El jardín del horror: por qué la justicia volvió a excavar en la casa de Coghlan donde encontraron enterrado a Diego Fernández Lima – GENTE Online
 

El jardín del horror: por qué la justicia volvió a excavar en la casa de Coghlan donde encontraron enterrado a Diego Fernández Lima

La justicia volvió a excavar en la casa de Coghlan donde encontraron enterrado a Diego Fernández Lima
A un año del hallazgo, un georradar de Gendarmería detectó una anomalía en el subsuelo del patio de la vivienda donde estuvieron enterrados los restos del adolescente durante 41 años. Todos los detalles de cómo sigue la causa que fue recaratulada como homicidio simple tras anularse el sobreseimiento de Cristian Graf, pero hasta ahora no tiene un imputado formal.
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El 4 de mayo pasado, efectivos de la División Prospección Geofísica de Gendarmería Nacional relevaron el patio trasero del chalet ubicado en Coghlan, también llamado "el jardín del horror". El estudio no arrojó resultados concluyentes, pero identificó irregularidades en el subsuelo cercano a la fosa original donde aparecieron los restos de Diego Fernández Lima, el adolescente asesinado en 1984.

Frente a ese resultado, el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°56 dictó una medida cautelar para que no se lleve a cabo ningún tipo de alteración o modificación en el jardín del domicilio del sospechoso, ubicado en el domicilio porteño de Avenida Congreso 3742. La restricción rige por 60 días, y los peritos deberán definir en las próximas semanas la metodología y el alcance de la nueva excavación.

Entre las piezas que nunca aparecieron figura parte de la mandíbula del adolescente. Las pericias forenses determinaron que Diego fue apuñalado al menos una vez por la espalda.

La casa en el barrio de Coghlan donde se encontraron los restos de Diego Fernández Lima en mayo de 2025.

Un descubrimiento accidental y 151 fragmentos de historia


El 20 de mayo de 2025, una cuadrilla de albañiles que trabajaba en una casa de la avenida Congreso al 3748, en el barrio porteño de Coghlan, llevó adelante –sin quererlo– un descubrimiento macabro. Al remover tierra, encontraron huesos humanos, un reloj Casio, una corbata y otros objetos.

Los análisis realizados sobre 151 fragmentos óseos determinaron que Diego fue asesinado de una puñalada en el pecho y que luego intentaron desmembrar el cuerpo antes de enterrarlo en una fosa improvisada de apenas 60 centímetros de profundidad. Junto a los restos aparecieron objetos personales que permitieron ubicar el crimen en la década del 80: una corbata escolar, un reloj calculadora Casio, una moneda japonesa, un llavero flotante naranja con una llave, una ficha de casino y restos de un mocasín.

La identificación definitiva se concretó tras un cotejo de ADN realizado con una muestra genética aportada por la madre del adolescente. Un sobrino de Diego reconoció el llavero naranja de inmediato en las fotos publicadas por los medios, lo que encendió la sospecha de que podría tratarse de su tío desaparecido.

En el momento de su desaparición, aquel 26 de julio de 1984, Diego Fernández Lima, el joven de 16 años que medía 1,72, vestía un jean y campera azul, y botas marrones. Así indicaba uno de los carteles que su familia pegó en las calles para intentar dar con su paradero.

Mariella Fumagalli, directora del Equipo Argentino de Antropología Forense en Argentina, explicó que la identificación implicó una doble instancia: primero la construcción del perfil biológico a partir de los restos, y luego la búsqueda de una muestra indiscutible con la que comparar el ADN extraído.

"Teníamos perfil genético, pero no teníamos una muestra indubitada para comparar. Había que buscar familias que tuvieran familiares desaparecidos", señaló la especialista. Los peritos también establecieron que el cuerpo presentaba una herida cortopunzante en la zona de las costillas y cortes en el fémur izquierdo, lo que configuró para la fiscalía un intento de descuartizamiento.

El último día de Diego y el nombre que siempre estuvo

El 26 de julio de 1984, Diego Fernández Lima salió de su casa en Villa Urquiza, se cruzó con un conocido y nunca más se lo vio. La preocupación de la familia empezó ese mismo día a las 20.30, cuando se decidió radicar la denuncia. Durante décadas, la Justicia trató su situación como una "fuga del hogar".

