La escena fue contundente: al grito de “¡Fuera el PAN!” y “¡Rateros!”, trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) hicieron retroceder a Jorge Romero Herrera, presidente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), durante una protesta en Paseo de la Reforma. Lo que parecía una visita de solidaridad terminó en rechazo abierto, con consignas que resonaron entre pancartas y carpas instaladas por empleados inconformes con la situación actual del instituto.
Romero, acompañado de otros legisladores del PAN, acudió al campamento para exigir la renuncia de Zoé Robledo, director general del IMSS, a quien acusan de no saber resolver la crisis de abasto de medicamentos en los hospitales. Sin embargo, la presencia del dirigente panista encendió los ánimos de los manifestantes, quienes lo señalaron no solo como ajeno a su lucha, sino como corresponsable de las reformas que, según ellos, deterioraron sus derechos laborales.
El trasfondo: reformas que marcaron a una generación
El descontento de los trabajadores del IMSS tiene raíces profundas. Muchos recuerdan que fue durante el gobierno del primer presidente panista, Vicente Fox, cuando en 2004 se aprobó una reforma a la Ley del Seguro Social que cambió el financiamiento de las jubilaciones. Aquella modificación, impulsada por legisladores del PAN junto con otros partidos, estableció que las cuotas obrero-patronales dejarían de usarse para las pensiones, pasando la carga al presupuesto federal y a mayores aportaciones de los propios empleados.
La reforma, que alteró los artículos 277 D y 286 K, garantizó que quienes ya estaban en activo o jubilados mantuvieran sus beneficios, pero abrió la puerta a un nuevo esquema para las generaciones futuras. El proceso continuó en 2008, durante el sexenio de Felipe Calderón, cuando el IMSS y su sindicato acordaron un sistema de cuentas individuales administradas por Afores para las nuevas jubilaciones. Para muchos trabajadores, estos cambios representaron una pérdida de seguridad y derechos adquiridos.
La protesta: salarios, medicamentos y dignidad
La tensión de la protesta no solo gira en torno a las pensiones. En los últimos días, los empleados del IMSS han manifestado su inconformidad por el aumento salarial anunciado por Zoé Robledo: un 4% directo al salario tabular y otro 4% de ayuda para renta, tras largas negociaciones con el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS). Los trabajadores consideran insuficiente la propuesta, pues exigen un incremento del 10% y mejores condiciones laborales.
A esto se suma la crisis de abasto de medicamentos, una problemática que afecta tanto a quienes trabajan en el IMSS como a los millones de derechohabientes que dependen de sus servicios. “Los trabajadores de la salud no pueden seguir enfrentando esta crisis sin los recursos necesarios para atender a las familias”, publicó Romero en sus redes sociales, intentando sumar su voz a la causa. Pero para los manifestantes, el gesto fue visto como oportunismo político.
Un rechazo con historia
Las consignas de “¡Impostores!” y “¡Nos robaron el régimen de jubilación y pensiones!” reflejan el sentimiento de traición que muchos empleados del IMSS asocian con las reformas de años pasados. La visita de Romero, lejos de unir fuerzas, reavivó el recuerdo de decisiones legislativas que, en su percepción, les arrebataron derechos fundamentales.
El episodio en Reforma es más que un incidente aislado: pone en evidencia la desconfianza de los trabajadores hacia los actores políticos y la complejidad de los reclamos en torno a la seguridad social en México. Mientras la crisis de medicamentos y la negociación salarial siguen sin resolverse del todo, la protesta de los empleados del IMSS se convierte en un símbolo de la lucha por la dignidad laboral y el derecho a un retiro justo.




















































