos. Por el río venían hasta el puerto de Buenos Aires y de ahí en tren hasta Luján", cuenta la guía.

Esa decisión no fue casual. Desde el inicio del proyecto, el padre Jorge María Salvaire, principal impulsor de la basílica, buscó privilegiar, siempre que fuera posibles, la producción nacional.

"Pretendemos que la mayoría de los elementos de construcción de este templo van a ser de Argentina", había propuesto de entrada el padre Salvaire, al tiempo que aclaraba: "Por supuesto que también se terminarán encontrando elementos de otro país, ya sea debido a donaciones o porque, para el caso, vitrales no había en Argentina y vinieron desde Francia. Pero la intención siempre fue que el resto fuera todo argentino", explicaba.

Los vitrales de la basílica son uno de los pocos elementos traídos del extranjero.

La construcción comenzó oficialmente el 6 de mayo de 1890, cuando se colocó la piedra fundamental cuatro metros por debajo del futuro altar mayor. En su interior se depositaron documentos históricos, retratos papales y piedras traídas de algunos de los lugares más importantes del cristianismo, como Nazaret, el Monte Calvario, Lourdes, Montserrat y las Catacumbas de Roma.

Levantar un edificio de semejantes dimensiones también implicó desarrollar un sistema de producción propio que permitiera abastecer la construcción durante décadas. "Para poder alimentar todo el tiempo la construcción se armaron dos grandes hornos de ladrillos, uno en el norte y otro en el sur", explica Ramírez.

La guía agrega que el desafío no terminaba allí: "Además, se tenía que conseguir la leña de otras zonas para los hornos".

Con el paso de los años fueron incorporándose otros elementos que hoy caracterizan al edificio, como los vitrales historiados llegados desde Burdeos, el gran rosetón francés de diez metros de diámetro, el campanario, el sistema de relojería y las dos torres que terminaron por definir la silueta de la Basílica.

La basílica es visitada todos los años por miles de turistas y fieles.

Durante la visita, otro detalle suele captar la atención de quienes observan con detenimiento la fachada. "Hay muchos elementos decorativos que responden al estilo gótico", señala la guía mientras apunta hacia las galerías superiores.

"A ambos lados de esta galería hay figuras alegóricas: los grifones, una mezcla de león con águila. Se encuentran en el exterior del templo y están como al acecho mirando al suelo", explica.

Los grifones se encuentran el el exterior de la Basílica. Su función: ahuyentar el mal del templo sagrado.

Según detalla, estas esculturas también poseen un fuerte significado dentro de la tradición cristiana. "Representan el mal, pero permanecen fuera del lugar sagrado. Están mirando hacia la plaza para ahuyentarlo", concluye Romina Ramírez.

Tras más de cuatro décadas de trabajo, la basílica se concluyó en 1935. El resultado fue una de las obras neogóticas más importantes de la Argentina, un edificio donde conviven materiales nacionales, vitrales franceses y una historia constructiva que todavía puede descubrirse en cada rincón del santuario.

Fotos: Diego García
Videos y redes sociales: Juan Rostirolla



 
 

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