Nació y creció en el campo formoseño, aprendió desde chico a tocar distintos instrumentos y construyó su camino en el folclore sin saltearse etapas, incluso cuando la distancia y las críticas parecían jugarle en contra. Hoy, Lázaro Caballero atraviesa un presente de reconocimiento: su participación en los Martín Fierro de la Música y las palabras del Chaqueño Palavecino, quien lo destacó como uno de los grandes representantes de la tradición criolla, lo ubican en un lugar especial dentro de una nueva generación de artistas que busca mantener vivas las raíces argentinas.
En diálogo con GENTE, el músico repasa los comienzos de una carrera marcada por el apoyo incondicional de sus padres, la infancia entre costumbres gauchas y el orgullo de pertenecer a una cultura que también quiere transmitirle a su hijo.


"Lo que viví en el premio fue un orgullo, una fiesta. estuve acompañado por mi familia. Estar en la terna para mí ha sido algo grande. Primero me sorprendí cuando me enteré; estaba en pleno show cuando la gente que trabaja conmigo y mi manager me avisaron. Fue algo hermoso y me siento muy orgulloso de haber sido parte de la fiesta", valora quien fue recientemente nominado como "artista revelación 2026".
Además, habla de la responsabilidad que implica recibir el reconocimiento de uno de sus máximos referentes, del crecimiento del folklore entre los jóvenes y de la Fiesta Solidaria del Chaco Formoseño, el encuentro multitudinario que organiza junto a su familia y que convierte la música en una celebración de la identidad y la solidaridad.

-¿Cómo fueron tus comienzos? ¿Qué te acordás de cuando eras chico y empezabas a hacer tus primeras canciones y a profesionalizarte?
-Fue un proceso bastante duro para mí porque cuando arranqué prácticamente no sabía nada, pero tenía la pasión y las ganas desde muy chiquito. En Formosa se hacía un poco más difícil por estar lejos de todo; es la provincia de los mil kilómetros: Salta queda a 1000, Tucumán a 1000 y pico, Córdoba a 1000, Buenos Aires a 1000 y pico. De igual manera me las arreglaba: viajaba hasta Santa Fe, donde tuve a una de mis primeras profesoras de música y fonoaudióloga, Silvia Moriconi. Aprendí mucho de ella y de otros profesores en Formosa como Pelusa Riazo y Juan Cuello. Fue una carrera muy bonita, sin saltarme ninguna etapa, que creo que es lo más importante en la carrera de un artista.
-Hablás de críticas cuando eras chico. Pensando en la carrera que construiste, ¿qué les decís hoy a esas personas que eran críticas hacia alguien que recién empezaba?
-Ya pasó. En algún momento no fue tan bueno para mí, pero ahora hay mucha gente que viene y se me acerca a decirme que antes me criticaba sin saber. A veces la gente hace comentarios sin dimensionar el daño que pueden causar en una persona y sobre todo en un niño. Hoy hay muchos recursos para sanar esas heridas. Gracias a Dios uno sana y mucha gente que me criticaba antes hoy me escucha, que es lo más gratificante. Ya lo dejé allá en aquellos tiempos, pero no deja de ser un recuerdo de mis comienzos.

-Lo importante es que en este proceso te acompañaron tus padres. Eso ayuda a estar enfocado y sentir que lo que uno quiere es realizable, porque no siempre el camino del artista es bien recibido en casa.
-Claro. Tuve la suerte de tener a mis padres muy cerca siempre, apoyándome, dándome aliento y enseñándome el buen camino. Si no estaba uno, estaba el otro y nunca me soltaron las riendas hasta que fui mayor de edad. Es muy importante la presencia de los padres en los comienzos, más cuando uno es chico.
-¿Cómo estaba compuesta tu familia y qué recuerdos tenés más allá de lo musical?
-Vengo de una familia muy tradicionalista y apegada al campo. Mi familia está compuesta por mi mamá, mi papá y mis hermanos. A los 4 años, un tío carpintero me regaló mi primera guitarra, la cual todavía conservo. Empecé tocando el bombo, luego pasé al canto, la guitarra y después a otros instrumentos como acordeón, violín y percusión. Tuve una infancia muy bonita en el campo, aprendiendo las costumbres gauchas.

