Joaquín Ferreira, detrás del galán: su “energía femenina”, el deseo de ser padre y el amor a los 40 – Revista GENTE
 

Joaquín Ferreira, detrás del galán: su “energía femenina”, el deseo de ser padre y el amor a los 40

En una charla íntima con GENTE, quien da vida a Luis Vadalá en la serie de Moria Casán revela su costado más sensible, los aprendizajes que le dejó la soledad y quién es cuando se apagan las cámaras.
Celebrities
Google Logo

Seguí a Gente en
Google

En la pantalla, Joaquín Ferreira parece haberse acostumbrado a ocupar el lugar del galán, del hombre seguro y, muchas veces, del villano seductor. Su presente como Luis Vadalá en la serie de Moria Casán vuelve a colocarlo en ese registro: el del “macho argentino”, un personaje con una presencia que contrasta con algunos de los rasgos que el actor reconoce cuando intenta definirse lejos de las cámaras.

“Tengo un vínculo de mucha sensibilidad con mis amigos. Como esa energía femenina”, cuenta Ferreira en una charla íntima con GENTE. Y enseguida explica qué significa para él: decirles “te amo” a sus amigos, abrazarse, llorar cuando hace falta y hablar de aquello que sienten. Una manera de vincularse que incluso sorprende a su padre, perteneciente —según analiza— a una generación “más machista, más cerrada”.

Pero detrás del galán aparece también un Joaquín que, recién cumplidos los 40, empieza a hacerse preguntas sobre el próximo capítulo de su vida. “Padre voy a ser y quiero ser”, afirma sin demasiadas vueltas. Para llegar hasta ese deseo hubo también un aprendizaje personal: después de pasar buena parte de su vida en pareja, decidió estar solo durante cuatro años porque descubrió que la soledad le resultaba incómoda. “Trataba muy bien a la gente que quería, pero no me daba ni un cuarto de ese amor a mí mismo”, reconoce.

Hoy está conociendo a alguien y asegura que ya no busca una lista de cualidades, sino algo bastante más difícil de explicar: “hablar el mismo idioma”. En esta entrevista con GENTE, Ferreira se corre de los personajes que construyeron su imagen de galán para hablar de quién es cuando se apagan las cámaras: los afectos, su costado sensible, las ganas de formar una familia y una llegada a los 40 que, lejos de generarle temor por el paso del tiempo, lo encuentra convencido de que todavía tiene mucho por recorrer en lo profesional.

Joaquín Ferreira fuera de escena: su rutina, su cable a tierra y por qué reivindica su “energía femenina”

—Además de actuar, también pintás. ¿Cómo es un día normal tuyo fuera del set?

—Ahora no estoy pintando mucho, pero mi día cambia dependiendo del proyecto en el que estoy. Generalmente me despierto temprano, medito, escribo. Antes de arrancar mis días, siempre contesto cuatro preguntas todas las mañanas, me tomo un cafecito y ahí empiezo.

Lejos de sus personajes, Joaquín encuentra su cable a tierra en la familia y los amigos, con quienes asegura permitirse mostrar su costado más sensible.

—¿Estás siempre en movimiento?

—Mirá, si estoy actuando, me pongo a estudiar el guion siempre. Todos los días estudio mínimo una hora. Repaso mucho las escenas y se me van ocurriendo cosas. Si no estoy repasando el guion, estoy escribiendo. Empiezo a escribir poesía, porque escribo poesía. Después, generalmente, al mediodía siempre me voy a entrenar. A mí me hace muy bien entrenar, ahora lo que estoy haciendo es kickboxing, que me gusta mucho. Y después, a la tarde, se me libera el día si es que no estoy grabando.

—Cuando estás en Argentina, ¿cuál es tu cable a tierra? ¿Qué lugar ocupan tu familia y tus amigos?

—Mis padres están vivos, por suerte, y tengo dos hermanas más jóvenes que yo. Lo que tiene la familia y los amigos, de verdad, es que nada de todo esto que tiene que ver con lo que puede ser la fama, o que te vean en la tele, nada de eso importa. Eso es espectacular. Tenes ese espacio o círculo donde podes ser el mismo, donde te joden de la misma forma que te jodieron toda la vida, te conocen, te miran y te sacan la ficha al toque, ese seria un cable a tierra para mí.

—En la serie de Moria, Luis Vadalá representa a ese macho argentino, y en varios de tus grandes papeles te vimos interpretar galanes o villanos con mucha presencia y seguridad. Pero cuando se apagan las cámaras, ¿cuánto hay de esos personajes en vos y cuál dirías que es la verdadera esencia de Joaquín Ferreira?

—Yo intento ser todos los días cada vez más honesto y poder hablar con mis amigos de todo. La verdad es que a veces mi viejo me dice: “Loco, las cosas con qué profundidad hablás con tus amigos”. Siento que nuestros padres son como más machistas, más cerrados. Y yo siento que tengo un vínculo de mucha sensibilidad con mis amigos. Como esa energía femenina.

—Como que expresas tus emociones y te mostrás sensible.

