A poco más de 50 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, la calle Mendoza de Ingeniero Maschwitz esconde una postal que rompe con el paisaje habitual del conurbano. Entre árboles añosos aparecen construcciones de madera, vidrio y chapa que albergan restaurantes, cafeterías, bares, locales de decoración, diseño y artesanías.
Revista GENTE recorrió Paseo Mendoza, el proyecto que comenzó a transformar esta zona de Escobar hace casi dos décadas y que con el tiempo quedó integrado a un corredor gastronómico y comercial mucho mayor.

Hoy, especialmente durante los fines de semana y feriados, llegan visitantes desde distintos puntos de Buenos Aires. Sin embargo, cuando el proyecto comenzó en 2008, el escenario era completamente diferente: alrededor predominaban las casas quinta, había calles de tierra y detrás de todo había simplemente un grupo de amigos buscando crear su propio lugar de encuentro.
De una casa quinta a un paseo entre árboles
Guillermo llegó a Paseo Mendoza en 2013 y actualmente está al frente de El Chiringuito, una cervecería y hamburguesería cuya carta también fue creciendo con los años. Como vecino de la zona desde mucho antes, fue testigo de buena parte de su transformación.
"El paseo se inició en el año 2008. Esto era una zona de casas quinta y calles de tierra", cuenta durante la recorrida de GENTE. El terreno sobre el que se construyó tenía originalmente una casa con un gran parque e incluso una pileta en el espacio que hoy funciona como patio. Parte de aquella fisonomía todavía puede descubrirse mirando hacia arriba.
"Si los turistas prestan atención, los árboles son añosos porque la mayoría se conservaron", señala Guillermo.
La primera etapa se desarrolló sobre la calle Mendoza y la arquitectura se convirtió desde el comienzo en una de sus señas particulares, con el uso predominante de madera, vidrio y chapa. Pero el proyecto estaba lejos de haber sido pensado como el polo que terminaría siendo.
El proyecto de un grupo de amigos que transformó la zona
"Se inició con un grupo de amigos. Era un proyecto de amigos", cuenta Guillermo sobre los inicios de Paseo Mendoza. Las primeras propuestas daban cuenta de aquel espíritu: había una tienda de artesanías en madera, una verdulería, una galería de arte y un restaurante. Este último, Ramona, terminó convirtiéndose en el punto alrededor del cual se reunía el grupo.
"Yo creo que nunca imaginaron que la zona iba a explotar. Se me ocurre que fue un punto de reunión porque eran amigos", reflexiona a casi 20 años de su inauguración.

El gran cambio comenzó alrededor de 2012, cuando se inauguró una segunda parte y el proyecto adquirió un perfil más comercial. Se incorporaron nuevos locales y la gastronomía empezó a ganar terreno.
Al mismo tiempo aparecieron otras propuestas en los alrededores y cada vez más visitantes comenzaron a llegar hasta Maschwitz por curiosidad. "Primero venían los locales porque no había mucha propuesta. Pensá que esto era una zona de casas quinta y de repente se abrieron restaurantes. Fue creciendo", recuerda.
Guillermo fue uno de aquellos vecinos sorprendidos. Había nacido en la zona y vivía a apenas seis kilómetros, pero hasta 2012 ni siquiera conocía el paseo. "Llegar acá y encontrarte con este ambiente fue espectacular", recuerda. Un año después decidió sumarse con su propio emprendimiento.

Un paseo con una gran variedad
Más de una década después, Paseo Mendoza ya no depende exclusivamente del público local. Los fines de semana llegan visitantes desde CABA y otros puntos del conurbano, mientras que durante la semana reciben también trabajadores de empresas cercanas que buscan los menús ejecutivos de sus restaurantes.
La propuesta gastronómica se diversificó con el crecimiento: hay pizzerías, hamburgueserías, pescados, cafeterías, opciones orgánicas y alternativas sin TACC, vegetarianas y veganas. Por las noches, algunos espacios adquieren un perfil de bar con coctelería.
Pero la comida no es lo único que convoca. Andrea lleva seis años trabajando en el paseo con un local dedicado a la decoración, fragancias de autor y artesanías realizadas por productores de diferentes provincias.

"Apostamos mucho a lo artesanal, además del fuerte gastronómico", explica. Y destaca una reacción que suele repetirse entre quienes llegan por primera vez: "A la gente le encanta porque parece que estuviéramos en la Costa".
Marina sintió algo similar mucho antes de convertirse en comerciante. Se mudó a Maschwitz hace dos años y empezó a frecuentar el lugar con su familia hasta que encontró un local disponible y decidió instalar Bluma, su propuesta de indumentaria infantil.
"Me enamoré del paseo viniendo a comer. Este lugar te transmite algo muy de vacaciones o de Cariló", describe. Con el tiempo también se fueron agrupando propuestas destinadas a los más chicos, acompañando el perfil familiar que domina el lugar durante el día.
Del paseo familiar a las noches de bares
El movimiento de Paseo Mendoza cambia a medida que pasan las horas. Durante el día predominan las familias que llegan para almorzar, tomar un café o recorrer los locales, mientras que por la noche las luces, los bares y la coctelería transforman el clima del lugar.
"De día es más familiar", explica Guillermo. Los fines de semana y feriados son los momentos de mayor convocatoria, con visitantes que llegan desde CABA y distintos puntos del conurbano. Después de la medianoche, en cambio, el paseo adquiere un perfil más nocturno.
El comerciante también destaca que el crecimiento fue acompañado también por cambios en el barrio, desde mejoras en las calles y la iluminación hasta una mayor presencia de seguridad. Pero pasar de una tranquila zona de casas quinta a un concurrido polo gastronómico también requirió aprender a convivir con los vecinos de siempre.

Es él mismo quien decide contar una anécdota que ya tiene un final feliz. Detrás de El Chiringuito todavía vive una mujer que, durante los primeros tiempos del restaurante, no estaba demasiado conforme con su nueva banda sonora. "Venía en pijama a quejarse por el volumen de la música", recuerda entre risas.
Lejos de convertirse en una guerra entre vecinos, encontraron la manera de convivir. Cambiaron la orientación de los parlantes, hicieron ajustes para reducir las molestias y la relación fue mejorando. "Eventualmente llegamos a las paces con la vecina", celebra.
El espíritu que todavía conserva Paseo Mendoza
A pesar del crecimiento, hay algo de aquel proyecto inicial entre amigos que parece haber sobrevivido.Los comerciantes mantienen contacto permanente, comparten las necesidades del lugar y trabajan en conjunto.
"Es muy buena la relación. Tratamos de juntarnos para hablar de las necesidades que tenemos. Es un buen grupo de trabajo", destaca Guillermo. Andrea coincide: "Entre los comerciantes tenemos gran comunicación, nos apoyamos entre todos".
Fotos: Diego García.
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