Desde España, donde se encontraba cuando el caso Agostina Vega conmovió a la sociedad argentina, Ricardo Darin tomó la palabra. Y lo hizo como un ciudadano más que no podía seguir callado.
"Lo que acaba de ocurrir con esta chiquita hace que necesariamente, ya no los movimientos femeninos, ya los hombres, la ciudadanía, la humanidad deba pensar cómo puede ser que haya energúmenos que estén tan mal de la cabeza y que estén amparados por otros que están peor de la cabeza que ellos", dijo en el programa Cara al show, del conductor catalán Marc Giró, en una intervención que se viralizó en pocas horas.

"Esta chiquita, Agostina, no solo fue secuestrada, fue violada, fue asesinada y fue descuartizada, y luego enterrada por un señor (el empleado municipal Claudio Barrelier) que había tenido denuncias de violencia de género y que había estado detenido, y lo largaron. Lo dejaron libre. Es decir, si esa línea de energúmenos hubiesen hecho el trabajo que tenían que hacer, esa chica hoy estaría viva", sostuvo el actor apuntando a la inacción de la justicia.
El pedido que va más allá de la condena
Lo que diferencia la intervención de Darín de cualquier otra declaración circunstancial es que no se quedó en la indignación. Propuso un ejercicio concreto, incómodo, dirigido específicamente a los hombres: "Propongo que todos tratemos de recordar en nuestro grupo de amigos si no detectamos en algún momento señales, alarmas de violencia, y que en un determinado contexto nos parecían un poco graciosas, pero que luego, capa sobre capa, conforman una personalidad de una violencia que termina siendo lo que hizo este hombre".
El diagnóstico implícito es más duro que la denuncia explícita: hay una cadena que empieza mucho antes de un crimen. Y en esa cadena, los amigos, los conocidos, los que miraron para otro lado también tienen algo que responder.
"¿Qué pasa con los hombres?", remarcó Darin. Y continuó: "Ya es una pregunta que ya no sé cómo se tiene que dirigir".

"¿Cómo se les ocurre negar?"
La conversación derivó hacia el contexto político cuando Marc Giró planteó que la negación de la violencia de género por parte de la ultraderecha y el fascismo "acaba en muerte". Darin no necesitó que le explicaran el argumento: "¿Cómo pueden negar? ¿Cómo se les ocurre? ¿Cómo se les entra en la cabeza negar?".
Giró mencionó el caso de la periodista Luciana Peker, que debió abandonar la Argentina por amenazas y reside actualmente en Madrid, y que describió a Argentina como "un laboratorio" de lo que puede venir. Ricardo tomó el hilo: "Lo de Agostina es una de las consecuencias, en este momento la más grave de todas, porque encendió a un país y estamos todos alineados detrás de esto".
Después fue directo, con la economía de palabras que solo se logra cuando la emoción y la convicción van en la misma dirección: "Lo que hace falta es que nos pongamos los pantalones largos, de verdad, de una vez por todas, y dejarnos de joder. Es así. No podemos empezar a naturalizar este tipo de cosas como ha venido ocurriendo".
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