“Me encanta que pase el tiempo porque significa que estoy vivo”, dice Agustín “Rada” Aristarán. La frase aparece mientras habla de Bianca, su hija, pero termina condensando buena parte de la charla. Porque si hubo un tiempo en el que la idea de que los años avanzaran le pesaba, hoy el actor y humorista parece haber hecho las paces con aquello que no puede controlar.
“Antes me pesaba esto de no querer que pase el tiempo, hasta que me di cuenta de que es inevitable, no hay forma de frenarlo”, admite. Y a los 40 —“la mejor edad de la humanidad”, según su propia definición— asegura estar disfrutando de todo lo que ocurre a su alrededor.

Algo de esa calma también se percibe durante la producción exclusiva con GENTE. Rada llega acompañado por su equipo de prensa e imagen y rápidamente se entrega a la dinámica de la sesión. Mira los looks, escucha las propuestas de su estilista, opina y se deja aconsejar.
Se lo ve tranquilo, aunque carburando constantemente. El celular permanece cerca: contesta mensajes, revisa cuestiones laborales y, mientras lo maquillan, discute su apretada agenda con su equipo. La escena funciona casi como una fotografía del presente demoledor que atraviesa Agustín Aristarán: ocupa el prime time de El Trece junto a Mario Pergolini en Otro día perdido y, al mismo tiempo, permanece activo en la emblemática Calle Corrientes, ahora con Chanta, uno de sus éxitos teatrales que acaba de reestrenar.

Sin embargo, en medio de una agenda que parece obligarlo a pensar permanentemente en lo próximo, Rada intenta ejercitar exactamente lo contrario. “Para mí, la base de la felicidad es estar presente en el momento presente y disfrutando lo que está pasando”, sostiene. Lo anterior, dice, ya lo construyó y lo modificó; sobre lo que vendrá reconoce no tener certezas. Por eso, incluso en uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, elige una idea mucho más sencilla para explicar dónde quiere estar: “Me quedo acá, en lo que está pasando ahora”.
Rada y su mirada sobre el paso del tiempo: “La base de la felicidad es estar presente”
Tras su impecable protagónico en el musical Charlie y la fábrica de chocolate, Rada reafirma su vigencia en la emblemática Calle Corrientes con el rotundo éxito de su unipersonal Chanta. En esta propuesta, el artista despliega su faceta actoral más oscura y desafiante a través de un relato estructurado de forma cronológicamente inversa.
La obra propone un salto en el tiempo continuo, un análisis retrospectivo e irreverente que arranca desde el momento de la muerte del protagonista para desandar sus pasos a través de ocho etapas distintas de su vida. Este viaje hacia el pasado no solo expone las contradicciones humanas y la hipocresía social a medida que el reloj retrocede, sino que se convierte en una profunda y cínica radiografía sobre el paso del tiempo y la finitud.

—La estructura de Chanta nos propone un espejo invertido muy fuerte: ver a tu personaje desandar sus pasos desde el día de su muerte. Mirándote en ese espejo, ¿cómo te pega a vos el paso del tiempo en la vida real?
—Hace un tiempo atrás me pesaba esto de no querer que pase el tiempo, hasta que me di cuenta de que es inevitable, no hay forma de frenarlo. Está pasando el tiempo ahora mismo y dentro de un rato va a seguir pasando, y seguirá pasando esté yo o no esté yo, haciendo Chanta o haciendo lo que esté haciendo. Entonces, lo que queda con el paso del tiempo es una cosa bastante trillada, pero que para mí es la base de la felicidad: estar presente en el momento presente y disfrutando lo que está pasando en este momento. Lo que ya pasó, ya pasó. Me construyó, me hizo, me constituyó, me modificó, y lo que viene no tengo ni p*** idea de lo que va a pasar. Así que me quedo acá, en lo que está pasando ahora.
—¿La crisis de los 40 la padeciste?
—Cero. La mejor edad de la humanidad: los 40. La estoy pasando bárbaro. Me parece una gran edad, donde todavía soy joven, donde tengo mucha más experiencia y donde pasa de todo. Así que aconsejo todo el tiempo llegar a los 40.
—Retomando esto del paso de los años y de envejecer, ¿qué miedos te aparecen, por ejemplo, en lo familiar?
—El miedo que tienen todos: que falte alguien que querés mucho. Es un miedo universal, pero también, en el mismo camino, intento no estar en ese lugar de pensar en lo que va a pasar, porque lo que va a pasar no lo sabe nadie, nadie, nadie. No hay manera de saberlo. Ni el mejor mago del mundo lo sabe. ¿Qué va a pasar? No hay manera. Así que tengo la suerte de que todo mi alrededor está bien, están con salud y estamos en contacto.
—¿Qué sentís que te falta por hacer?
—Todo, absolutamente todo. Siento que estoy arrancando, que estoy investigando, que estoy aprendiendo y que ojalá siempre me quede todo por hacer.
Siento que estoy en la mejor edad de la humanidad: los 40".

—¿Podés afirmar que estás en uno de tus mejores años?
—Sí. El año pasado también, el anterior también, el anterior también. Y así, desde que hacía fiestas infantiles, siempre me sentí en el mejor momento. Y no es una postura optimista para dar un mensaje al mundo, sentirte en tu mejor momento. No. Yo siento que estoy en mi mejor momento, pero el año pasado, si me preguntabas, también me sentía así, y así todo para atrás. Siempre me dediqué a lo que me gusta hacer. En eso soy muy privilegiado. Viví de lo que me gusta siempre y me hace sentir en un momentazo. Pero ojalá que este no sea mi mejor momento.
—Decís que todavía te queda mucho por hacer. ¿Hay algo que tengas especialmente ganas de hacer y que todavía no hayas explorado?
—Si me pongo a pensar, el drama en audiovisual es algo que quiero hacer y que pronto lo voy a hacer con una peli. Si hice un poquito de drama con El Reino, Cris Miró, pero sí me gustaría incursionar un poco más por ahí, por el lugar no conocido, por lo menos que no conoce el público y que no conozco tanto yo, del lado de la actuación dramática.
—¿Pensás alguna vez en cuál es tu propósito respecto de la sociedad?
—Ni a patadas en el c***. Qué voy a tener un propósito... Si me tengo que poner a pensar que yo tengo un propósito para con la sociedad, tengo que cerrar el negocio. Metafóricamente hablando. Porque me pondría a mí en un lugar de servicio a la comunidad, y yo no doy un servicio a la comunidad. Que a la gente le haga bien, que se ría, que se distraiga, que compre una entrada para pasar un momento lindo, que consuma un contenido o una película, una serie en la que yo estoy o que mire el programa de tele, eso ya es responsabilidad del espectador. Si yo me pongo en ese lugar, estoy perdido.
—¿Qué te gustaría dejarle a tu hija? En redes se ve que tienen un vínculo muy cercano.
—Dejarle... plata, para que no tenga quilombo (risas). Creo que se lo vengo dejando y diciendo desde que existe Bianca: que haga lo que quiera, que se divierta, que la pase bien y que no busque objetivos, sino que busque procesos y caminos. Cuando hablo de esto me refiero a la palabra de llegar a algún lugar o algo. No hay que llegar nunca a ningún lugar, hay que estar pateándola, y el camino también uno mismo se encarga de trazarlo e ir encontrando cosas increíbles. Eso, que no pierda tiempo en buscar algo, que patee.
El costado más personal de Rada: la paternidad, los vínculos y el paso del tiempo
La charla con GENTE fue profunda, atravesada inevitablemente por el tiempo y también por los vínculos que acompañan a Rada en esta etapa de su vida. Y es al hablar de Bianca, su hija de 20 años, cuando esa reflexión adquiere una dimensión todavía más íntima.
“Es hermoso verla crecer y también es un poco doloroso, no te puedo mentir”, reconoce sobre una paternidad que hoy lo enfrenta a una nueva realidad: aquella nena a la que siente que “hace diez minutos” llevaba al jardín ya es una mujer, con su propia carrera, su pareja y sus inquietudes. “Los hijos te muestran el paso del tiempo”, resume.

—Me gustaría entrar un poco más en tu vida fuera de cámara y retomar algo de lo que hablábamos sobre el paso del tiempo. Tu hija está siguiendo su propio camino dentro del mundo del espectáculo y del arte. Como papá y siendo vos un artista con una carrera consolidada, ¿cómo la ves a Bianca, con 20 años, iniciando su propio recorrido? ¿Te lleva a recordar cómo eras vos cuando empezaste?
—Sí, la veo muy bien. Yo soy muy fan de mi hija y de todo lo que hace. A veces me dicen mucho: “Está siguiendo tus pasos”. Pero, por suerte, no está siguiendo mis pasos para nada. Está haciendo su propio camino y está buscando su forma. De hecho, ella está estudiando en la universidad; yo no tengo una formación académica. Ella está estudiando la Licenciatura en Arte Dramático, tiene otras inquietudes, nació en otra era. Tiene su propia búsqueda, sus propios intereses, y eso a mí me pone muy contento. Me preocuparía que siguiera mis pasos.
—¿Por qué?
—No quisiera que siguiera mis pasos. No porque mis pasos hayan sido chotos o feos, nada, todo lo contrario, sino porque quiero que busque su propio camino. Y, por supuesto, yo estoy al lado, estirando la mano para cuando la necesite. La ayudo, obvio; la aconsejo en la medida en que ella lo quiere, pero me copa que sea bien diferente lo que está haciendo. Obviamente, estamos en la misma línea. Los dos nos queremos subir al escenario, actuar frente a una cámara y demás, pero es otra búsqueda y me encanta.
—Ya tuvieron la posibilidad de trabajar juntos. ¿Cómo fueron esas experiencias compartidas?
—Sí, hicimos Matilda juntos con Bianca y varias cositas.
—También incursionó en la producción y en el detrás de cámara...
—Sí, a ella le gusta mucho el armado, el detrás de cámara también. Tiene su blog en YouTube, tiene un podcast que le va muy bien ahora, aunque lo abandonó un poco. Está asociada con una marca de ropa independiente con la que están haciendo muchas cosas acá, en Barcelona, en Nueva York. O sea, Bianca está con mucha data y me parece genial. Me encanta. Aparte, ella me aconseja muchísimo. Gran parte de mi estética está curada por Bianca. Desde muy chica tiene como un ojo estético muy claro.
Tuve una crisis al darme cuenta de que mi hija ya es una mujer”

—¿Y cómo es trabajar con tu hija? ¿Lográs separar el rol de papá de lo profesional?
—Me olvido de que soy el papá. Cuando estamos laburando, estamos laburando. Y tenemos una relación maravillosa, que es la soñada. Si alguna vez me imaginé tener una hija y tener una buena relación, esto lo supera por completo. Entonces, cuando estamos laburando es lo mismo. O sea, no hay una cosa de escalafón, jefe, empleada.
—Los dos tienen sus trabajos y sus propios tiempos. ¿Bianca sigue viviendo con vos o ya se independizó?
—Sí, vive conmigo y con la mamá. Siempre fue así. Con la mamá nos separamos hace muchos años y Bianca vivió mitad y mitad. Ahora, por supuesto, Bianca es una mina grande, con auto, que va y viene, y a veces le tengo que decir: “Che, venite un día acá, no seas chota”. Y lo mismo le dice la mamá. A veces se queda más días en mi casa, otros días... Pero la verdad es que estamos mucho juntos. Bianca es muy familiera. Le copa estar tanto con la mamá, con sus hermanitos y el marido de la mamá, como conmigo, con Fer.
—En ese contexto, ¿llegaste a sentir algo parecido al famoso “nido vacío” al verla crecer y ganar independencia?
—La verdad que, al tener esta dinámica compartida de convivencia no se siente tanto, pero, hace un tiempo atrás me di cuenta: “Uy, mi hija no me necesita más”. Por supuesto que me necesita por el afecto, pero es una mina grande, Bianca. Hace poco tuve como una pequeña crisis con eso, de decir: “Uy, la p*** madre, mi hija es una mina grande”. Y todo lo lindo, todo lo estrujable del corazón que tiene también. La vi grande, independiente, y por suerte lo es así: libre. No está atada a sus padres. Bianca es una mujer. Tiene su novio, su carrera, sus inquietudes y demás. Por supuesto, sigue dependiendo de sus papás emocional y económicamente. Emocionalmente, toda la vida uno tiene un lazo muy fuerte con sus padres. Pero ahora es una piba independiente.
—¿Te moviliza verla crecer y darte cuenta de que aquella nena hoy ya es una mujer?
—Claro, sí, es una locura. Hace diez minutos a Bianca la estaba llevando al jardín. Es hermoso verla crecer y también es un poco doloroso, no te puedo mentir, porque los hijos, volviendo a hablar del tiempo, te muestran el paso del tiempo. Hasta que Bianca no existía, no me iba contando los años, pero cuando Bianca empezó a vivir, empezó la primera salita, la terminó, terminó el jardín, empezó la escuela, terminó la escuela... Es reloco todo eso porque ahí vas cuantificando el tiempo que pasa. No me enrosco con eso porque me encanta que pase el tiempo, porque significa que estoy vivo.
No quiero estar en mi mejor momento: me gusta pensar que el mejor está por venir”

—¿Te imaginás siendo abuelo algún día? No como una forma de apurarla, sino pensando en esa posibilidad para tu vida.
—No, ni en pedo. Eso lo va a decidir ella, es un tema de Bianca. Si quiere tener hijos o no, que yo me transforme en abuelo es secundario. Porque, si no, también es una presión bravísima que ponen los padres con sus hijos de: “Ay, quiero ser abuelo”. No, ese es un quilombo tuyo. En todo caso, primero tendría que ver si Bianca quiere ser madre en algún momento.
—Más allá del trabajo, ¿hay algo más que compartan apasionadamente juntos?
—Bueno, tenemos nuestro plan de patear el mundo con Bianca desde que era muy chiquita y lo vamos haciendo. Japón, Asia son lugares que nos encantan y ya fuimos varias veces. A veces Fer (Metilli) se acopla a estos viajes o a veces yo hago viajes solo con Fer, y así. Porque me gusta mucho viajar. Trabajo mucho también para poder viajar y poder darme esos gustos, que es conocer lugares del mundo.
—Agustín, estás viviendo un presente demoledor: en el prime de El Trece con Otro día perdido junto a Mario Pergolini, reestrenaste Chanta en la emblemática Calle Corrientes... Y del otro lado, Fer (Metilli) también es una máquina que no para con sus propios proyectos artísticos. Con este ritmo frenético, ¿Cómo estás en el plano amoroso hoy?
—En un plano hermoso. Tenemos una relación hermosa con Fer, de mucho entendimiento, con algunas crisis, por supuesto. Los dos tenemos una vida muy al palo, lo que hace que no nos veamos mucho. Los dos no convivimos, entonces, también tiene un poco eso de estar un poco alejados, pero estamos súper bien, estamos en un gran momento. Nos acompañamos mucho, nos cuidamos mucho, nos aconsejamos mucho, nos retamos mucho, todo mucho, y es hermoso que esté todo eso.
—¿Cómo describirías tu presente?
—Un presente hermoso, soñado, pero como fue el presente pasado y el anterior. Siempre digo lo mismo. Cuando me dicen: “¿Estás en tu mejor momento?”, yo corrijo. Digo: “No, estoy en un hermosísimo momento”. Si te dijera que este es el mejor, sería injusto con el que pasó, porque también yo sentía que estaba en el mejor. Entonces, decido responder que el mejor momento está por venir, porque no quiero estar en el mejor momento, porque quiere decir que, si estoy en el mejor, empieza a caer. Estoy en un grandísimo momento y siempre me siento en el mejor momento. Hermosísimo presente, agradecido. Trabajo mucho para tener este presente y trabajé mucho, pero lo vengo haciendo hace muchos años. Entonces, también el anterior estuvo buenísimo, y el otro, y el otro. Y cuando hacía fiestas infantiles o eventos por todos lados, también sentía que estaba en un hermoso presente.
—Hoy se habla mucho de “manifestar” aquello que uno desea. ¿Vos te imaginabas llegando a esta etapa de tu vida con esta carrera o siempre te dejaste sorprender por lo que iba apareciendo?
—Sí, lo ideé, lo pensé y lo pienso mucho: adónde quiero estar. Pero sin olvidarme de lo que está pasando, porque si yo hoy, ahora, estoy pensando en lo que quiero hacer dentro de unos años, me estoy olvidando de todo esto que está pasando. Por supuesto que soñé mucho y sueño mucho, y me copa mucho esto de imaginarme estando en lugares súper grandes que, por supuesto, cuando llego a esos lugares me sorprenden. Si bien lo soñaba o pensaba, por sobre todas las cosas, trabajé mucho y trabajo mucho para que suceda. Los sueños son maravillosos, pero no valen de nada si no los ponés en práctica y no te ponés a laburar. Es como las ideas. Las ideas no sirven de nada si no las hacés. Creo que es parte de lo mismo. Un sueño es una idea que vos tenés de adónde querés llegar, pero soñarlo y quedarme en mi casa contemplando y manifestando no sirve de nada si no me pongo a procurar en eso.
Fotos y filmmaker: Ramiro Palais
Producción Integral y Dir. Creativa: Sebastián Vaca Mur
Retoque y diseño de tapa: Roshi Solano
Maquilló y peinó: @ernie_ba
Estilismo: Jochi del Campo
Rada vistió: Lacoste, Sazkat, Burgues y Febo
Locación: @casaginarg
Agradecemos por el catering: Al Diablo Café (@aldiablo.coffeeroasters) coordinado by NETT AGENCY (@nettagency)
Agradecemos el PR a la agencia Soy Prensa






















