—Sí, yo a mis amigos les digo: “Te amo”. Nos damos abrazos, lloramos cuando hay que llorar. Valoro mucho la amistad. Tengo un recuerdo de mi padre cuando era chico, que yo era muy quilombero, le pegaba a los chicos o los mordía, y mi papá me agarró un día en su auto, y me dio una charla de por qué los amigos son lo más importante que hay. La verdad es que todavía no tuve hijos y me encantaría, pero para mí la amistad es de los mejores inventos que hizo Dios.

Joaquín Ferreira frente a los 40: qué busca en el amor y su gran deseo de ser padre

Ferreira asegura que formar una familia está entre sus grandes deseos personales y reflexiona sobre la compañera que imagina a su lado: “Padre voy a ser y quiero ser”.

—Mencionaste las ganas que tenés de tener hijos. Acabás de cumplir 40, ¿apareció la famosa crisis de los 40?

—No, no. Ya me tendría que agarrar en cualquier momento porque yo pienso desde muy chico que quiero ser abuelo. Entonces, si quiero ser abuelo, me tengo que apurar (se ríe). Pero yo lo que considero es que padre voy a ser y quiero ser. Sé que me voy a dedicar a eso y no te puedo decir que voy a ser un gran padre, pero me encantaría poder serlo, la verdad, y voy a hacer todo lo posible para que así sea.

—¿Qué sentís que tenés que resolver antes?

—Depende mucho de con quién estás. Encontrar una compañera que dure en el tiempo y que uno tenga la misma forma de pensar y la misma forma de moverse, de actuar. Además, es muy difícil en este momento de mi carrera. Yo me sigo moviendo mucho.

—La vida de un artista tiene sus particularidades. ¿Necesitás una persona que pueda entender y acompañar ese ritmo?

—Sí, y que pueda acompañarme.

—¿Cómo sos en los vínculos? ¿Sos una persona que suele estar en pareja o aprendiste también a disfrutar de la soledad?

—Al contrario, yo tuve muchas parejas. No te digo mil, pero sí estuve en pareja mucho tiempo de mi vida y con grandes mujeres, a las cuales les agradezco muchísimo, porque lo que aprendí con ellas no lo aprendí con nadie. Y hace como cinco años, más o menos, me di cuenta de que estaba siempre en pareja. Terminaba con una chica, pasaban seis meses, un año, y me ponía de novio de vuelta. Me sentía un poco incómodo solo, me empezaba a sentir incómodo y dije: “No, loco, yo tengo que estar solo y tengo que disfrutar de estar solo”. Y me pasé cuatro años solo y fue increíble. Crecí también un montón en soledad, pero, bueno, uno crece mucho más en comunión con otros que solo.

No padezco el paso del tiempo: siento que el mejor momento de un actor llega a los 50”.

A los 40, Ferreira asegura que mira el paso del tiempo con optimismo y considera que la madurez puede llevarlo al mejor momento de su carrera.

—¿Qué aprendiste de esos años en soledad?

—Es muy importante poder tratarse bien. Me di cuenta de que trataba muy bien a la gente que quería, pero no me daba ni un cuarto de ese amor a mí mismo.

—¿Y cómo sos como pareja?

—Habría que preguntarle a mis exparejas (risas), pero intento ser atento, intento estar comprometido con lo que le sucede a la otra persona en el día, en su vida. Preguntar, escuchar, escuchar mucho a la otra persona, darle mi apoyo. Y me gusta viajar mucho en pareja.

—Contaste recientemente que estás conociendo a alguien. ¿Seguís en esa etapa?

—Sí, estoy conociendo a alguien. Sí.

—A los 40, ¿qué buscás en una persona y qué cosas ya no negociás a la hora de pensar en una relación?

—Siento que muchas cosas, un todo. Pero creo que lo puedo resumir en hablar el mismo idioma. Lo que eso conlleva. A veces conocés gente que habla tu mismo idioma, que te mirás y te entendés y tal vez no la conocés de toda la vida. Tiene que ver con los valores, de disfrutar de las mismas cosas, tener un humor parecido, reírse de las mismas cosas. Hay que saber acompañarse.

—¿Cómo vivís el paso del tiempo? Se habla mucho de la crueldad de la industria con las mujeres y de que, en ocasiones, puede ser más benévola con los hombres. ¿Es algo que te genera algún miedo respecto de tu carrera?

—Sí sé que les pasa eso a las mujeres y no está bueno, pero en mi caso siento que es todo lo contrario. Esto es una percepción mía, que lo vengo viendo con cada proyecto que tomo, pero creo que el mejor momento en la carrera actoral de un hombre es a los 50 años. Miralo a Darín que ya tiene 69 y sigue laburando a full, Francella también. Son artistas que tienen más de 50 y están en el mejor momento de su carrera. Bardem también, que está por los 57. Yo creo que va por ahí. Me gusta pensar que me faltan muchos años todavía.

Agradecemos las fotos a Hernán Cristiano de Conde Estudio


 
 

Más Revista Gente

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig