"Ya no mendigaremos amor": la escalofriante carta que dejó la mujer que mató a su hijo y se suicidó en Florencio Varela – Revista GENTE
 

"Ya no mendigaremos amor": la escalofriante carta que dejó la mujer que mató a su hijo y se suicidó en Florencio Varela

Se conoció el escrito completo que Micaela Lator escribió de puño y letra previo a la tragedia que terminó con su vida y la de su niño de 6 años.
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Nadie sale de su asombro en el barrio El Rocío, en la localidad de Bosques, partido de Florencio Varela, tras la tragedia protagonizada por la vecina de la calle Pehuajó al 2317, Micaela Andrea Lator, de 47 años, quien mató a su hijo de 6 años y luego se quitó la vida.

Micaela junto a su hijo de 6 años, su ex, y la carta manuscrita que dejó antes de matar a su niño y suicidarse.

Micaela, o "Micky" como la llamaban en su círculo íntimo, era una mujer que, a los ojos del mundo digital, irradiaba gratitud. Costurera de oficio y emprendedora de ropa usada a través de su cuenta "Kimito Kids", solía compartir fotos sonrientes y mensajes de afecto hacia su familia. Sin embargo, detrás de esa fachada de posteos luminosos, la sombra de una depresión profunda y un entorno familiar marcado por el suicidio —su madre y dos primos habían tomado el mismo camino— acechaban su estabilidad.

El viernes 30 de mayo, la realidad se quebró definitivamente. Su marido, Fernando Esteban Cuello, regresó de su jornada como tornero en Munro y se encontró con un cuadro de pesadilla. Inicialmente, al ver a Micaela tendida, pensó que se trataba de un desmayo vinculado a su diabetes. Pero la verdad era mucho más oscura. Micaela le había disparado a su hijo, "Teby", quien padecía autismo, mientras el pequeño dormitaba o miraba la televisión. El niño agonizó durante cinco horas antes de fallecer.

Micaela, Fernando y su hijo Teby.

Tras el ataque a su hijo, Micaela intentó quitarse la vida. El primer disparo, en la frente, no fue letal porque el proyectil no tuvo trayectoria. Con la poca vitalidad que le quedaba, gatilló una segunda vez contra su pecho, muriendo en el acto. Aunque inicialmente la Justicia puso la lupa sobre Cuello por la extrañeza de los dos disparos en el cuerpo de la mujer, los registros de su tarjeta SUBE y el testimonio de su empleador confirmaron que estuvo trabajando de 7:00 a 16:00, despegándolo de la sospecha.

Lo que terminó de dar coherencia al horror fue la carta escrita de puño y letra por Micaela, donde el "mendigar amor" se convirtió en un mantra de despedida. En ese papel, la mujer volcó años de frustración y un sentimiento de invisibilidad que la carcomía.

“Era débil dirán. No, sólo me cansé de luchar contra molinos de viento. De suplicar amor, comprensión, un abrazo, alguna frase como que todo estará bien”, escribió Micaela en uno de los párrafos más crudos de su mensaje.

Sus palabras no solo hablaban de su final, sino de un reproche constante hacia su pareja: “Me equivoqué muchas veces, pero jamás creí que sería con vos…Porque todo estaba bien en algún momento”.

Micaela junto a su marido y su hijo vivían en una casa de la calle Pehuajó al 2317 en Florencio Varela.

La mujer, que días antes había posteado en Facebook que solo quería "una vida mejor" para su hijo, dejó en claro que sentía que ambos eran una carga o un estorbo en la vida de Cuello. “Lamento que no supiste disfrutar a Esteban, que no hablaras con él, un beso al irte a trabajar”, sentenció con amargura.

El cierre de sus cartas es un testimonio desgarrador de su convicción de que la muerte era el único refugio posible contra la indiferencia. “En fin, ya todo terminó, ya no volveremos a ser ignorados”, redactó Micaela, para luego sellar su destino con una frase que hoy resuena como un eco trágico en Florencio Varela: “Ya no mendigaremos amor”.

Hacia el final de su misiva, Micaela le otorgó a su marido una libertad teñida de sangre: “Si todo salió bien y ya no estamos en este mundo, quiere decir que ya descansamos de este..”. Y concluyó: “30 de Mayo. Fernando: sos libre, ya podrás hacer lo que quieras. Estar con tu música, sin que nadie te moleste. Ya podés mudarte donde …”.

La investigación, liderada por el fiscal Darío Provisionato, se encamina al cierre tras confirmar que Micaela fue la única autora del hecho. Mientras el barrio intenta procesar lo sucedido, la carta de Micaela queda como el registro final de una mente que, entre la depresión y el desamparo, creyó que la única forma de dejar de mendigar amor era abandonar este mundo.


 
 

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