Existen destinos que no solo se visitan, sino que se sienten en el cuerpo. Y Puerto Madryn, con su mar gélido y sus cielos infinitos, es uno de ellos. Hasta ahí volaron el Chino Leunis y Macarena Martínez Picabea el pasado fin de semana, buscando vivir 76 horas inolvidables. ¡Y lo consiguieron! Tuvieron una experiencia tan profunda que el propio periodista la resume como "un viaje redondo que repetiría una y mil veces".
Y es que, aunque la Capital Nacional del Buceo ya estaba en su radar -por una visita exprés de hace unos veinte años-, esta vez el sur le regaló una magia totalmente diferente.

No solo se sumergió en el turismo aventura, sino que lejos de la vorágine de la ciudad, la pareja encontró en la inmensidad de las playas de canto rodado el escenario perfecto para detener el tiempo y disfrutar unos buenos mates.

Cara a cara con los gigantes del mar
El itinerario de los novios no dejó clásico por tachar: desde la infaltable parada en el Área Natural Protegida El Doradillo -donde con la marea alta las gigantes ballenas casi que acarician la costa- hasta el mítico avistaje embarcados en las aguas de Península Valdés.
Para Leunis tratar de explicar lo que se sintió al ver asomar esas enormes colas negras a centímetros de la lancha no es tarea fácil. "La experiencia con las ballenas es muy difícil de transferir. Es un animal tan majestuoso y, a la vez, parece tan sociable y apacible que resulta maravilloso", reflexiona, todavía conmovido por la energía de ese encuentro.

Adrenalina en el mar helado
Y como el cuerpo les pedía aventura, decidieron ir por más. Enfundados en trajes secos para ganarle la pulseada al frío del Atlántico Sur, la pareja se lanzó a hacer snorkeling con lobos marinos en la Reserva Faunística Punta Loma.

La previa tuvo su lógica cuota de nervios frente a lo desconocido. "Me decían que son como perritos y yo tenía alguito de miedo por estar hablando de una criatura salvaje", confiesa el Chino. Sin embargo, el temor duró lo que tardaron en meter la cabeza bajo el agua: "La verdad es que cuando fuimos, terminás acariciándole la panza a todos y son unos divinos".

El secreto de tanta paz, subraya el conductor, radicó en el profesionalismo de los guías locales, quienes marcan pautas claras para que la inmersión sea un juego respetuoso, dejando siempre que sea el animal quien se acerque primero movido por su propia curiosidad.
Sabores patagónicos y un paraíso intacto
La bitácora de estas 76 horas también tuvo mucha acción en tierra firme. A bordo de una 4x4, se perdieron por los caminos agrestes de la estepa, visitaron el Ecocentro y viajaron millones de años hacia el pasado en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Trelew, para luego entrar en calor con la dulce tradición del té galés.

Al caer el sol, el romance se trasladaba a la mesa, donde los sabores portuarios hacían lo suyo. "La gastronomía, la verdad, muy buena", asegura el animador, rememorando los banquetes a base de paella, rabas, vieiras y langostinos frescos que disfrutaron cada noche.

Igual, más allá de la adrenalina y la buena comida, el gran tesoro que se trajeron en las valijas fue la profunda admiración por el alma intacta del lugar. "Lo que más me sorprendió es el cuidado con los animales y el respeto por el mar", le subraya a GENTE, fascinado por cómo la ciudad logra convivir en perfecta armonía con un entorno que parece inalterable al paso del tiempo. "Lo que está intervenido es simplemente para que puedas disfrutar de la flora y la fauna sin invadirla; eso me pareció extraordinario". Una desconexión total y un amor por la naturaleza que los dejó con ganas de más. Tanto, que el mismo nos confesó: "Esta vez viajamos solos, pero nos encantaría poder hacer este viaje con los chicos".

Fotos: Álbum personal Chino Leunis y Maca Martinez Picabea, y gentileza Ente de Turismo Puerto Madryn, Avistaje Peke Sosa y Madryn Buceo
Agradecemos a Paula Wachs
Mirá También



