“Desde el día cero supe que iba a hacer esto”.
Mucho antes de que el streaming se convirtiera en su presente, Marti Benza (26) ya se grababa y editaba sus videos en la habitación de su casa: tenía apenas 10 años y experimentaba, sin imaginar hasta dónde podía llegar aquella pasión por contar, entretener y hacer reír.
Hoy, con casi ocho años de carrera y un recorrido de crecimiento paulatino, atraviesa un gran momento profesional. Pero llegar hasta acá también implicó atravesar etapas difíciles, sentirse frustrada en ocasiones y volver a encontrarse con esa luz propia que, según cuenta, había perdido por un tiempo. Ahora, entre el humor, los amigos y las horas frente al micrófono, siente que recuperó su faro.
Después de una nueva transmisión de Tarde de Tertulia (TDT), el programa que comparte con grandes amigos en OLGA, llega al estudio de GENTE para protagonizar la tapa de esta semana. La influencer deja asomar una faceta que va más allá del humor y la creación de contenido: también disfruta jugar con su imagen, probar nuevos estilos y explorar distintas versiones de sí misma.

Frente a la cámara, Marti se apropia de cada look con comodidad y le imprime su personalidad irreverente. "No tengo vergüenza", reconoce en un fragmento de la charla. Cambia de vestuario, ensaya poses, se anima a propuestas diferentes y las risas no faltan. Pero hay algo que acompaña toda la jornada y termina de marcar el clima de la producción: la música de Taylor Swift. Fan declarada de la cantante estadounidense, la influencer tiene su propia banda sonora para esta jornada.
Suenan los primeros flashes de la fotógrafa y empieza “Cleveland!”. Ella no tarda en reaccionar: "¡Quiero cantar!", confiesa en medio del set y es lógico que se sabe toda la letra. Con otros temas, directamente se entrega al baile y se mueve con libertad, contagiando al equipo con su energía.
“Estoy en un grandísimo momento”: su presente profesional y el proceso de volver a encontrarse
La historia de Martina Benza con la creación de contenido empezó mucho antes de que el streaming se convirtiera en su presente. A los 10 años ya grababa videos, experimentaba con la edición y pasaba horas frente a la computadora, convencida de que quería dedicarse a eso. Lo que entonces era un juego y una manera de expresarse terminó convirtiéndose en una vocación.
En el año 2018 abrió su canal de YouTube con un registro de su viaje de egresados: lo que había comenzado casi como un recuerdo entre amigas terminó convirtiéndose en el puntapié de su carrera. La repercusión creció y, en poco tiempo, sus videos cotidianos, su humor y la naturalidad con la que compartía su vida empezaron a reunir una comunidad cada vez más grande.

El salto al streaming la llevó a compartir pantalla con sus amigos de siempre, los de toda la vida y su carrera se consolidó al frente de TDT, un proyecto que trasladó al aire la química y la complicidad que su público ya conocía de las redes.
—¿En qué momento profesional sentís que estás hoy?
—Al fin puedo decir que estoy en un grandísimo momento. Si bien siempre fui muy privilegiada y muy consciente del lugar que tengo, la verdad es que mi carrera, desde que arranqué, que ya son casi ocho años, tuvo un crecimiento paulatino, que me encanta. Si bien tuve unos picos, cuando hice cosas nuevas o cuando pasa algo que a la gente le llama la atención, siento que siempre fue en crecimiento.
—¿Por qué decís que "al fin" estás en un gran momento?
—Tuve un año cargadito... Yo soy luz, y no estaba haciendo luz el año pasado. O sea, estaba siendo sombra, oscuridad. Por suerte, desde principios de año siento que volví a ser yo un poco. Siempre hablo de salud mental, de que siento que adentro mío, si bien me pasan cosas duras o tristes, como a todos en la vida, tengo un faro que me guía, que me hace sentir, que me da una tranquilidad y una seguridad de que todo va a estar bien, de que todo se va a solucionar. Y el año pasado fue la primera vez en toda mi vida, en 25 años, que ese faro no estaba.