-¿Cómo pensas transmitir esas cosumbres a tu hijo cuando sea más grande?
-Ya lo está mamando desde la panza. Vamos mucho a la estancia de mis padres. Cuando mi mujer estaba embarazada, en la marca del ganado le hacía una cruz de tierra de corral en la panza para que fuera absorbiendo la usanza campera, el respeto por el trabajo y la tradición. Eso es lo que uno busca transmitir a la familia.
-Son valores que ayudan a mantener viva la tradición.
-Tal cual, todavía no está todo perdido.
La "bendición" del Chaqueño Palavecino, uno de los gestos que lo marcó

"Si vamos al estilo mío, bien criollo, de conocer las costumbres y la vida del campo, es Lázaro Caballero". Con esa frase, el Chaqueño Palavecino enalteció a su colega en el marco de una entrevista que dio en enero. Y desde ese momento, el artista tiene un poco más de presión. Pero se puede decir que se lo nota relajado, aunque muy orgulloso de semejante halago.
-¿Cuáles eran tus referentes cuando te empezabas a adentrarte en el mundo de la música?
-Fueron varios. Atahualpa Yupanqui es uno: tengo un tatuaje de él en el hombro izquierdo con una de sus frases y le puse su nombre como segundo nombre a mi hijo. También Jorge Cafrune y Mario Millán Medina eran referentes muy fuertes de mi región, inculcados por mis viejos.

-El Chaqueño Palavecino te nombró como su sucesor. ¿Qué se te pasa por la cabeza al escuchar eso de un referente tan grande?
-La admiración que le tengo es tremenda, no solo por su canto y carrera, sino por lo que hace por su gente y su lugar con su fundación solidaria. Es un libro abierto y tengo una amistad hermosa con él. Que me señale es una responsabilidad y una mochila muy pesada, porque defender lo que él siempre defendió requiere mucho. Siempre digo que me falta mucho y que lo queremos a él por siempre, pero es muy gratificante recibir sus palabras.
-Esa bendición marca un precedente importante para el género porque, nada más y nada menos, representa un signo de apertura a las nuevas generaciones en un género que históricamente se cerró.
-Es el mensaje que dejamos en cada canción y en cada show: hay que defender lo nuestro siempre. Ser un referente para chicos a los que les llega el folclore de la misma manera que a nosotros es algo muy fuerte.

-¿Sentís que hay un resurgimiento del folclore en el último tiempo?
-Sí, totalmente. Cuando arranqué era una comunidad más chica, pero hoy el folclore es masivo. En una peña o festival se juntan fácilmente entre tres y cuatro mil personas. Está muy bien plantado en la juventud gracias al trabajo de muchos años de diversos artistas y también al acercamiento de artistas de otros géneros que le han dado una frescura tremenda. Estamos volviendo a recuperar nuestras raíces y a amar la música folclórica argentina.
-Se ve mucha camada joven y colaboraciones con artistas de otros mundos, como Milo J, que unifican públicos.
-Totalmente. Artistas como Milo J llevan el folclore como música de cabecera por todo el mundo, siendo muy respetuosos del género. También Cazzu y otros artistas. Hoy el folclore es una comunidad muy abierta donde compartimos con artistas de cumbia, cuarteto o rock.
-En el ambiente se habla mucho de la mística especial que tienen tu festival en el monte. Me contaban que son muy multitudinarios y que la gente se queda mucho tiempo. ¿De qué se trata?
-Es el festival que hacemos con mi familia, mi mujer, mis padres y mis hermanos: la Fiesta Solidaria del Chaco Formoseño. Ya lleva cinco ediciones y ha crecido mucho. Se hace en la estancia donde aprendí el amor por la cultura, la tradición y el gauchismo. Son cuatro días durante el fin de semana del aniversario de la muerte de San Martín. Los fans llegan un día antes y acampan en un predio grande donde conviven personas de Salta, Tucumán, Jujuy, Córdoba, Buenos Aires, Chaco, Paraguay, Bolivia, Chile y Brasil. Conviven como hermanos, guitarrean hasta el amanecer y hay actividades como destrezas gauchas, jineteada y cuatro noches de festival solidario con artistas amigos. Recibimos miles de donaciones para fines solidarios.


-Más allá del show o la acción solidaria, hay un sentido de unión y convivencia entre la gente
-Es ques si. Pasan esos cuatro días como familia. Hay gente que se conoció en el festival, que se comprometió, que se casó o que se hizo tatuajes del festival. Tiene una mística distinta a otros festivales, hay que vivirlo en carne propia.
¿Cuánta gente fue este año aproximadamente?
-Pienso que entre 30 y 35 mil personas.




















































