Joaquín Cavanna y Germán Beder, periodistas y compañeros en Paren La Mano, comparten una amistad que nació hace casi dos décadas en una redacción y que hoy se extiende a distintos proyectos dentro del streaming y el entretenimiento. En una charla cruzada con Revista GENTE, se animaron a responder preguntas sobre su vínculo, expusieron sus diferencias, recordaron anécdotas insólitas y reflexionaron sobre la paternidad, el amor y el valor de la amistad.
La propuesta era sencilla: sentarse frente a frente, sacar tarjetas con preguntas y responderse sin demasiadas vueltas. O, como definió Germán Beder al presentar la dinámica, hablar de “lo que sucede en terapia, pero entre nosotros”.
El primer interrogante los llevó a los comienzos de su relación, cuando compartían sus primeros trabajos en el periodismo. Sin embargo, reconstruir el origen exacto de la amistad no resultó tan sencillo. Mientras Joaquín Cavanna recordó los primeros almuerzos durante una especie de pasantía en Perfil, Beder intentó llevar el recuerdo un poco más atrás, a la época de Olé. Entre las dudas y las versiones cruzadas, terminaron ubicando el comienzo alrededor de agosto de 2005.

Más que una primera impresión puntual, lo que Cavanna recuerda es una conexión construida a partir de pequeñas particularidades compartidas. “Los dos supimos entender las locuritas del otro y encontramos empatía. Después nos divertíamos con pequeñas maldades”, explicó. También destacó que, cuando alguno atravesaba un pozo anímico, el otro sabía escucharlo. Una dinámica que, según reconocieron, sigue vigente hasta hoy.
Las anécdotas de Joaquín Cavanna y Germán Beder: del Martín Fierro al sueño de ser famosos
Si hay algo que caracteriza el vínculo entre ambos es la capacidad de reírse de sí mismos. Al momento de elegir la anécdota más olvidable que compartieron, Cavanna no necesitó pensar demasiado: “Miles... cualquier almuerzo”. Beder, en cambio, recordó una época en la que buscaban hacerse conocidos juntos y salían a recorrer distintos barrios mientras se grababan con el teléfono. De aquella aventura, según contó, apenas quedaron dos videos.
Pero cuando intentaron encontrar la historia más increíble que vivieron juntos, tampoco apareció una gran hazaña. Cavanna mencionó la invitación al Cosquín Rock, donde participarán bajo el nombre de Neuropibes, y Beder rescató una escena bastante menos glamorosa: la celebración posterior a un Martín Fierro.
Después de recibir el premio, se fueron a un pequeño bar de una estación de servicio. Allí, todavía con la estatuilla, compraron gaseosas y se sentaron a comer golosinas. La escena resume una forma de vivir los logros sin demasiada solemnidad. Incluso frente a reconocimientos importantes, el plan puede terminar en una mesa de estación de servicio.

Ahora, el próximo desafío compartido será el Cosquín Rock. Y, aunque ambos se entusiasman con la oportunidad, los nervios ya empezaron a aparecer. Cavanna calculó que, en ese momento, estaba en siete puntos de nerviosismo, pero pronosticó que la cifra iría aumentando hasta llegar a nueve en febrero. Beder fue todavía más contundente: cree que durante esa semana estará directamente en diez.
Qué es lo que más les gusta y lo que menos soportan el uno del otro
La confianza de tantos años también les permite señalarse virtudes y defectos sin demasiados rodeos. Cuando llegó el momento de definir qué es lo mejor y lo peor del otro, Cavanna destacó la astucia y el ingenio de su amigo. “Lo mejor es tu astucia y tu chispa para sacar de la galera frases inesperadas y graciosas”, le dijo. La contracara aparece cuando Beder se pone, según su descripción, en “viejito cascarrabias”.
También señaló una diferencia cotidiana que todavía no lograron resolver: la puntualidad. Mientras Cavanna prefiere llegar excesivamente temprano a los lugares, Beder es partidario de esperar hasta último momento.
Beder tuvo su turno para devolver las observaciones. De Cavanna resaltó su optimismo frente a la vida, aunque lo describió como alguien que, por momentos, parece estar “por fuera de la realidad”. Entre los aspectos negativos, mencionó su narcisismo y cierta dificultad para escuchar. Cavanna aceptó parte de la crítica con humor: cuando atraviesa un drama, reconoció, suele pensar que el suyo es el más importante.
La pasividad fue otro de los puntos que Beder le marcó. Una sinceridad que, lejos de convertirse en un reproche solemne, forma parte del código que construyeron durante años de amistad.