—¿Te sentías perdida?
—Una o dos veces en la vida me pasó eso: sentirme realmente desamparada, que no había luz al final del túnel. Y me asustaba un montón. Este año recuperé esa energía y estoy muy tranquila, muy muy feliz, muy consciente, disfrutando el momento. Al final, cuando uno está bien se ve, y también se abren más oportunidades: todo lo hago con mejor predisposición, más buena onda, porque realmente la estoy pasando muy bien en todos mis proyectos. Hasta ahora, este es un añazo.
—¿Qué cambió en vos internamente para pasar de ese año oscuro a este otro, en el que te sentís plena?
—Me pasaron muchas cosas. Fueron muchos cambios. Hay algo que sucede: cuando uno tiene los cambios normales y los bajones de la vida diaria, en este mundo (del streaming) estás expuesto. Entonces, tus problemas y procesos los puede ver todo el mundo, y puede opinar todo el mundo. Es un peso extra: no solamente cargás con lo tuyo, sino que cargás con la mirada del otro.
—Esa sería la cuota no tan linda de la exposición.
—Yo estoy donde estoy gracias a la mirada del otro, a que la gente me mira, me sigue y me banca, y me dan la seguridad, la confianza y la certeza de que lo que hago vale, de que a alguien le gusta y le importa. Pero también tiene su otro lado, su otro costado: estás en el ojo, y cualquier cosa que digas o te pase, todos van a opinar.

Marti Benza y la soltería: "Me siento mucho mejor, necesitaba estar sola"
La salud mental es uno de los temas que decidió abordar desde su propia historia. Los procesos emocionales la acompañan desde los 12 años y durante mucho tiempo, le costó poner en palabras lo que sentía. Fue durante la pandemia cuando comenzó terapia y empezó a encontrar herramientas para comprender sus emociones.
Con los años, también se animó a compartir parte de ese recorrido con su comunidad, con la intención de visibilizar la importancia del acompañamiento profesional y contribuir a derribar los prejuicios que todavía rodean a la salud mental.
En diciembre de 2024, vivió un episodio que marcó un antes y un después en su manera de hablar públicamente sobre el tema. Mientras manejaba por la avenida Cabildo, en Buenos Aires, sufrió una crisis de pánico. La situación requirió atención médica y una breve internación. Después de recibir el alta, contó lo sucedido en sus redes sociales. “Mi mente decidió colapsar”, expresó al recordar aquel momento.

—¿Qué rol juega la terapia en tu vida?
—Me ayudó demasiado. Lo recomiendo siempre: siempre que tengan la posibilidad de acceder a terapia, háganlo. A mí me salvó la vida. Y si no se puede acceder a terapia, hablar o expresar tus emociones de la manera que encuentres es el camino para lograr una mejor calidad de vida. Por ejemplo, me separé a principio de año, y me siento mucho mejor: necesitaba estar sola... Igual, mis amigos siempre apuestan cuánto tiempo voy a estar soltera.
—¿Cuál es el récord?
—Hasta ahora es el récord de mi vida: son 7 meses. ¡Che, aprendí una banda! Ya aprendí todo (ríe).
— Pero soltera no es lo mismo que sola, ¿o sí?
— No. Jamás, jamás. De hecho, el estar sola también fue un cambio hermoso, porque me volví a encontrar a mí misma. Y la verdad lo estoy disfrutando un montón: me encanta poder estar sola y feliz conmigo.

—¿Qué descubrirte de ti misma en tu versión soltera?
—Antes me aferraba mucho a la otra persona, porque capaz tenía miedo de estar sola o no me sentía suficiente. Me ponía de novia con gente que capaz no me hacía bien y para mí, era lo que yo me merecía en ese momento: bastante autodestructivo todo. Siempre tuve conductas bastante autodestructivas y ahora al fin pude encontrar una versión mía que no se quiere destruir a sí misma. Me costó un montón, me parece rarísimo.
—Qué importante que lo reconozcas.
—De hecho, si bien estoy súper bien y feliz, este fue el año en el que más ataques de pánico tuve en mi vida. Nunca tuve tantos ataques de pánico. En una semana capaz que tenía cinco ataques de pánico y viajé mucho este año, gracias a Dios, pero me agarraban en medio de la ruta, a 10 mil kilómetros de mi casa. Dije: "No, chicos, llévenme al hospital a que me internen de nuevo." Ahí estaba tranquila. Ahora estoy un poco mejor y siento que hay mucho de esto, de hallarse en un lugar donde no hay caos, no hay peligro o no hay conflicto, y eso es nuevo para mí.
—Es valioso el hecho de haber encontrado esta versión estando sola. No siempre se consigue.
—Total. Siento que aprendí un montón, que todas las cosas que me pasaron, y que las sufrí bastante, me hicieron aprender mucho. Mis amigos dicen que no llego soltera a fin de año...
—¿Es la apuesta entre ustedes?
—Yo digo que si llego, creo (ríe).

—¿Tenés ganas de enamorarte?
—Me gusta amar, me gusta el amor. Tengo un corazón gigante, eso es lo que pasa (ríe). Ellos no entienden eso. Tengo un corazón tan grande que no lo pueden comprender.
—Llevás siete meses soltera, ¿pero de pronto podría salir un día de estos una noticia o un video en el que aparezcas con alguien?
—O sea, yo estuve ahí, en algo... (risas). Es que aparte no me puedo cerrar el orto, eso es lo que pasa. En la mesa, con los chicos en Luzu, me siento tan cómoda que es como estar en el living de mi casa con amigos, y me olvido de que hay un montón de gente mirando, entonces yo me voy de boca, no puedo evitarlo. Pero bueno, estoy feliz.
El humor como mecanismo de defensa y su manera de atravesar los momentos difíciles
En la vida de Marti, el humor funciona como una forma de atravesar los momentos difíciles y poner en palabras lo que le pasa. Ella misma reconoce que muchas veces recurre al chiste como mecanismo de defensa, algo que incluso trabaja en terapia: su psicóloga suele señalarle que convierte situaciones cotidianas en material para hacer stand up.
Con el tiempo, la terapia se volvió un espacio fundamental para ella, al punto de reconocer que le salvó la vida. Es decir, que más allá que el humor forma parte de su identidad, eso no le impide mirar hacia adentro, trabajar en sus aspectos más íntimos y pedir ayuda cuando lo necesita.

—Hacés mucho humor con tu contenido. ¿Cómo manejabas esa dualidad en estos días difíciles de los que hablabas?
—Hacer humor es lo que me sale más fácil. Me pasa mucho en terapia que mi psicóloga me dice: "Me está encantando el stand up." Se caga de risa, pero llega un punto que me dice: "Basta, hablame en serio". Siempre fue el mecanismo de defensa en toda mi vida, y también en mi familia siempre fue así.
—¿Viene de familia?
—Mi mamá me ha contado las peores historias del mundo riéndose. Me decía: "Huy, por favor, cagate de risa", y yo me cagaba de risa. Entonces claro, es un mecanismo de defensa, una manera de alivianar la situación, de poder hablar de lo que a uno le pasa, de poder transitarlo y superar el trauma. Por eso siento que lo que menos me cuesta es reírme. Me encanta hacer chistes. Estoy todo el día haciendo chistes, pero porque me nace.
—Pareciera que hacés contenido las 24 horas del día.
—Tal cual (se ríe). Hay gente que me conoce ahora y me dice: "¿No te cansás? Pará, no hace falta tanto". Y les pido perdón porque no puedo parar. Tampoco tengo vergüenza, entonces hago mil chistes que son una cagada. Pero son graciosos de lo malos que son, ¿entendés? Me río yo sola.

De los videos en su habitación a convertirse en una figura del streaming
La creadora de contenido creció en Lanús, la zona sur del conurbano bonaerense, en una familia en la que aprendió a encontrar su propio entretenimiento desde muy chica. Hija única, pasaba tiempo grabando videos mientras sus padres trabajaban largas jornadas en Capital Federal.
Una de las maneras poco convencionales que encontró de entretenerse fue aprender a leer y hablar al revés, una habilidad que practicaba incluso durante los viajes en auto, mientras intentaba descifrar los carteles que veía por la calle.
Su historia familiar también dejó su huella en su manera de ver el mundo y animarse a mostrarse tal cual es. Sus padres atravesaron varias separaciones a lo largo de su crecimiento, una dinámica que Marti recuerda con anécdotas y humor. De su mamá reconoce haber heredado la espontaneidad, la locura y la facilidad para comunicarse; de su papá, en cambio, destaca la paciencia, la empatía y la templanza.

Dos personalidades diferentes que, de alguna manera, conviven en ella y se reflejan tanto en su vida cotidiana como en la forma descontracturada con la que se vincula con los demás.
—Tenés un alcance enorme en las plataformas, pero quiero retroceder a esa niña que hacía videos en su habitación. ¿Cómo comenzó ese sueño de convertirte en youtuber o streamer?
—Esto antes no lo decía mucho, pero yo siempre lo supe. Desde el día cero sabía que iba a hacer esto. Lo tenía todo anotado de chiquita, ni siquiera sabía lo que estaba manifestando. Tengo libros, cuadernos enteros aprendiendo a editar... Me anotaba todo, cómo se usaban las cosas en Premiere Pro. Empecé a editar a los 10 años con Movie Maker y a grabarme. Tengo los videos ya archivados de esa época, pero sabía todo lo que quería hacer: estaba tan convencida...
—¿Cómo era la situación? Vos tan chiquita editando, grabándote, cuando todavía no era tan común.
—Estaba sola en mi casa: hija única, mis papás laburaban todo el día. Vivíamos en zona sur y los dos laburaban en Capital, entonces se iban a las 7 de la mañana, volvían a las 9, 10 de la noche. La verdad es que yo estaba al pedo con una compu, que por suerte me habían dado, y dije: "Listo, bueno, ¿a ver qué hay acá?". Me divertía mucho sola también y era muy autodidacta. Me di cuenta de que esa era mi pasión, me gustaba todo este mundo. Mis papás se separaron 100 millones de veces, en mi fandom la pregunta de joda siempre es: "¿Están juntos o están separados?". Y yo estaba atravesando todo ese lío familiar típico, así que aprovechaba ese tiempo en mi habitación.

—Era tu refugio.
—Sí, porque todas esas veces que se separaron yo estaba un poco en el medio, como queriendo decirles: "¡Estoy acá! ¡Hola!". Siempre necesité esa atención: que me miren, que me escuchen. Crecí necesitando eso, y lo encontré haciendo videos... Así que siento que se materializó y en el proceso fui creciendo, fui madurando, hice mucha terapia y acá estoy.
—¿Qué es lo que más disfrutás de crear contenido?
—Lo que me gusta más es darle algo a la gente. Mi sensación con mis videos, y ahora con el stream, es querer dejar una emoción: que te rías o que llores, que te transmita algo, lo que sea, un sentimiento. Me gusta mucho lo que hago por tener la posibilidad de entretener a alguien, y valoro mucho cuando a mí me entretienen también.
—¿Has visto recientemente esos videos que grabaste de chica?
—A veces los veo. Sí, sí, sí.
—¿Y qué te genera?
—Me da mucha ternura, porque confirmo que yo estaba muy decidida y no veía otra posibilidad que esta. En un momento empecé a sufrir porque era más grande, tenía 16, y un poco sentía que a los 18 se me terminaba la vida.

—Nada más lejano.
—Claro. Pensaba: "A los 18 soy grande, ya está, ya no hay nada para hacer". Tenía que ir a estudiar y no había arrancado, no me animaba, y todas las noches de mi vida me iba a dormir sufriendo, pensando: "¿Por qué no hago esto?". Me daba mucho miedo el que dirán, me daba mucho miedo frustrarme y que no me saliera. Y cuando arranqué, dije: "Ya está, no voy a parar nunca."
El apoyo de sus padres y la importancia de la educación
—¿Tus papás siempre apoyaron la idea de que fueras influencer o dudaron un poco?
—Al principio no es que dudaban, pero sí me decían: "También vas a estudiar". Sobre todo mi mamá, que estudió de grande porque no había tenido la posibilidad de hacerlo cuando era joven, ya que tenía que trabajar. Entonces para ella siempre fue muy importante la educación, y se lo agradezco un montón. Y para mi papá también. Hoy me doy cuenta de lo valioso y lo difícil que fue para ellos poder darme la mejor educación posible.

—¿Te costó entender esa postura de tus papás?
—En ese momento yo no quería saber nada de libros, era como: "Déjenme grabar videos". Y fue todo un tema con mi mamá, pero le dije: "Mirá mamá, confia en mí". Nunca descarté estudiar, porque a mí me encanta aprender, la educación es la clave para un mundo mejor, pero no necesariamente en todos los ambientes o en todos los momentos de tu vida la encontrás en una institución. Pero sí sé que el valor que te da a estudiar no te lo da ninguna otra cosa.
—Hablás siempre de tus papás, ¿en qué te parecés a cada uno?
—A mi mamá me parezco definitivamente en lo loca, en su forma de hablar: esto de la habilidad de comunicación me la dio mi mamá. Hay veces que la escucho hablar y digo: "Soy ella, soy esta persona que está ahí". Y a mi papá, siento que tengo un poco su templanza, que mi mamá no la tiene tanto. Mi papá es súper paciente, empático, compañero... Después, esto que te decía del humor, que lo tienen los dos. Y un valor enorme que me transmitieron siempre fue la amistad: mi mamá me obligaba a hacerme amigos de chiquita y yo odiaba.
—¿Te costaba? Porque ahora sos reamiguera.
— o quería seguir siendo una hija sola con mi compu y mi mamá me obligaba. Yo lloraba y le decía: "No quiero ir con esa nena". Y su respuesta era: "Andá con la nena y te hacés amiga".

— Hace poco viajaste a un desierto, estuviste corriendo 24 horas en vivo, el año pasado boxeaste. ¿Qué sentís que te falta por hacer así de extremo?
—Me animo a todo. No hay nada a lo que le diría que no, a menos que sea algo que lastima al prójimo: ahí diría que no. Pero me encanta probar todo en la vida. Eso también es muy de mi mamá. Me fascina atreverme a probar cosas, y ver si me gusta, si no me gusta, si me sale, si no me sale, pero todo lo extremo.
—O sea que seguirán las aventuras.
—Sí. Me encanta la adrenalina, y es un momento de mi vida donde puedo hacer esas cosas locas y aprovecharlo. A mi mamá un poco le da miedo. Yo soy más extrema que ella. No le digo las cosas que hago. Me tiré en paracaídas después de volar en un avión que daba 1000 vueltas y después le mandé un video con un mensaje: "Má, hice esto. Estoy bien, ya estoy en la tierra".
—Volviendo al plano profesional, ¿tenés algún proyecto en puerta además de TDT?
—En diciembre me voy a presentar junto a Evitta Luna en el Generación, Festival de streamers. Es un festival que va a reunir a los stremaers de habla hispana más importantes, como El Rubius, Alejo Igoa, Ian Lucas, 412, Robleis, El Tribunero, Mica Suarez y Kevsho, y muchos más... Y nosotras estaremos con Ruido, nuestro standup pero en vivo y sin censura. Va a estar buenísimo.
Fotos: Cande Petech
Dirección de arte: Roshi Solano
Diseño de tapa: Darío Alvarellos
Produccion: Lucho Castelli Donnet
Estilismo: Lucho Castelli Donnet y Chula Reale
Prendas: @vanesakrongold, @old_bastard, @fieradenim
@daniel.herreraok, @Stylers.blg
Zapatos: @oggizapatos, @Stylers.blg
Maquilló y peinó: Nahuel Puentes
Video: Martina Cretella
Redes sociales: Bárbara Bustos
Agradecemos a OLGA






















































