Julieta Díaz tenía 18 años cuando conoció a una actriz dos años mayor que ella y sintió una fascinación que, con el tiempo, entendió que iba mucho más allá de la admiración profesional. La protagonista de Las hijas habló por primera vez con mayor profundidad sobre aquella historia durante una entrevista en el podcast Lesboteca, donde reconstruyó cómo nació ese enamoramiento y qué significó para ella reencontrarse con aquella mujer 30 años después.
Por entonces, Díaz daba sus primeros pasos en la actuación y todavía no se había replanteado su sexualidad. Sin embargo, aquella compañera de trabajo despertó algo diferente. La describió como una mujer inteligente, divertida y de enorme presencia escénica, y reconoció que rápidamente se convirtió en su actriz preferida y también en su mejor amiga dentro del equipo. Incluso llegó a visitarla en su casa, donde recuerda haber experimentado una sensación de excitación que en ese momento no terminaba de identificar como deseo.
“Era mi preferida, era la que más me gustaba cómo actuaba y era mi mejor amiga del equipo de laburo”, recordó Julieta. Según explicó, durante aquella etapa vivió el vínculo de una manera principalmente platónica, aunque hoy se pregunta si aquella falta de registro del deseo pudo haber tenido que ver con una represión de lo que sentía. “Yo siento que ahora quizás me lo reprimí y en ese momento sí lo sentía… No lo sé”, reflexionó.
Con el paso de los años, las dos tomaron caminos diferentes. Sin embargo, cada encuentro casual conservaba algo de aquella complicidad inicial. Cuando coincidían en la calle o en un teatro, la actriz aseguró que siempre se saludaban con alegría y afecto, hasta que tres décadas después volvieron a encontrarse en un contexto mucho más íntimo y pudieron finalmente ponerle cuerpo a una historia que había quedado suspendida en el tiempo.
El beso que convirtió una historia platónica en algo real
Julieta contó que durante ese reencuentro compartieron una grappamiel y mantuvieron una conversación profunda. En ese marco ocurrió algo que, para ella, tuvo un enorme significado: se besaron por primera vez. “Fue muy amoroso, muy hermoso”, describió sobre ese momento, que no derivó en una relación sexual ni en una pareja, pero que igualmente representó una experiencia importante dentro de su recorrido personal.
La actriz también aclaró que, a lo largo de su vida, sus relaciones amorosas habían sido con hombres y que fue madre en 2014 junto a Brent Federighi. Sin embargo, explicó que siempre había tenido la certeza de que en algún momento podía enamorarse de una mujer y que lo ocurrido con aquella colega no nació de una simple curiosidad por experimentar, sino de un sentimiento que había aparecido mucho tiempo atrás.

Aquel beso terminó funcionando como una suerte de cierre para una historia que había permanecido durante décadas en el terreno de la fantasía. Díaz aseguró que nunca volvió a sentir algo similar por otra mujer y que poder vivir finalmente ese momento le permitió reencontrarse con una parte de sí misma que había quedado ligada a aquella etapa de su juventud.
“Una historia platónica que, después de muchos años, pudo transformarse en un momento real”, resumió. Para Julieta Díaz, el episodio no fue simplemente el recuerdo de un amor adolescente, sino la posibilidad de volver sobre una experiencia que había quedado sin resolución y descubrir, 30 años después, qué había significado realmente aquella fascinación que sintió cuando apenas comenzaba a construir su carrera.