El futuro de los amigos: de imaginar una dupla musical a temer las peleas
Cuando les preguntaron dónde se imaginaban dentro de veinte años, Cavanna respondió desde el entusiasmo: los veía formando una dupla musical. Beder quiso saber si hablaba de algo parecido a Mau y Ricky. La referencia provocó una risa y una aclaración: Cavanna pensaba en una sociedad más cercana a Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat.
La imagen de ambos compartiendo escenario en el futuro dio paso a una reflexión más personal. Beder bromeó con la posibilidad de terminar cayéndose durante una presentación, pero enseguida reconoció que le gustaría llegar a esa etapa con una buena vida. También expresó un temor: perder el control y empezar a pelearse con la gente.
Joaquín Cavanna y Germán Beder, sobre la paternidad: “Es la mejor experiencia de mi vida”
Las preguntas tomaron otro tono cuando la conversación giró hacia la paternidad. Beder no dudó al explicar por qué la recomendaría, aun con todas las dificultades que implica. “Es la mejor experiencia de mi vida”, afirmó. Cavanna coincidió y describió la experiencia como algo trascendental: “Es una manifestación de amor que no existe por otra persona en la vida”.
Sin embargo, Beder hizo una salvedad. Para él, aunque ser padre puede ser una experiencia extraordinaria, nadie debería sentirse obligado a hacerlo por mandato social. “Si hay una persona que está más para el no que para el sí, que se permita no hacerlo. No tiene que responder al mandato social. Si no, es una carga”, reflexionó.

La conversación también los llevó a pensar qué consejos les darían a sus hijas. Cavanna eligió hablar de paciencia y gestión de las frustraciones: les diría que aprendan a gestionar los momentos difíciles y que confíen en que las cosas buenas pueden llegar, aunque a veces tarden.
Beder coincidió con esa mirada, pero sumó una enseñanza que considera fundamental: aprender a ser un buen amigo. “Las cosas pasan, tardan porque la vida es larga. Es algo que fui aprendiendo con el tiempo. Las cosas suceden, pero hay que buscarlas”, explicó. Y agregó que la amistad es un valor que quiere inculcarle a Olivia.
La amistad, el amor y la persona que cada uno quiere ser
En el tramo más íntimo de la charla, Cavanna definió la amistad como uno de los vínculos más importantes que una persona puede construir. “De mi manera de ver la vida, la amistad es el vínculo más importante que uno genera en la vida. La paternidad es otra cosa y con el amigo es la elección”, sostuvo.
La idea conecta con el recorrido que hicieron juntos: una relación que empezó entre compañeros de trabajo y que, con el paso de los años, se convirtió en un espacio de confianza, complicidad y acompañamiento.

Beder, por su parte, contó que el amor fue ganando lugar en su vida con el paso del tiempo. “Ahora estoy entregado y ocupa un lugar muy importante”, reconoció.
Antes de terminar, cada uno tuvo que definirse a sí mismo a través de la mirada del otro. Cavanna describió a su amigo como alguien “un poquito quejosito, un poquito conflictivito, un poquitito introspectivo”, aunque enseguida destacó sus intenciones de ser una buena persona, un buen compañero y alguien capaz de escuchar a quienes tiene cerca.
Pero hubo una cualidad que Beder eligió por encima de todas las demás: “De todo lo que te dije, lo único que me importa es ser buen padre”.



















