Ese día fue hasta Coghlan, al domicilio de la familia Graf, en Avenida Congreso 3742, pero nunca volvió. La investigación posterior al hallazgo establece que Diego se dirigió voluntariamente a esa dirección, lo que plantea la hipótesis de que conocía a alguien en esa casa o tenía un motivo concreto para ir.

La actitud de Graf y el árbol cerca de la fosa

Cristian Graf, apodado "El Jirafa" en la escuela técnica ENET N°36, es señalado como el principal sospechoso. Aunque no era amigo cercano de Diego, compartían curso y una afición por las motos. Según el fiscal, Graf mostró preocupación antes del hallazgo, pidió a los obreros no cortar un árbol cercano a la fosa y dio versiones contradictorias sobre cómo llegaron los restos allí.

Otro excompañero, Adrián Farías, se presentó espontáneamente ante la Justicia y aportó un certificado escolar que confirma que compartió aula con Diego y Graf. Su declaración incluye una grave acusación que, al cierre de esta nota, aún no había sido incorporada formalmente a la causa.

El año pasado y en medio del escándalo que suscitó el hallazgo, Cristian Graf abordado por Mercedes Ninci.

El sobreseimiento que duró un mes

El 27 de octubre de 2025, Graf fue sobreseído por el juez nacional en lo criminal y correccional Alejandro Litvack. Graf había sido imputado por "encubrimiento agravado" y "supresión de evidencia". Durante su declaración indagatoria sostuvo su inocencia, dijo no conocer a Diego y argumentó que la causa debía cerrarse por prescripción.

El fiscal Martín López Perrando, titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°61, apeló el sobreseimiento argumentando que el encubrimiento es un delito autónomo y que la falta de imputación formal contra un presunto autor impide declarar la prescripción del caso.

La Sala IV de la Cámara Federal ordenó reiniciar desde el principio la investigación por la muerte de Diego Fernández Lima, dejando sin efecto el sobreseimiento de Cristian Graf y anulando todas las actuaciones previas vinculadas a su indagatoria. El juez Rodríguez Varela remarcó que "no existe contienda acerca de la muerte violenta sufrida por Diego Fernández" y que tampoco hay controversia sobre "la conducta desplegada por el imputado una vez descubiertos los despojos de la víctima".

"Gracias a Dios, la Cámara de Apelaciones dictó la nulidad del sobreseimiento y ordenó que se investigue el asesinato de Diego", declaró Javier Fernández Lima, hermano del adolescente. Y sobre las justificaciones de Graf fue directo: "No le cree nadie, el noventa y nueve por ciento del mundo no le cree. Miente que no se acuerda, que se lo enterraron ahí".

Javier Fernández Lima, hermano de la víctima, no baja los brazos ante la incertidumbre que plantea el caso.

Homicidio simple: la recaratulación que amplió el horizonte

Un mes después del sobreseimiento, la Cámara de Apelaciones dio un giro a la causa: anuló el sobreseimiento, reabrió la investigación y la recaratuló como homicidio simple, lo que permitió profundizar la pesquisa. En los últimos días se conocieron la toma de nuevas testimoniales y la realización de un nuevo operativo en la vivienda del acusado, donde se llevó a cabo el análisis georradar con el objetivo de encontrar más elementos del adolescente.

La propiedad lindera, donde los obreros descubrieron los restos al caer tierra del terreno vecino, tiene su propia historia que contribuyó a la notoriedad inicial del caso: había sido alquilada por el músico Gustavo Cerati entre 2002 y 2003. Esa conexión, irrelevante para la investigación judicial, fue la que instaló el caso en los grandes medios en las primeras horas.

Lo que el jardín todavía no devolvió

Cuarenta y dos años después del crimen y un año después del hallazgo, la causa sigue sin imputado formal, sin móvil confirmado y sin respuesta sobre quién o quiénes participaron de la muerte de un adolescente que salió una tarde con una mandarina en la mano. El georradar detectó algo. La Justicia ahora debe determinar qué es. Claramente, la próxima excavación puede arrojar fragmentos de hueso, indicios materiales o simplemente tierra. Pero a diferencia de 1984, esta vez hay alguien mirando.






 
 

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